Mons. Williamson – Eleison 109 – Cartas De los Archivos 174

Monseñor Williamson,

Comentario Eleison Nº 109,

8 de Agosto de 2009

Cartas del Rector

Permítanme sugerir el motivo por el cual los lectores de “Comentarios Eleison” deberían estar interesados en echar un vistazo a uno o a los cuatro volúmenes de “Cartas del Rector”, ahora disponibles en forma impresa a través de la editorial Estadounidense “Restauración de la Verdad” (True Restorian Press). En pocas palabras, estos libros presentan una combinación poco usual, de algunos enfoques de la verdadera Fe con algunos criterios de nuestro falso mundo moderno.

Fue lógico que, a medida que el mundo moderno caía en la apostasía y se distanciaba cada vez más de Dios, la tentación de las mentes Católicas —a menos que estuvieran dispuestas a esforzarse al máximo— fuera sujetarse firmemente al mundo y dejar de lado a Dios —como en el Concilio Vaticano II— o aferrarse sólidamente a Dios y dejar de lado al mundo moderno, como lo hicieron muchos Católicos “cincuentistas”, que renunciaron a los esfuerzos para hacer frente a la modernidad y se retrajeron en el imaginario y a menudo sentimentalista refugio del supuesto Catolicismo preconciliar.

¡Pero el Catolicismo no puede ser irreal, si quiere llevarnos a la realidad del Cielo! La década de 1950 ha pasado. Ya terminó. Se fue. Por supuesto que no todos los Católicos de la década de los ‘50 vivían en la irrealidad. Monseñor Lefebvre es un ejemplo sobresaliente de rechazo de esa ficción. Pero también muchos de aquellos Católicos desconectaron la Fe de su realidad circundante, razón por la cual cuando ésta se cerró sobre ellos en forma espectacular en la década de los ‘60, su Fe declinó, y más o menos despreocupadamente se deslizaron en la religión del hombre del Vaticano II, una religión realmente moderna, falsamente Católica; pero sin embargo, inteligentemente disfrazada. ¡No puede hacerse caso omiso de la realidad!

Entonces, tal vez lo que caracteriza a las “Cartas del Rector” es que en tanto proclaman la verdadera Fe inmutable de la Iglesia, al mismo tiempo hacen frente, a la luz de esa Fe, a una variedad de problemas modernos que, si bien existían antes del Concilio, han crecido inmensamente desde ese evento: La Fe retorcida, los varones carentes de virilidad, las mujeres asumiendo el ponerse los pantalones, las familias desintegrándose, un sentimentalismo rampante, medios de comunicación mendaces, políticos traidores, etc., etc.; y, lo peor de todo, los hombres de la Iglesia Católica extraviando su camino. Por desgracia, es lógico que ellos también hayan perdido sus amarras, bajo la presión de la realidad de su entorno que no se habían preocupado por manejar.

Las “Cartas” ofrecen un análisis de muchos de esos problemas. Su autor no reivindica la infalibilidad de sus soluciones, pero sostiene que, a menos que los Católicos aborden los problemas que plantea, corren el riesgo de lanzarse en no mucho tiempo, más o menos descuidadamente, al seno del Concilio Vaticano II.

Kyrie eleison.

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De los Archivos

Carta Nº 174

Esta carta puede causar alguna conmoción; creo que es necesario. Permítanme darles una explicación, a partir de una historia de la literatura alemana que estudié en la escuela hace 40 años, pero cuyo pleno significado sólo se me hizo presente varias décadas más tarde: “La maravillosa historia de Pedro Schlemiel”, de Adelbert Chamisso (1781-1838).

Pedro Schlemiel es un joven brillante[1] que quiere progresar en el mundo; así que cuando un extraño de levita gris le ofrece todo el oro que quiera a cambio de su sombra, Pedro acepta. Después de todo, ¿qué utilidad tiene su sombra? Sin embargo, luego descubre que todo el oro del mundo no puede hacer frente al escarnio de todos los que lo rodean, porque carece de sombra. En medio de su desesperación, el hombre de levita gris se le aparece nuevamente, para ofrecerle un segundo trato: si Pedro desea recuperar su sombra, todo lo que debe hacer es renunciar a su alma. La historia termina con un compromiso que no recuerdo con mucha precisión: Pedro no pierde su alma, pero todavía debe pagar un precio por su estupidez inicial.

La historia es encantadora, según recuerdo, y está muy bien escrita. El forastero de levita gris es, por supuesto, el diablo; Pedro es un hombre occidental que se ha mutilado a sí mismo y ha puesto en peligro su alma en aras de la prosperidad material y del bienestar. Pero lo que nos interesa en primer término es la técnica del Diablo, como la entiende Chamisso. Es bastante simple cuando se piensa en ella, y tiene enormes aplicaciones en el mundo que nos rodea.

El diablo atrapa a Pedro Schlemiel por etapas. En primer lugar, el oro a cambio de su sombra. En segundo lugar, su sombra a cambio de su alma. Obviamente, el diablo no le presta la menor atención a la sombra de Pedro, excepto como una trampa para capturar su alma. Como se ve, Pedro ha cometido un grave error permutando su sombra por oro; ¡cómo debe ser de fuerte la segunda tentación —de recuperar su sombra y conservar el oro— para negociar así su alma! El oro puede convertirse en polvo, por lo que ahora él sabe lo valiosa que es su sombra. ¿Y qué es lo que sabe acerca del valor de su alma?

Con esa táctica, el diablo tiene a Pedro en la sartén, y de ahí lo tienta para que salte al fuego. Pedro ha caído en la primera tentación, que es relativamente menor; pero las consecuencias son lo suficientemente graves como para que quiera corregirlas cayendo en otra tentación absolutamente mayor. Él ha cedido una cosa secundaria y sin valor: su sombra; luego se ve tentado a entregar algo mucho más importante, su alma.

Ahora bien, “La maravillosa historia de Pedro Schlemiel” puede ser sólo un cuento de hadas, pero consigue decir una verdad mucho mayor que los periódicos o la televisión. “Pedro Schlemiel” puede ayudar a explicar por qué estas cartas parecen aprobar horrores como el Unabomber o las películas de Oliver Stone, y a la recíproca, aparentemente desaprueban los dulces sueños del Catolicismo y películas  supuestamente encantadoras  como “The Sound of Music” (“La novicia rebelde”, o “Sonrisas y lágrimas”). Las cosas no son lo que parecen.

El hombre occidental es como Pedro Schlemiel. A finales de la Edad Media, estaba perdiendo un montón de pequeñas cosas sin importancia. Así, el diablo les propuso un trato a los Cristianos para corregir esta situación, tratando de imponer los grandes errores. Los Cristianos se dividieron: Los que se negaron al pacto, se conservaron Católicos y mantuvieron la Fe; los que aceptaron el acuerdo se convirtieron en protestantes. Estos fueron recompensados por el diablo con la prosperidad y las satisfacciones exteriores, pero perdieron la Fe y perdieron sus almas.

Por lo tanto, el sello distintivo de la cultura protestante que surgió en Inglaterra, en el norte de Alemania —donde escribió Chamisso— y en los Estados Unidos, está constituido por la prosperidad y las satisfacciones exteriores, aunadas a la degeneración interior. Aparentemente todo se ve bien y atractivo, pero por dentro hay problemas profundos e insolubles; insolubles porque no son reconocidos, ya que se ocultan a la vista debajo de una superficie agradable. Para hacer frente a estos problemas, el Protestantismo se convirtió en el Liberalismo (la adoración de la Libertad), que a su vez está mutando a la tiranía mundial; y mientras todo en la superficie aparece cada vez más brillante (“superación” de la enfermedad, del hambre, de las diferencias), en la profundidad los problemas son, realmente, peores que nunca (caos intelectual, moral y espiritual; basta pensar en el arte moderno). Durante siglos hemos comprado al diablo soluciones menores a cambio de problemas mayores; una agradable superficie a cambio de horribles profundidades.

En cuanto a los países Católicos que rechazaron el Protestantismo, por desgracia, luego se dejaron infectar por el Liberalismo, hasta que fueron barridos por el Neo-modernismo, en el desastre del Concilio Vaticano II. Cuando en este punto los hombres de la Iglesia Católica perdieron su control sobre la solución, la desconcertante decisión de los hombres de perder insensiblemente sus almas bajo la abundancia de oro tangible y de bienes mundanos, se convirtió en un problema universal.

Este es mi diagnóstico del Unabomber. Usted puede decir lo que quiera de él como un criminal terrorista, etc., etc., y mucho de ello es cierto. Pero este hombre, como se desprende de su Manifiesto (que vale la pena leer),[2] por lo menos trataba de abordar y dar a conocer los serios y profundos problemas del hombre en una sociedad mecanizada. Tiene un nombre polaco,[3] y apuesto a que sus abuelos tenían la Fe Católica, que él mismo, o bien nunca la tuvo, o la ha perdido; pero todavía tiene una remota idea Católica de cómo la tecnología brutaliza al hombre. ¿Cómo es que los Católicos, por el contrario, sostienen que todos los tecnófilos merecen ser calificados como  quienes tienen derecho —alegremente— en todos los sentidos, de revolcarse a gusto en sus computadoras? Denme la seriedad de la superficialidad del Unabomber, todos los días de la semana.

Lo mismo con Oliver Stone. No me preocupa para nada todo lo que sé de este hombre; en lo superficial es horrible, como lo son sus películas, pero puedo mencionar cinco de ellas (incluyendo “Nixon”, “JFK”), todas las cuales, desde un ángulo distinto, afrontan un grave problema: ¿qué pasó con los Estados Unidos en los años ‘60? Aparentemente, estas películas no tienen nada que ver con la Fe, y son totalmente inadecuadas para la “televisión familiar”, incluso para ser observadas por muchos adultos (como he dicho en su momento), pero en mi interior apuesto una vez más a que la ascendencia Católica de la madre francesa de Stone tiene mucho que ver con su profundo malestar y su preocupación por la década de 1960. Denme de nuevo, todos los días de la semana, este monstruo que se toma en serio los graves problemas de los ilusos que intencionalmente se engañan a sí mismos; o son engañados, por ejemplo, con que el “Modo Americano” no tiene, en el fondo, ningún problema. La Constitución de 1787, aunque todos crean que es una parte importante de la solución, es un componente substancial del problema, y ¡ay de cualquier Católico que piense lo contrario!

Pero incluso si concedemos que la horrible película “Asesinos Natos”, por ejemplo, por debajo de su horrible exterior tiene algo serio que decir acerca de la sociedad moderna, ¿se vio obligado Oliver Stone a crear una fachada tan horrorosa?

Lamentablemente, uno puede decir que sí, porque si él hubiera hecho lo superficial agradable, la mayoría de su audiencia no hurgaría en lo profundo. Sus mentes estarían felices a un “clic” de ingresar al Hollywood normal, al estilo “The Sound of Music”: el mundo es dulce, todos los hombres son buenos (excepto los nazis), la vida es un juego, nadie va al infierno. Los artistas occidentales serios, durante los últimos 200 años han hecho sus trabajos cada vez más feos, en parte para reflejar la realidad occidental, en parte para conmocionar a los occidentales con lo que la realidad es: el alma cada vez más extraviada.

Recordemos la famosa oración de San Agustín: “… Señor, si te dispones a golpearnos, hacemos todo tipo de promesas, pero si te contienes, no las cumplimos… Si entonces nos golpeas, clamamos por misericordia; y si te muestras misericordioso, entonces volvemos a pecar de nuevo, para forzarte a golpearnos… ”. Como Dios no puede sojuzgar a su pueblo pecador, así cualquier hombre con un mensaje serio, no puede doblegar a una audiencia moderna. Si Él transmite en la longitud de onda de los hombres, no hay manera de que pueda decir lo que necesitan escuchar. Si Él transmite en su propia longitud de onda, los hombres desconectan la sintonía. A la cabeza, ellos prevalecen; Dios, a la zaga, pierde. La nuestra es una situación en la que el Señor Dios nos dirá muy pronto: “Señor y señora Lot, caminen ¡y ojo con mirar hacia atrás!

Por tanto, si en las cartas del Seminario utilizara un lenguaje agradable para decir cosas bonitas, los lectores se sentirían muy a gusto consigo mismos y no prestarían ninguna atención. Si se dicen cosas desagradables, pero de un modo placentero, los lectores pueden huir de lo áspero refugiándose en la amabilidad de las formas, y no se inquietarían como debieran. Es por eso que en las cartas deben decirse a veces cosas desagradables con malos modos; porque incluso aunque la mayoría de los lectores se apartaran por repugnancia, si una minoría de lectores fueran movidos a pensar seriamente en los problemas reales, el estilo habrá sido digno. No hay esperanza en el “Modo Americano” —que ahora está siendo seguido en todo el mundo— como para que los Católicos crean en él. La única esperanza es que los Católicos hagan frente a los problemas profundos y graves que contiene, que se remontan al Protestantismo.

Pedro Schlemiel puede obtener de nuevo su sombra, ¿pero de qué le sirve, si pierde su alma? El mundo moderno puede conseguirnos un montón de pequeñas cosas buenas, ¿pero de qué nos sirven, si en la misma proporción, nos acarrea grandes males? El Unabomber, Oliver Stone y su evidente malicia, pueden suministrar un montón de pequeñas cosas malas, pero ¿cuánto importa eso en comparación con el esfuerzo de los Católicos para obtener algunos grandes bienes?

Estimados lectores, recen el Rosario. No crean en Wall Street. No crean en Washington, ni en el Parlamento de Londres. No crean en el dólar. No crean en los fondos de pensiones. No crean en la democracia, ni en la Constitución, ni en la Monarquía Británica. No crean en ninguna de las obras del hombre moderno; es una pobre criatura, y maldita por su propia elección. Ha construido sobre la arena, y sus castillos de arena están al borde del colapso.

Crean en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, y en Jesucristo, Su Hijo unigénito, que nos prometió que quien construye sobre su Evangelio, está edificando sobre roca. Los vientos y la lluvia de los próximos años van a azotar ese edificio, pero no caerá. Y si el sufrimiento se atraviesa en nuestro camino, seamos agradecidos, porque es el sello distintivo del Catolicismo real, el signo más seguro de que estamos siguiendo los pasos de Jesucristo en el camino al Cielo.

Feliz Pascua. Que Dios se apiade de todos nosotros.

2 de Abril de 1998

Winona, Minnesota


[1] Irónicamente, y prefigurando la verdadera personalidad del protagonista, la palabra yidish “schlemiel”, y su afín hebreo “schlumi’el”, designan a una persona irremediablemente incompetente, a un chapucero (Nota de R.C.).

[2] Puede verse aquí: http://www.sindominio.net/ecotopia/textos/unabomber.html (Nota de R.C.).

[3] Theodore Kaczynski (Nota de R.C.).

3 comentarios sobre “Mons. Williamson – Eleison 109 – Cartas De los Archivos 174

  1. Mi congratulo con il Vostro sito per lo spazio che date al Padre ceriani, confratello al quale auguro ogni bene di Dio! oremus pro invicem, don Floriano

  2. “Ave Maria Purissima”
    -Sine Labe Originali Concepta-
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    Sr. Director, Caros hermanos en la única Fe Verdadera, saludos en los sagrados Corazones de Nuestro Señor JesuCristo y la Santísima Virgen María.
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    Hablar del cincuentismo, como todo en la vida tiene dos extremos, resulta en error, ciertamente, pretender «volver» o consevarse en la época, aludisa, sin estimacion de la realidad circunstancial que nos rodea, sin embago, no menos errado resulta, el tratar de «adaptarnos» a esa realidad circunstancial, obviamente temporal que inunda el planeta, el solo hecho de concebir en tal yerro, ya nos predispone a «Agiornarnos» a la modernidad, a sus modas dictadas, y a sus estilos de vida usos y costumbres, ya nos va reblandeciendo el SI SI NO NO, inconcientemente nos haria llegar a colegir, que DIOS puede cambiar, material, Moral, y realmente Imposible, Si como antes los Obispos de la Misama Fraternidad, señalaban, QUE DIOS ES INMUTABLE, ¿por que habria de mutar un ápice su servicio, o el camino de salvacion?.
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    Sé sobremanera, que algunos diran, que el hombre moderno, utiliza «las bondades modernas» TV, Computadoras aviones y sistemas de comunicación, mismos «sistemas» que las profesias serias como las de Sn Nilo, vaticinaban como señales de los ultimos tiempos, la multiescondida Frse de la Santisima VIRGEN MARIA, lo aclara perfectamente:
    (CIERTAS MODAS), es pues menester indispensable, saber hoy mas que nunca, en donde se esta parado, para donde se debe caminar, e inmediatamente poner los esfuerzos a esa vereda, sobre todo, teniendo muchisimo cuidado, cuando los avances técnicos, presentan una vereda aparentemente igual, empero, fácil, sin espinas, y no tan angosta, mas cómoda tal vez, y aunque seais tradicionales, en términos generales, muelle, VIGILAD Y ORAD, eh ahi la fórmula para que el Buen DIOS, nos mantenga el «EPHETA» del bautizmo, con un minimo de voluntad, de no utilizar las aparentes bondades modernas, para comodidad propia, o para evitar un poco de cruz diaria.
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    El llamado cincuentismo de la Fraterndad, puede ser sin duda un grave error, por que finalemnte nos aislaria realmente del mundo, (¿que no buscamos un Reino que no es de este mundo?).
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    La aceptacion paulatina de «algunas cosas de la modernidad», por lo menos, nos hará muelles, y cobardes, en degenerativa progresividad, y si yo hoy cedo a «X» mañana Mi hijo cedera a X+Y; que mejor ejemplo de ese Agiornamiento Ligth, que la misma cobardia de los mismos sacerdotes de la Neo-fraternidad, algunos ven pero estan comodos, otros saben, (Incluso el autor de la epístola de marras), y solo escriben, el muelle estilo de vida, y la paulatina aceptacion de circunstancias modernas, en aras de no caer en el Cincuentismo, son parte integral, de que «El Holocuento» hoy sea materia de historiadores, o de que el valiente presbítero de Cordova, haya salido a exhimirse publicamente. NO SE PUEDE SERVIR AL REY CUYO REINO ES AJENO A ESTE MUNDO, siendo parte o todo de este mundo.
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    SEA PARA GLORIA DE DIOS

  3. LA SOLUCIÓN ES MUY SIMPLISTA, Y NOS LA DIÓ FATIMA, ORACIÓN, SACRIFICIO PENITENCIA, DESGRACIADAMENTE, EL MUNDO Y EMPEZANDO POR ROMA, NO LE HA HECHO CASO, Y ESPECIFICAMENTE ROMA CON BERTRONE A LA CABEZA LE DIÓ CARPETAZO AL ASUNTO FATIMA. SOLO QUE OLVIDAN ALGO, Y SON LAS PALABRAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

    «EL CIELO Y LA TIERRA PASARAN, PERO MIS PALABRAS NO PASARAN» Y COMO DICE ATINADAMENTE LA CARTA 174 ¡DE QUE LE SIRVE AL HOMBRE GANAR EL MUNDO SI PIERTE SU ALMA!?

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