SOBRE EL FIN DE LOS TIEMPOS Y NUESTRO DEBER – ACERCA DEL P. EMMANUEL

SOBRE EL FIN DE LOS TIEMPOS Y NUESTRO DEBER

Parusía

El Padre Emmanuel recibió una consulta de una religiosa que le solicitaba explicaciones y le pedía consejos sobre cómo comportarse en el tiempo y en la hora presente.

Respondió con dos cartas, escritas en junio y diciembre de 1880, las cuales no sólo no han perdido actualidad, sino que son muy oportunas 129 años más tarde.

Leamos estos sabios consejos como si estuviesen dirigidos a nosotros.

En junio de 1880, escribió:

“Atenta, como conviene, a la situación de la Iglesia en general y de las congregaciones religiosas en particular, usted me pide que les enseñe la virtud cristiana necesaria para enfrentar las dificultades de los tiempos que vivimos. Tenga en cuenta, ante todo que Nuestro Señor nos ha prevenido sobre los males que nos amenazan.

Estamos, pues, advertidos, y nada tendría que sorprendernos. Por lo tanto, si algo nos sorprende, esto se debería, sea a una falta de Fe, sea a una falta de atención a la Palabra de Dios.

Nuestro Señor nos ha anunciado los males que debemos padecer en general, y he aquí que la Santísima Virgen María nos ha advertido sobre los males en particular que nos esperan en el tiempo presente”.

Prestemos atención: el Padre Emmanuel se refiere al mensaje de Nuestra Señora de la Salette y no conoció las advertencias ni el secreto de Nuestra Señora de Fátima…

El Padre continua, aclarando las causas de los males anunciados:

“Hemos pecado y, en su justicia misericordiosa, Dios nos quiere castigar en el tiempo a fin de no tener que castigarnos en la eternidad.

En los castigos que nos amenazan, habrá una parte para los culpables y una parte para los inocentes. El mal será para unos un justo castigo y para otros un acrecentamiento de méritos”.

A continuación nos ilustra sobre cómo debemos reaccionar ante esos males:

“Debemos penetrar en la inteligencia de los designios divinos sobre nosotros; adorar en todas las cosas su conducta, a la vez justa y misericordiosa. Debemos conducirnos en todo como católicos decididos y fieles. Y luego no nos queda otra cosa por hacer que permanecer en paz hasta que la justicia de Dios y la injusticia de los hombres hayan pasado”.

Las palabras que siguen tienen capital importancia y deben ser meditadas y puestas en práctica con fidelidad:

“El estado al cual la exhorto e invito es el de la resignación cristiana. Esta resignación no tiene nada en común con la actitud confitada de los estoicos respecto del dolor; antes bien, es un concurso sumiso a la ejecución de los designios de Dios, conocidos o desconocidos”.

Ahora proporciona los medios:

“Para entrar con mayor seguridad en dicho estado, le imparto una instrucción y una oración. La instrucción usted la encuentra en el santo Evangelio. Se trata del conocido pasaje evangélico en que Jesús duerme en la barca de Pedro, mientras las olas amenazan con hacer naufragar la débil embarcación.

Jesús duerme hoy como en aquella ocasión. Las olas cubren la barca. Muchos la dan por perdida. Entre los mismos pasajeros se encuentra quienes dicen: “¡Naufragamos!”

Si Jesús despertara, les diría: “Hombres de poca fe, ¿por qué teméis?”. Y luego se levantaría, imperaría a los vientos y a las aguas, y se haría una gran bonanza.

Y la calma duraría el tiempo que sólo Dios conoce; y una nueva tempestad llegaría… y así desde hace 18 siglos [20, ya]. Y así será igualmente hasta que la barca llegue al puerto [hasta que llegue una última borrasca, sin precedentes y sin que otra alguna la suceda].

Entonces, Jesús se despertará de su último sueño para no dormir ya más; se levantará, [vendrá por segunda y definitiva vez], dirá una palabra y se hará una gran calma; que será la del juicio final, y se hará la paz de la eternidad.

Mientras esperamos esta hora bienaventurada, velemos y oremos.

Le voy a enseñar una oración tomada de un tesoro escondido; es una perla preciosa que encontramos en la antigua ceremonia del Sábado Santo, justamente mientras Jesús duerme en el sepulcro, como en la hora presente.

Después de leer la historia del Diluvio (una historia parecida a la del pasaje evangélico que hemos evocado y semejante a la hora que nos toca vivir), la santa Iglesia, por medio de su Liturgia, dirige a Dios esta oración.

Leed bien; es lo sublime de la fe, de la esperanza y del confiado abandono en la Providencia divina:

¡Oh Dios!, fuerza inmutable y luz eterna, mira en tu misericordia el misterio admirable de tu Iglesia, y lleva a cabo muy tranquilamente la obra de la salvación de los hombres. Y que el mundo entero compruebe y vea:

♦ Las cosas derribadas, restablecidas en su perfecto orden

♦ Las cosas envejecidas, rejuvenecidas y renovadas

♦ Y todas las cosas retornar a su integridad primitiva por Aquel de quien recibieron comienzo, Nuestro Señor Jesucristo.

Destaque que la Iglesia pide a Dios que realice nuestra salvación muy tranquilamente.

Todas las agitaciones de este mundo apenas son dignas de la atención de Dios, y, en todo caso, no turban la paz divina en la cual El parece dormir.

Dios lleva a cabo nuestra salvación, muy tranquilamente, ejecutando sus designios divinos, eternos e inmutables.

Destaque, además, cómo la humanidad derribada en Adán, trastocada en la vetustez en que la vemos, será restablecida, restaurada, rejuvenecida por Aquel mismo que es su Creador y Salvador.

El viejo hombre, la vieja civilización, deben ser destruidos… y serán aniquilados… pero el nuevo hombre renacerá, todo volverá a su integridad primitiva… y se hará una gran calma, la paz bienaventurada y eterna”.

En la otra carta, en diciembre de 1880, el Padre escribió:

“Muchas veces usted habrá escuchado que se dice que “un día sigue a otro día sin que se parezcan”; pues bien, yo le digo que “muchas veces las horas se parecen sin que se sigan”. Un cierto día, a una cierta hora, las tinieblas reinaban sobre la tierra, y hombres de tinieblas llevaban a cabo obras de tinieblas… Nuestro Señor les dijo: “Esta es vuestra hora, la hora del poder de las tinieblas”.

Aquella hora pasó hace ya muchos siglos y, sin embargo, la hora presente tiene con ella muchas semejanzas.

Aquella fue la hora de la traición, esta es la hora de la mentira.

La hora presente es la hora en que la fe se calla. Cuando la palabra pertenece a la mentira, la verdad permanece en silencio.

La hora presente tendría necesidad de escuchar y de comprender la palabra de Nuestro Señor: “¡Velad y orad!”

¡Velad!” Cuando Nuestro Señor pronunció esta divina palabra, los apóstoles dormían… ¡Cuántos sobre este punto se asemejan hoy a los apóstoles! La cosa más fácil y menos comprometedora hoy parecería ser la de dormir”.

[No podemos evadirnos de nuestra responsabilidad ante la realidad concreta que nos toca enfrentar. Debemos velar, sin compromisos con el error y el mal].

“Puede ser que usted me pregunte: “¿Qué hace, mientras tanto Nuestra Señora de la Santa Esperanza?”

Yo le respondo: en la hora presente, Ella relee se historia en un viejo libro, el libro de Job.

Allí leemos estas palabras: “Lámpara despreciada por los ricos, preparada para el tiempo establecido” (12: 5)

“Lámpara” Nada más necesario en las horas de tinieblas. Demos gracias a Dios que nos ha proporcionado una lámpara para las horas trágicas que atravesamos.

“Lámpara despreciada” No tenida en cuenta, desconocida.

“Despreciada por los ricos” Incluso hay algunos que no se atreven a pronunciar su Nombre.

“Preparada” Ella espera… aguarda la hora marcada.

“Preparada para el tiempo establecido” Ese tiempo no es este tiempo, aquella hora no es esta hora.

Esta hora pasará, y aquella hora llegará.

Debemos tener paciencia respecto de esta hora presente, y tenemos que obtener esperanza para aquella otra futura, que no tardará en llegar.

Seamos, más que nunca, fieles hijos de Nuestra Señora de la Santa Esperanza”.

A palabras tan profundas, sabias, iluminadoras, consolantes, fortificantes… agrego ahora algunos párrafos de un texto capital sobre el Fin de los Tiempos del mismo Padre Emmanuel, escrito entre los años 1883-1885.

Monseñor Marcel Lefebvre escribió un prefacio con miras a su publicación. De dicho prefacio subrayo y retengo:

“Las páginas que siguen, escritas por el Reverendo Padre Emmanuel tienen cien años, él las redacto en 1884-1885. La lectura de estas páginas sobre la Iglesia entusiasma, se siente en ellas el soplo del Espíritu Santo. Algunas de ellas, incluso, son proféticas: cuando describe la Pasión de la Iglesia.

Ese año de 1884 es también el año en que León XIII redactó su exorcismo por intercesión de San Miguel Arcángel, que anuncia la iniquidad en la sede de Pedro.

Algunos años antes el Papa Pío IX hacia publicar las Actas de la secta masónica de la Alta Venta, que son verdaderas profecías diabólicas para nuestro tiempo.

El Reverendo Padre da precisiones sorprendentes sobre el indiferentismo religioso, que corresponde exactamente a la herejía ecuménica de nuestros días. ¿¡Qué habría dicho y escrito si hubiese vivido en nuestra época!?

Por sus escritos nos alienta a permanecer firmes en la fe de la Iglesia Católica, y a rechazar los compromisos que menoscaban su liturgia, su doctrina y su moral”.

Vengamos ahora al Padre Emmanuel, que escribió lo que sigue:

“Dios ha querido que los destinos de la Iglesia de su Hijo único fuesen trazados de antemano en las Escrituras, como lo habían sido los de su Hijo mismo; por eso, en ellas buscaremos los documentos de nuestro trabajo. La Iglesia, como debe ser semejante en todo a Nuestro Señor, sufrirá, antes del fin del mundo, una prueba suprema que será una verdadera Pasión.

Los detalles de esta Pasión, en la cual la Iglesia manifestará toda la inmensidad de su amor por su divino Esposo, son los que se encuentran consignados en los escritos inspirados del Antiguo Testamento y del Nuevo. Los haremos pasar ante los ojos de nuestros lectores.

No tenemos intención de espantar a nadie al abordar semejante tema. Diríamos más, nos parece desgranar, juntamente con las grandes enseñanzas, grandes consuelos.

Ciertamente es un espectáculo triste ver cómo la humanidad, seducida y enloquecida por el espíritu del mal, trata de ahogar y de aniquilar a la Iglesia, su madre y su tutora divina. Pero de este espectáculo sale una luz que nos muestra toda la historia en su verdadera luz.

El hombre se agita sobre la tierra; pero es conducido por fuerzas que no son de la tierra.

En la superficie de la historia, el ojo capta trastornos de imperios, civilizaciones que se hacen y que se deshacen.

Por debajo, la fe nos hace seguir el gran antagonismo entre Satán y Nuestro Señor; ella nos hace asistir a las astucias y a las violencias de que se vale el Espíritu inmundo, para entrar en la casa de la que Jesucristo lo expulsó.

Al fin volverá a entrar en ella, y querrá eliminar de ella a Nuestro Señor. Entonces se rasgarán los velos, lo sobrenatural se manifestará por todas partes; no habrá ya política propiamente dicha, sino que se desarrollará un drama exclusivamente religioso, que abarcará a todo el universo.

Podemos preguntarnos por qué los escritores sagrados han descrito tan minuciosamente las peripecias de este drama, cuando sólo ocupará algunos pocos años. Es que será la conclusión de toda la historia de la Iglesia y del género humano; es que hará resaltar, con un brillo supremo, el carácter divino de la Iglesia.

Por otra parte, todas estas profecías tienen el fin incontestable de fortalecer el alma de los fieles creyentes en los días de la gran prueba.

Todas las sacudidas, todos los miedos, todas las seducciones que entonces los asaltarán (puesto que han sido predichos con tanta exactitud), formarán entonces otros tantos argumentos en favor de la fe combatida y proscrita.

La fe se afianzará en ellos, precisamente por medio de lo que debería destruirla.

Pero nosotros mismos tenemos que sacar abundantes frutos de la consideración de estos acontecimientos extraños y temibles.

Después de haber hablado de ellos, Nuestro Señor dijo a sus discípulos: “Velad, pues, orando en todo tiempo, a fin de merecer el evitar todos estos males venideros, y manteneros en pie ante el Hijo del hombre” (Lc. 2: 36).

Llegó la hora de la noche, la hora del poder de las tinieblas: velad para que vuestra lámpara no se apague, orad para que el torpor y el sueño no os venzan.

Más bien levantad vuestras cabezas al cielo; porque la hora de la redención se acerca, porque las primeras luces del alba clarean ya las tinieblas de la noche (Lc. 21: 28).

Después de haber hablado de las enseñanzas, digamos algunas palabras de los consuelos.

Jamás se habrá visto al mal tan desencadenado, y, al mismo tiempo, más contenido en la mano de Dios.

La Iglesia, como Nuestro Señor, será entregada sin defensa a los verdugos, que la crucificarán en todos sus miembros; pero no se les permitirá romperle los huesos, que son los elegidos, como tampoco se les permitió romper los del Cordero Pascual extendido sobre la Cruz.

La prueba será limitada, abreviada, por causa de los elegidos; y los elegidos se salvarán; y los elegidos serán todos los verdaderos humildes.

Finalmente, la prueba concluirá por un triunfo inaudito de la Iglesia, comparable a una resurrección.

En esos tiempos, e incluso en los preludios de la crisis suprema, la Iglesia verá cómo se convierten los restos de las naciones.

Pero su consuelo más vivo será el retorno de los judíos. Los judíos se convertirán, ya antes, ya durante el triunfo de la Iglesia; y San Pablo, que anuncia este gran acontecimiento, no puede aguantarse de alegría al contemplar sus consecuencias.

El tema del fin del mundo ha sido agitado desde el comienzo de la Iglesia.

San Pablo había dado sobre este punto preciosas enseñanzas a los cristianos de Tesalónica; y como, a pesar de sus instrucciones orales, los espíritus seguían inquietos por causa de predicciones y rumores sin fundamento, les dirige una carta muy grave para calmar esas inquietudes:

“Os rogamos, hermanos, por lo que atañe al advenimiento de Nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con El, que no os dejéis tan pronto impresionar abandonando vuestro sentir; ni os alarméis, ni por visiones, ni por ciertos discursos, ni por cartas que se suponen enviadas por nosotros, como que sea inminente el día del Señor.

Que nadie os engañe de ninguna manera; porque antes ha de venir la apostasía, y se ha de manifestar el hombre del pecado, el hijo de la perdición…

¿No recordáis que, estando todavía con vosotros, os decía yo esto?

Y ahora ya sabéis lo que le detiene, con el objeto de que no se manifieste sino a su tiempo.

Porque el misterio de iniquidad esta ya en acción; sólo falta que el que lo detiene ahora desaparezca de en medio” (II Tes. 2: 1-7).

Así, el fin del mundo no llegará sin que antes se revele un hombre espantosamente malvado e impío, que San Pablo califica llamándolo el hombre del pecado, el hijo de la perdición.

Y éste, a su vez, no se manifestará sino después de una apostasía general, y después de la desaparición de un obstáculo providencial sobre el que el Apóstol había instruido de viva voz a sus fieles.

¿De qué apostasía quiere hablar San Pablo? No se trata de una defección parcial; porque dice, de manera absoluta, la apostasía.

No se lo puede entender, por desgracia, sino de la apostasía en masa de las sociedades cristianas, que social y civilmente renegarán de su bautismo; de la defección de estas naciones que Jesucristo, según la enérgica expresión de San Pablo, había hecho con-corporales a su Iglesia (Ef. 3: 6).

Sólo esta apostasía hará posible la manifestación y la dominación del enemigo personal de Jesucristo, en una palabra, del Anticristo.

Nuestro Señor dijo: “Cuando viniere el Hijo del hombre, ¿os parece que hallará fe sobre la tierra?” (Lc. 18: 8). El divino Maestro veía declinar la fe en el mundo llegado a su vejez.

No es que los vientos del siglo puedan hacer vacilar esta llama inextinguible, sino que las sociedades, ebrias por el bienestar material, la rechazarán como importuna.

El docto Estío, al estudiar el texto del Apóstol, dice que esta apostasía comenzó con Lutero y con Calvino. Es el punto de partida. Desde entonces ha recorrido un camino espantoso.

Hoy esta apostasía tiende a consumarse. Toma el nombre de Revolución, que es la insurrección del hombre contra Dios y su Cristo. Tiene por fórmula el laicismo, que es la eliminación de Dios y de su Cristo.

El Apóstol habla, en términos enigmáticos para nosotros, de un obstáculo que se opone a la aparición del hombre de pecado: “Solo falta que el que lo detiene ahora, dice, desaparezca de en medio”.

Por este obstáculo que detiene, los más antiguos Padres griegos y latinos entendieron casi unánimemente el Imperio Romano. Por consiguiente, explican a San Pablo del siguiente modo: Mientras subsista el Imperio Romano, el Anticristo no aparecerá.

Observemos que San Pablo, al anunciar a los fieles una apostasía, cuando la conversión del mundo apenas estaba esbozada, debió darles una panorámica de todo el futuro de la Iglesia.

Les había hecho saber que las naciones se convertirían, que se formarían sociedades cristianas, y luego que estas sociedades perderían la fe.

Les mostró, sin duda, que el Imperio Romano seria transformado, que un poder cristiano remplazaría al poder pagano, y que la autoridad de los Césares pasaría a manos bautizadas, que se servirían de él para extender el reino de Jesucristo.

Y por eso pudo añadir: Mientras dure este estado de cosas, estad tranquilos, el Anticristo no aparecerá.

Por lo tanto, el sentido del Apóstol, entendido ampliamente, seria el siguiente:

Mientras la dominación del mundo permanezca entre las manos bautizadas de la raza latina, el enemigo de Jesucristo no se manifestará.

Observemos que las razas latinas están destinadas o a ejercer en el mundo una influencia católica, o a abdicar.

Su misión es la de servir a la difusión del Evangelio; y su existencia política está ligada a esta misión.

El día en que renunciasen a ella, par la apostasía completa, serian aniquiladas; y el Anticristo, saliendo probablemente de Oriente, las aplastaría fácilmente con los pies.

(Es tradición de los primeros siglos de la Iglesia que un día el imperio del mundo volverá al Asia).

Entra dentro de lo posible, aunque la apostasía se encuentre muy avanzada, que los cristianos, por un esfuerzo generoso, hagan retroceder a las conductores de la descristianización a ultranza, y obtengan así para la Iglesia días de consuelo y de paz antes de la gran prueba.

Este resultado lo esperamos, no de las hombres, sino de Dios; no tanto de las esfuerzos cuanto de las oraciones.

En este orden de ideas, algunos autores piadosos esperan, después de la crisis presente, un triunfo de la Iglesia, algo así como un domingo de Ramos, en el cual esta Madre será saludada por los clamores de amor de los hijos de Jacob, reunidos a las naciones en la unidad de una misma fe.

Nos asociamos de buena gana a estas esperanzas, que apuntan a un hecho formalmente anunciado por los profetas, y del cual volveremos a hablar más adelante.

Sea lo que fuere, este triunfo, si Dios nos lo concede, no será de larga duración. Los enemigos de la Iglesia, aturdidos por un momento, proseguirán su obra satánica con redoblado odio.

Podemos representarnos el estado de la Iglesia en ese momento, como semejante en todo al estado de Nuestro Señor durante los días que precedieron a su Pasión.

El mundo será puesto enfrente de la verdad: la irradiación divina de la Iglesia brillará ante sus ojos; pero el mundo desviará la cabeza, y dirá: ¡No me interesa!

Este desprecio de la verdad, este abuso de las gracias tendrá como consecuencia la revelación del hombre del pecado.

La humanidad habrá querido a este amo inmundo: ella lo tendrá. Y por él se producirá una seducción de iniquidad, una eficacia de error que castigará a los hombres por haber rechazado y odiado la Verdad.

Al hablar así, no estamos entregándonos a imaginaciones, sino que seguimos al Apóstol.

En efecto, según él, toda seducción de iniquidad obrara sobre los que se pierden por no haber aceptado el amor de la verdad a fin de salvarse. Por eso Dios les enviara una eficacia de error, con que crean a la mentira; para que sean juzgados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (II Tes. 2: 11-12).

Es superfluo intentar precisar la hora en que tendrá lugar el segundo advenimiento de Nuestro Señor. Se trata de un secreto impenetrable para toda criatura.

Sin embargo, este momento supremo, que pondrá término a este mundo de pecado, será precedido de señales portentosas, que fijarán la atención no sólo de los creyentes, sino también de los mismos impíos.

Ante todo, tendrá lugar la persecución del Anticristo.

Cuando San Pablo nos dice que Jesucristo destruirá al impío con el soplo de su boca, y lo aniquilara por el esplendor de su advenimiento, parece incluso que el castigo del Anticristo coincidirá con el advenimiento del Juez supremo.

Sin embargo, no es éste el sentimiento general de los intérpretes.

Se puede explicar el texto de San Pablo diciendo que la destrucción del impío no se consumará sino en el día del juicio final, aunque su muerte haya ocurrido algún tiempo antes.

Por otra parte, los Evangelios insinúan con bastante claridad que habrá un cierto lapso, aunque bastante corto, entre el castigo del monstruo y la consumación de todas las cosas.

En efecto, ¿qué dice Nuestro Señor?

Comienza por describir una tribulación tal, cual no la hubo jamás desde el comienzo del mundo; es la persecución del Anticristo.

Después añade “Luego, después de la tribulación de aquellos días, el sol se entenebrecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las fuerzas de los cielos se tambalearán. Entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo, y se herirán entonces los pechos todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con grande poderío y majestad” (Mt. 24: 29-30).

Estos son los signos que precederán inmediatamente el advenimiento de Jesucristo como Juez. Pero, ¿cómo conciliar con todos estos preludios formidables el carácter repentino e imprevisto que, según otros textos del Evangelio, revestirá este advenimiento?

Un poco más lejos, en efecto, Nuestro Señor nos representa a los hombres de los últimos días del mundo enteramente semejantes a los contemporáneos de Noé, que el Diluvio sorprende comiendo y bebiendo, casándose ellos y casándolas a ellas (Mt. 24: 36-40).

Santo Tomás responde a esta objeción diciendo que todos los trastornos precursores del fin del mundo pueden ser considerados como haciendo cuerpo con el juicio mismo, semejantes a esos crujidos siniestros que no se distinguen del hundimiento que les sigue.

El mismo Santo Tomás da una viva luz sobre los tiempos que transcurrirán entre la muerte del Anticristo y la venida de Jesucristo, cuando dice: “Antes de que empiecen a aparecer las señales del juicio, los impíos se creerán en paz y en seguridad, a saber, después de la muerte del Anticristo, porque no verán acabarse el mundo, como lo habían estimado antes” (Suppl. q. 73, art. 1, ad 1).

Ayudándonos de este pequeño texto, podemos formular las hipótesis más plausibles sobre los últimos tiempos del mundo; y nuestros lectores no dejaran de interesarse, aunque no las reciban sino a titulo de simples conjeturas.

(Aquí es donde el Padre Emmanuel trata del triunfo de la Iglesia de que hace referencia mas arriba).

Hemos dicho, y mantenemos como incontestable, que la muerte del Anticristo será seguida de un triunfo sin igual de la santa Iglesia de Jesucristo.

Seguramente, incluso en este período de triunfo, habrá todavía impíos; pero permítasenos pensar que se esconderán, y que desaparecerán en la inmensidad del gozo público.

Estos hermosos días no durarán, desgraciadamente, sino el tiempo necesario para olvidar los solemnes acontecimientos que los habrán hecho nacer.

Poco a poco se verá cómo la tibieza sucede al fervor; y este paso insensible se hará tanto más rápido, cuanto que la Iglesia no tendrá, por decirlo así, enemigos que combatir.

He aquí cómo un autor estimado, el padre Arminjon, describe el estado en que caerá entonces el mundo:

“La caída del mundo tendrá lugar instantáneamente y de improviso. Será en una época en que el género humano, sumergido en el sueño de la más profunda incuria, estará a mil leguas de pensar en el castigo y en la justicia. La divina misericordia habrá agotado todos sus medios de acción. El Anticristo habrá aparecido. Los hombres dispersados en todas partes habrán sido llamados al conocimiento de la verdad. La Iglesia católica, una última vez, se habrá difundido en la plenitud de su vida y de su fecundidad. Pero todos estos favores señalados y sobreabundantes, todos estos prodigios, se borrarán de nuevo del corazón y de la memoria de los hombres. La humanidad, por un abuso criminal de las gracias, habrá vuelto a su vómito. Volcando todas sus aspiraciones hacia la tierra, se habrá apartado de Dios, hasta el punto de no ver ya el cielo, y de no acordarse mas de sus justos juicios (Dan. 13: 9). La fe se habrá apagado en todos los corazones. Toda carne habrá corrompido su camino. La divina Providencia juzgará que ya no habrá remedio alguno.

Será, dice Jesucristo, como en los tiempos de Noé. Los hombres vivían entonces despreocupados, hacían plantaciones, construían casas suntuosas, se burlaban alegremente del bueno de Noé, que se entregaba al oficio de carpintero y trabajaba noche y día por construir su arca. Se decían: ¡Qué loco, qué visionario! Eso duró hasta el día en que sobrevino el diluvio, y se tragó toda la tierra (Lc. 17: 27).

Así, la catástrofe final se producirá cuando el mundo se creerá en la seguridad más completa; la civilización se encontrará en su apogeo, el dinero abundará en los comercios, jamás los fondos públicos habrán conocido un alza tan grande. Habrá fiestas nacionales, grandes exposiciones; la humanidad, rebosando de una prosperidad material inaudita, dirá como el avaro del Evangelio: «Alma mía, tienes bienes para largos años, bebe, come, diviértete… » Pero de repente, en medio de la noche (porque en las tinieblas, y en esa hora  fatídica de la medianoche en que el Salvador apareció una primera vez en sus anonadamientos, volverá a aparecer en su gloria), los hombres, despertándose sobresaltados, escucharán un gran estrépito y un gran clamor, y se dejará oír una voz que dirá: Dios está aquí, salid a su encuentro (Mt. 25: 6)”

La gran catástrofe será precedida de signos aterradores cuyo conjunto formará un supremo llamado de la divina misericordia. ¡Muy ciego y endurecido será quien resista a él!

¿Cuánto tiempo durarán estas señales? Nadie lo sabe. Lo que la Escritura nos dice, es que los hombres se secarán de espanto. Sucederá con ellos lo que sucedió con los contemporáneos de Noé.

Por lo que mira a los justos, levantarán la cabeza con confianza; y la Cruz, que resplandecerá, los llenará de alegría.

La carrera mortal de la Iglesia habrá concluido.

El mundo esperará, para acabar, a que Ella haya recogido al último de sus elegidos.

En realidad, la confianza más absoluta en los magníficos destinos futuros de la Iglesia no es incompatible de ningún modo con nuestras reflexiones y conjeturas sobre la gravedad de la situación presente.

Por otra parte, al estimar que asistimos a los preludios de la crisis que traerá consigo la aparición del Anticristo en la escena del mundo, nos cuidamos muy bien de querer precisar los tiempos y los momentos; lo que consideraríamos como una temeridad ridícula.

Permítasenos una comparación que explicará todo nuestro pensamiento:

Sucede que un viajero descubre, a un cierto punto de su camino, toda una vasta extensión de un país, limitado en el horizonte por montañas. Ve como se dibujan claramente las líneas de esas montañas lejanas; pero no podría evaluar la distancia que las separa a unas de otras.

Cuando empieza a atravesar esta distancia intermediaria, encuentra barrancos, colinas, ríos; y la meta parece alejarse a medida que se acerca de ella.

Así sucede con nosotros, a nuestro humilde entender, en los tiempos presentes.

Podemos presentir la crisis final, viendo cómo se urde y desarrolla ante nuestros ojos el plan satánico del que será la suprema coronación. Pero, desde el punto en que nos encontramos en el momento actual de esta crisis, ¡cuántas sorpresas nos reserva el futuro!, ¡cuántas restauraciones del bien son siempre posibles!, ¡cuántos progresos del mal, por desgracia, son posibles también!, ¡cuántas alternativas en la lucha!, ¡cuántas compensaciones al lado de las pérdidas!

En esta incertidumbre, dominada por el pensamiento de la Providencia, ¿qué podemos hacer? Velar y orar.

Velar y orar, porque los tiempos son incontestablemente, peligrosos (II Tim. 3: 8); pues hay un peligro grande, en esta época de escándalo, de perder la fe.

Velar y orar, para que la Iglesia realice su obra de luz, a pesar de los hombres de tinieblas.

Velar y orar, para no entrar en tentación.

Velar y orar en todo tiempo para ser hallados dignos de huir de estas cosas que sobrevendrán en el futuro, y de mantenerse de pie en presencia del Hijo del hombre (Lc. 21: 24)”.

Padre Juan Carlos Ceriani

11 comentarios sobre “SOBRE EL FIN DE LOS TIEMPOS Y NUESTRO DEBER – ACERCA DEL P. EMMANUEL

  1. Casi pasa desapercibido, pero en el Secreto de La Sallete, publicado por Stat Veritas (presumiblemente órgano vinculado a la FSSPX en Argentina) y en otros varios sitios supuestamente «tradicionalistas» se mutila una parte esencial del secreto en lo relativo al Anticristo:NACERÁ «DE UNA RELIGIOSA HEBREA, DE UNA FALSA VIRGEN, QUE TENDRÁ COMUNICACIÓN CON LA ANTIGUA SERPIENTE, MAESTRA DE IMPUREZA. SU PADRE SERÁ OBISPO.»

    Stat Veritas, El Cruzado.org y otros sólo consignan:

    «Durante este tiempo nacerá el anticristo… Hará prodigios y no se alimentará sino de impurezas. …»

    ¿Por qué esa mutilación?.

    Ave Maria, Gratia Plena

  2. BUENA PREGUNTA, SR. LOGAN. LOS QUE VIVEN EN LAS TINIEBLAS ABORRECEN LA LUZ PARA QUE EL MUNDO NO VEA QUE SUS OBRAS SON , NO YA MALAS, SINO REMATADAMENTE PERVERSAS, SACRÍLEGAS Y BLASFEMAS, ADEMÁS DE HERÉTICAS Y SABE DIOS CUÁNTAS COSAS MÁS. COMO MUY BIEN DICE , SE MUTILA PORQUE SE SIENTEN DIRECTÍSIMAMENTE ALUDIDOS, NO CABE OTRA EXPLICACIÓN.

  3. Jesucristo ya no es necesario para salvarse.

    Ya no hace falta un Redentor.

    Se ha dejado de creer por completo en el ultimo dia y en la resurreccion de los muertos.

    Cuando termine esta vida YA SERA TARDE para cambiar.

  4. “Ave Maria Purissima”
    – Sine Labe originali concepta –

    Sr. Director, caros Cristianos en la unica y verdadera Fé, saludos en los sagrados corazones de Nuestro Señor JesuCristo, y la Santisima Virgen Maria
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    LOGAN; Salute:
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    La cita textual «que ha sido mutilida» explica en el mejor estilo profético /atendiendo la puntuacion que separa las ideas) 1.- Religiosa Hebrea, RELIGION, viene de relicare guradr, la verdadera religion, es la UNICA, las demás no son Religiones, ERGO, habla de la Verdadera Religion, y HEBREA, que alude precisamente a la continuidad de la «nueva y eterna» CONSTITUCION, esto es, Habla de que la unica religiosa Hebrea, como a de la UNA SANTA CATOLICA Y APOSTOLICA IGLESIA, en primero Término, inmediatamente después, la revelación pasa a Sentenciar, FALSA VIRGEN, esto es, que ya habia fornicado con los reyes del Mundo, (tambien con el lenguaje profético)
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    Ahora bien, muchos piensan que el problema de la «GRAN RAMERA» comienza en en el concilio Vatidillo, sin embargo, ese ya fue una consecuencia, y no una causa, el golpe de estado, ya estaba preparado desde antes, la vuelta a la PIEDRA o Rock and Roll, al través de los rodadores de la piedra, o albañiles (masonetes), representados por los Rolling Stones, ya estaban adentro, ergo, ya ERA UNA FALSA VIRGEN, quien tenia desde antes comunicacion con su angel (como lo sigue teniendo ahora), y el Obispo, es el de Obispos, (precisamente quien resistio la orden de develar el mensaje de Fátima, y convocó al heretico concilio anticristiano II)
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    ¿por que esconderlo? es mas que obvio, a nadie que pretenda hacer creer que va a «Convertir a la Gran Ramera» en doncella Virgen, le conviene que se sepa.
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    La unica posibilidad de que alguien vuelva a ser Virgen, es volviendo a nacer, volviendo a ser creado, ESO ES JUSTO LO QUE ESPERAMOS CON LOS NUEVOS CIELOS, LA NUEVA TIERRA, Y LA RESTAURACION DE TODAS LAS COSAS, POR EL MISMO NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, PARTE CONSUBSTANCIAL DEL PADRE Y DEL ESPIRITU SANTO.
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    SEA PARA SU GLORIA.

  5. GRACIAS P. CERIANI POR ESTE PRECIOSO Y ESCLARECEDOR TEXTO. NECESITAMOS ESTAR PREPARADOS PARA EL DÍA DE LA PRUEBA. DIOS QUIERA QUE SEAMOS CONTADOS ENTRE SUS ELEGIDOS Y QUE NUESTROS NOMBRES FIGUREN INSCRITOS EN EL LIBRO DE LA VIDA DEL CORDERO.

  6. Estimado Logan,

    ¿Dónde se encuentra más precisamente aquella parte mutilada del Secreto de La Salette que dice: NACERÁ “DE UNA RELIGIOSA HEBREA, DE UNA FALSA VIRGEN, QUE TENDRÁ COMUNICACIÓN CON LA ANTIGUA SERPIENTE, MAESTRA DE IMPUREZA. SU PADRE SERÁ OBISPO.”? ¿En qué edición? Pues, la que tengo yo (editada por la revista «Fidelidad a la Sana Iglesia» en su versión en papel obviamente) también el exto está «mutilado».

    Agradezco su respuesta.
    Un cordial saludo,
    in Xto.

  7. Por cierto, no convendría que el sitio Stat Veritas se encuentre entre los enlaces de ésta web, pues, al parecer, se un órgano acuerdista presumiblemente vinculado a la FSSPX.

  8. GABRIEL D´MARIA: HE LEÍDO EL TEXTO NO MUTILADO Y ES TAL Y COMO EL SR. LOGAN DICE. LO QUE NO CONVIENE LO SUPRIMEN Y EN PAZ. LO QUE NO PUEDEN HACER ES ELIMINARLO POR MÁS EMPEÑO QUE PONGAN.

  9. Sr. De María

    LA MUTILACIÓN DEL MENSAJE DE FÁTIMA, OBRA DE JOSEPH RATZINGER

    Como precisamente señala Carmen, nuestra hermana en la Fe, es mucho más que sospechosa la mutilación de algunos párrafos de un mensaje que viene nada menos que de Nuestra Señora de La Sallete. Asimismo sucedió evidentemente con el Secreto de Fátima, como explica el excelente estudio denominado «La Última Batalla del Diablo» http://www.devilsfinalbattle.com/span/contents_spnew.htm

    Respecto al párrafo de Las Sallete sobre la paternidad del Anticristo, llama mucho la atención que varios sitios supuestamente católicos lo alteren -sólo esta frase- (¿?)…

    Ejemplos:

    En «StatVeritas» se elimina todo el párrafo: http://www.statveritas.com.ar/Marianos/Salette-01.htm asimismo en «Cruzada del Rosario» http://www.cruzadadelrosario.org.ar/revista/0702/salette.htm, en «El Cruzado» http://www.elcruzado.org/?q=node/223 y en http://www.corazones.org/maria/salette.htm

    En los sitios: http://advocacionesmarianas.netfirms.com/NS_de_la_Salette.html, y http://www.revelacionesmarianas.com/La_Salette.htm
    se suprime solamente la palabra OBISPO y se sustituye por la abreviatura Ev. «Su padre será Ev.», ¿qué significa ésto?…

    También incluyo algunos sitios donde se presentan las párrafos completos en cuestión, sí presentan dichas frases completas y la paternidad de un OBISPO:

    http://wwwapostoladoeucaristico.blogspot.com/2009/09/profecias-de-nuestra-senora-de-la.html
    http://holywar.org/txt/complot/manueldearbues/lasalette.htm

    Ave Maria, Gratia Plena, Dominus tecum

  10. “Ave Maria Purissima”
    – Sine Labe originali concepta –

    Sr. Director, caros Cristianos en la unica y verdadera Fé, saludos en los sagrados corazones de Nuestro Señor JesuCristo, y la Santisima Virgen Maria

    Lo realmente Trágico, es que los expiscopos, que saben de esa y muchas otras mutilaciones, asi como pueden dilucidar al respecto de la mentira de
    Traicicio-Rat..singer, en relacion a la parte oculta del mensaje de fátima, Hoy rehusan discutir del particular, los de malhareis, dicen que por que no son dogmaticas, los que cantan desde las ramas, prefieren trinar acerca de Tristan, los Felones, convocan a cortinas de humo, y los de Gala, no se apegan ni ala justicia ni a la verdad.
    aqui les dejo una interesante liga de un reportale de la presentación de un libro, que hace el bermudez Mexicano, a un escritor:
    (ambos afectados de modernismo, que empero, TAMBIÉN se dan cuenta)

    SEA PARA GLORIA DE DIOS

  11. hoy en dia en el mundo se preguntan que esta pasando o q esta po pasar aun la verdad quisas lo sepamos o no. por mas religiones que hay en le mundo hay alogunos que se benefician de eso u¡y se aprobechan sabemos q habra un final pero ustedes se han preguntado cual es ese final no lo sabemos solo dion lo sabe otros disen en el 2012 sera el fin del mundo acaso los que lo disen son sabios en esa teoria disen pero lo saben un ser humano no sabe cuando sera el fin del mundo pero sabemos que abre una interbencion divina sotle pregunto cual es su no lo sabe pero nosotros sabemos que tenemos un soberano por eso no digan que el fin del mundo es en el 2012 como lo dijo jesus la hora ni el dia nadie lo sabe ni aun los anjeles del cielo sino el pedre seletial los seres humanos somos tan coerentes en las cosas screo que sabemos la verdad pero no la queremos ver asi de simple solo si nos dieranos un tiempo o un pequeño tiempo y a ponerse a pensar quien es el me da de todo y cosas de primera y no migajas acaso no se preguntan eso otros deran no es por mi trabajo loq me gano la vida a diario pero quien ve por ti acaso no es dios en que siempre ve por nosotros el nos da de todo pero nosotros solo pensamos no el fin del mundo es tal dia y dises por q dios nos castiga de esa manera pues dios es mejor padre que tenemos y pronto bendra por ti y por mi y si no estas listo que le diras q creistes en cosas de hombres y no en an las cosas de tu cgreador nosotros no somos una evolucion q del mono no fuimos hechos perfectos y y con sabiduria no somos huerfanos en tierra tenemos un padre y es la muestra de amor asi a dios hno sepan que un dia no muy lejano vendran cosas y cuando bengan sera demaciado tarde para la humanidad. soy un chico de 23 años de edad tuves sueños desde pequeño donde soy persiguido as ahora oltimo que tuve sueños donde veo la el regreso de nuestro señor jesus y la tierra lo veo desolada veo gente muerta por doquier y al divino deser del cielo con miles de alngeles fue un sueño q me dejo temblando el cuerpo y alma estaba asustada solo puedo desir dios tiene pasiensa con todos nosotros por eso tarda su regreso porq el quiere que todos se salven. y no es como disen que el sol se comera ala tierra eso es mentira en ser hunamo no sabe nada ni lo q ba a pasar en la tierra solo dios lo sabe asta entoses .dios los beniga .

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