¿Puede la FSSPX apartarse de su fundador?

Por lo que se dice en Fideliter… SI.

la Fraternidad está autorizada a apartarse de las elecciones prudenciales de sus respectivos superiores, incluso de su fundador”

Hemos recibido este importantísimo material y queremos compartirlo con urgencia con ustedes. La semana próxima haremos un análisis profundo de lo contenido en estas páginas junto al P. Ceriani. Por ahora entregamos el texto «virgen» para que se pueda ir tomando contacto.

Roma y Ecône: Preguntas y Respuestas

Fideliter Nº 189, mayo-junio de 2009, páginas 64-66

Pregunta: Si muchas veces hay todavía razones para estar insatisfechos respecto de las enseñanzas pontificales, ¿es exacto decir que en Roma no ha cambiado nada?

Respuesta: No. En primer lugar porque, en el mundo material, de ninguna cosa puede decirse: “esto no ha cambiado”. Nosotros mismos, si bien hemos permanecido substancialmente los mismos, somos bien diferentes a los 30 años que a los 20, y de la misma manera en otras cosas.

Juan Pablo II no era Pablo VI, Benedicto XVI no es absolutamente el mismo que aquel que fue el cardenal Ratzinger.

¿Por qué estas trivialidades? Para excitar nuestra inteligencia a permanecer adecuada a la realidad.

Lo que no ha cambiado en Roma es el apego al Concilio. Bajo este aspecto se puede decir: “en Roma nada ha cambiado”; nada en cuanto al apego al Concilio.

Por el contrario, ciertas cosas han cambiado en Roma, como por ejemplo un retroceso respecto a las consecuencias del Concilio (por ejemplo: la desacralización litúrgica).

Pregunta: ¿Puede temerse que en nuestros esfuerzos por hacer volver a los cuadros oficiales de la Iglesia a la fe de sus predecesores nos alineemos poco a poco al Concilio?

Respuesta: Sí. Este peligro resulta de la crisis misma de la Iglesia, que lleva consigo una enfermedad contagiosa del espíritu y del corazón, de la proximidad que nace de nuestros esfuerzos apostólicos (para llevar el Evangelio intacto allí donde él está deteriorado) y de nuestra debilidad (que la Imitación de Jesucristo nos recuerda con razón.)

Temor de sucumbir en este peligro es la condición para no caer en él. Si no se cae en él, la causa es la gracia de Dios y la protección de María: la vigilancia no quita la confianza.

Pero la Fraternidad reflexiona cada uno de sus pasos.

Pregunta: Manteniendo esas relaciones con Roma, ¿no se aparta la Fraternidad de las palabras de Monseñor Lefebvre después de las consagraciones?

Respuesta: En una entrevista concedida a Fideliter (Nº 66. noviembre-diciembre de 1988), Monseñor Lefebvre dijo:

“No tenemos la misma manera de concebir la reconciliación. El cardenal Ratzinger la ve en el sentido de reducirnos, de traernos al Vaticano II. Nosotros la vemos como un retorno de Roma a la Tradición. [No nos entendemos. Es un diálogo de sordos.] No puedo hablar mucho del futuro, ya que el mío está detrás de mí. Pero si vivo un poco aún y suponiendo que de aquí a un determinado tiempo Roma haga un llamado, que quiera volver a vernos, reanudar el diálogo, en ese momento sería yo quien impondría las condiciones. No aceptaré más estar en la situación en la que nos encontramos durante los coloquios. Esto se terminó.

Plantearía la cuestión a nivel doctrinal: “¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los papas que los precedieron? ¿Están de acuerdo con Quanta Cura de Pío IX, [Immortale Dei, Libertas de León XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII?] ¿Están en plena comunión con estos papas y con sus afirmaciones? ¿Aceptan aún el juramento antimodernista? ¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?

[Si no aceptan la doctrina de sus antecesores, es inútil hablar.] Mientras no hayan aceptado reformar el Concilio considerando la doctrina de estos papas que los precedieron, no hay diálogo posible. Es inútil.

Las posiciones quedarían así más claras.

No es una pequeña cosa la que nos opone. No basta que se nos diga: pueden rezar la misa antigua, pero es necesario aceptar esto. No, no es solamente eso lo que nos opone, es la doctrina. Queda claro”.

Nota: lo que va en negrita y entre corchetes ha sido reemplazado en Fideliter por puntos suspensivos entre paréntesis, suprimiendo el texto en cuestión.

¿Se aparta la Fraternidad de estas palabras?

Suponiendo que ella se aparte, tendría el derecho de hacerlo bajo ciertos puntos.

Ciertamente, la Fraternidad no puede alejarse ni de la Revelación, ni de sus Estatutos, ni del espíritu de Monseñor Lefebvre.

Los miembros de la Fraternidad no pueden apartarse de la voluntad de sus respectivos superiores, en la medida que estos no pongan en juego la fe o la moral.

Por el contrario, la Fraternidad ecstá autorizada a apartarse de las elecciones prudenciales de sus respectivos superiores, incluso de su fundador, mientras ella permanezca fiel a su misión y, por lo tanto, a su antiliberalismo contrarrevolucionario.

Monseñor Lefebvre lo sabía muy bien, es por esta razón que él dijo: “No puedo hablar mucho del futuro, ya que el mío está detrás de mí. Pero si vivo un poco aún…” Habla de lo que haría si viviese y se cuida bien de comprometer y de atar a sus sucesores.

De hecho, ella se aparta bajo un cierto sentido y no se aparta bajo otro.

“Sería yo quien impondría las condiciones”, decía Monseñor Lefebvre. Es lo que ha hecho la Fraternidad: es ella quien ha puesto los prerrequisitos.

“No aceptaré más estar en la situación en la que nos encontramos durante los coloquios”: la situación no es más la misma, en efecto.

Aquello en lo cual la Fraternidad se aparta es que, allí donde Monseñor Lefebvre preconizaba un cuestionamiento de orden doctrinal, veinte años después, la Fraternidad ha optado por tres etapas, de las cuales:

la primera es a la vez disciplinar y litúrgica (libertad para la misa),

la segunda disciplinar (decreto del 21 de enero),

la tercera a la vez doctrinal y experimental (discusiones doctrinales. En nota se lee: ver el artículo, página 14, de Fideliter 188 de marzo-abril de 1988).

En 1988 no teníamos “la misma manera de concebir la reconciliación”. En 2009 estamos en lo mismo. Benedicto XVI quiere hacer aceptar a la Fraternidad el magisterio conciliar, mientras que la Fraternidad quiere el retorno de Roma a la Tradición.

Sin embargo, hay que destacar dos cosas:

Por una parte, la aceptación de los dos prerrequisitos por Benedicto XVI y una actitud de tal modo interesada respecto de la Tradición que el Papa ha perdido la confianza de numerosos obispos, sacerdotes y feligreses ultramodernistas (reconocer esta realidad es un deber de humanidad, de gratitud, incluso de caridad respecto de él).

Por otra parte, la carta del 10 de marzo tiene el mérito de hacer ver la voluntad que tiene Roma de no emprender la solución canónica antes del esclarecimiento de los conflictos doctrinales.

Haciendo esto, Roma libera a la Fraternidad de una amenaza que pesaba sobre ella, la de un acuerdo rápido e imprudente.

Es un poco como si el Papa hubiese hecho suyas las palabras de Monseñor Lefebvre: en tanto y en cuanto la cuestión doctrinal no haya sido resuelta, “no hay diálogo posible” en vista de un reconocimiento canónico; el único diálogo posible tiende a resolver primero la cuestión doctrinal.

Finalmente, obtener que el centro de la catolicidad responda “Sí” a la cuestión que planteaba en su tiempo nuestro fundador (“¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?”) es pedirle creer.

Ahora bien, como dice San Pablo: “¿Cómo creerán en aquél del cual no han escuchado hablar? ¿Y cómo escucharán hablar, si no hay predicador? ¿Y cómo habrá predicadores, si no son enviados?” (Rm. 10: 14-15):

Algunos deben ser enviados para hablar.