DEBIDO A LA PREMURA DE CIERTAS TRADUCCIONES QUE HEMOS PUBLICADO, POSTEAMOS LAS ÚLTIMAS CARTAS DE MONSEÑOR WILLIAMSON QUE HAN APARECIDO EN SU BLOG DINOSCOPUS:
Artículo del 25 de Abril de 2009
¡Buena pregunta!
No se piense que Su Eminencia gasta su tiempo atendiendo a este tipo de cosas; me declaro culpable de transmitirle lo que creo más relevante de los vínculos que refieren o contestan a nuestro sitio. Por otra parte, he comunicado al Padre Zuhlsdorf en el pasado (sin obtener respuesta) que encuentro su tono a veces parcial, por lo que escribir acerca de “WDTPRS” (What does the priest really say?; “¿Qué dicen realmente los clérigos?”, nombre del blog del Padre Zuhlsdorf; http://www.wdtprs.blogspot.com/), no es un aval de ningún tipo. (Stephen Heiner, colaborador del Blog de Monseñor Williamson).
En el blog de un tal Padre John Zuhlsdorf apareció esta semana una serie de comentarios provocados por “discusiones difíciles”, artículo aparecido aquí hace una semana. (Nota de Radio Cristiandad: Ver nuestra entrada del 19 de Abril, traducida por nosotros como “Debates difíciles”). Muchas de estas observaciones fueron relativamente serias (un cumplido al Padre Zuhlsdorf). Una fue directa al grano: “El obispo Williamson utiliza términos sin definirlos. Realmente me gustaría saber si soy un neomodernista”. Joe Pinyan (el autor del comentario) quería saber más, “a fin de no estar ligado a Baal”: si se le debe rendir culto a Dios antes en una capilla de la SSPX que en una parroquia, donde se celebran tanto el rito “extraordinario” como el “ordinario”.
Joe: para ofrecer una respuesta, permítame comenzar por la definición de “Neomodernismo”. Es el renacimiento (“Neo”, nuevo), permitido dentro de la Iglesia Católica por el Concilio Vaticano II (1962-1965), de la herejía omnímoda del Modernismo. El Modernismo es el terrible sistema de putrefacción de la mente, aparecido hace más de un siglo dentro de la Iglesia y solemnemente condenado por San Pío X en su Encíclica “Pascendi”; sistema según el cual la Iglesia Católica debe adaptarse para ajustarse al mundo moderno, al estilo del protestantismo y del liberalismo. De hecho, es la última forma de liberalismo; y esto por causa de sus principios kantianos, que pretenden liberar la mente del hombre (y su voluntad) de cualquier verdad (o ley) en absoluto.
El modernismo es un error especialmente hipócrita y peligroso, porque puede dejar intacta la apariencia de la religión católica, mientras la va vaciando realmente. Así, Jesucristo no es realmente Dios, pero soy libre de hacerlo Dios (para mí) si quiero. Así pues, la verdad y la ley católicas se convierten en lo que yo quiera hacer con ellas. Así, de los diez mandamientos, soy libre de obedecer o no los diez, porque de cualquier forma lo que estoy haciendo (lo que debo hacer) es sólo obedecerme a mí. El Neomodernismo es aún más peligroso que el Modernismo, ya que es una consecuencia de que las más altas jerarquías de la Iglesia, en lugar de seguir como San Pío X condenando íntegramente el Modernismo, ¡lo adaptaron para establecerlo oficialmente dentro de la Iglesia!
Así pues, hoy los católicos han sido liberados, ya sea para asistir al rito “extraordinario” o al “ordinario”, según ellos entiendan la esencia inmutable de Dios y Su esencialmente inmutable Santa Misa; o a ambos, si los consideran como adecuados para el mundo de hoy. Ahora bien; esta reciente liberación de la asistencia a la verdadera Santa Misa, ha procedido de la mejor de las intenciones de Benedicto XVI, pero el verdadero Dios nos impone a todos nosotros adorarle como Él realmente es, y no al modo en que ha quedado reducido por el hombre moderno. Así, espero que me crea contra Roma, Joe, si yo le sugiero huir de la misa “ordinaria”; porque si no quiere tener nada que ver con el culto de Baal, eso es, objetivamente hablando, lo que debe hacer.
De cualquier modo, si usted desea creerme, ¡lea! Lamentablemente, la “Pascendi” de San Pío X se hace de difícil lectura. Comience aquí en Dinoscopus con los “Comentarios eleison” que tratan de religión; continúe con los dos libros que se publicitan en este blog, que pronto serán cuatro (Nota de Radio Cristiandad: Se trata de las publicaciones —en idioma inglés— de Monseñor Williamson “Cartas del Rector del Seminario Santo Tomás de Aquino”); luego lea algo escrito por Monseñor Lefebvre. Pero por encima de todo esto, lo más importante para obtener luz es rezar el Rosario a la Madre del verdadero Dios. Y que Dios lo bendiga. Kyrie eleison.
Artículo del 2 de Mayo de 2009
La insuficiencia de los reyes
Nunca me he sentido totalmente cómodo en el entorno de los monárquicos, y me refiero a las personas para quienes el retorno de los reyes y de las reinas resolvería gran parte de nuestros males democráticos actuales. Estoy de acuerdo en que añejas monarquías como las de Inglaterra, Francia y Rusia son grandes paisajes para un viaje nostálgico, y que Cromwell, Robespierre y Lenin fueron pioneros de un traicionero y terrible Nuevo Orden Mundial. Sin embargo, la nostalgia se me presenta como una distracción.
Tales pensamientos se derivan de mi visita a la maravillosa exposición en la galería Tate de Londres, abierta hasta el 17 de Mayo, titulada “Van Dyck y Gran Bretaña”. Sir Anthony van Dyck, nombrado caballero por el rey Carlos I, fue el más destacado pintor del siglo XVII inglés. Nacido en 1599 en Amberes, (hoy Bélgica), mostró un talento precoz para la pintura, y pronto se convirtió en el “mejor alumno” del famoso pintor flamenco Pedro Pablo Rubens (1577-1640). En medio de sus viajes de juventud por el continente —en especial a Génova para aprender de los maestros italianos— fue que hizo una breve visita a Londres en 1620-1621.
No obstante, desde 1632 hasta su temprana muerte en 1641, por invitación del rey Estuardo Carlos I, un gran mecenas de las artes, Van Dyck volvió a Inglaterra para quedarse. Aquí se convirtió en el más famoso e influyente retratista de la clase gobernante de Inglaterra, proyectando —como, sin duda, el Rey deseaba— una imagen glamorosa de la dinastía Estuardo. El glamour vive en los coloridos y caracterizados retratos que componen la mayor parte de esta exposición.
Al igual que sus maestros continentales, Rubens y Tiziano, y como la Reina Consorte, Enriqueta María de Francia, Van Dyck era católico. Si imaginamos un puritano pintor, este nunca podría gratificarnos como Van Dyck con sus juegos de luz sobre magníficos trajes, o retratar esas infladas mangas que con tanta fantasía superadora de la realidad reprodujo Van Dyck. Por supuesto, los puritanos le declararon la guerra a Carlos, y en 1649 lo decapitaron, pero con la Restauración de los Estuardos en 1660, algo de los colores y la belleza regresó, y la influencia de Van Dyck en la pintura inglesa duró —uno piensa, en particular, en Gainsborough y Reynolds en el siglo XVIII— hasta principios del siglo XX, cuando finalmente las “luces” se extendieron a toda Europa, y los remanentes monárquicos se extinguieron con ellas, o fueron desmembrados.
Los reyes, por lo tanto, no bastan por sí solos. Ellos pueden patrocinar las artes, y sus cortes pueden mantener por un rato el glamour y la gloria, como refleja por ejemplo Van Dyck, en cuyos gallardos lienzos no se encuentra sorprendentemente casi ningún rastro de las tensiones asesinas subyacentes en la Inglaterra de 1630. No obstante, la Monarquía y la corte fueron arrasadas poco después de él, y sólo restauradas sobre carriles modernos. Entonces, ¿qué se necesita para recuperar el color y glamour perdidos por la modernidad? ¡Nada menos que el Rey de reyes, y su Cruz Católica! “O crux ave, spes unica” – “Salve a ti, la Cruz, nuestra única esperanza” Kyrie eleison.
Respuesta publicada el 6 de Mayo de 2009 por Mark D. Amesse, en el blog “Dureland”
(http://rencesvals.blogspot.com/2009/05/my-thoughts-on-kings-insufficient.html), y referenciada en el blog de Monseñor Williamson como “Una meditada respuesta”.
El último Comentario eleison, “La insuficiencia de los Reyes”, del Obispo Richard Williamson, comienza con el texto: “Nunca me he sentido totalmente cómodo en el entorno de los monárquicos, y me refiero a las personas para quienes el retorno de los reyes y de las reinas resolvería gran parte de nuestros males democráticos actuales”. Creo que hemos obrado bien todos los hombres que hemos hecho de la monarquía nuestra religión, o aquellos para los que el reinado de un monarca por Él elegido, es tan glorioso e importante para la cristiandad como el reinado de Cristo Rey. En este sentido, creo que podemos estar de acuerdo con Su Señoría.
Los católicos monárquicos son, en primer lugar, católicos, o deberían serlo. Desde luego, no es necesario ser monárquico para luego ser católico. Somos, y así debe ser, católicos monárquicos y no monárquicos católicos. Los gobiernos son dispuestos por Dios para gobernar el ámbito temporal en Su Nombre. Decir que Cristo es Rey sin expresar lo que eso significa, deja Su reinado con el concepto de “un pie en el cielo”. Esto debe tener una realidad concreta, y no puede ser una cuestión de palabras sentimentales. Pero si los católicos somos monárquicos, es porque creemos que el reinado social de Cristo Rey puede ser realidad —es decir, ser llevado a la realidad concreta— mucho más cuanto más imite la corte celestial y se base en la misma estructura monárquica bajo la cual Él reina en su Reino celestial y asimismo en la Tierra, en la persona del Sumo Pontífice.
Si una república católica puede constituirse para dar gloria a Dios, ayudará sustancialmente a la Iglesia en la salvación de las almas, y promoverá el bien común para más de una generación, manteniendo su estabilidad y evitando los errores de la democracia, o la subversión del enemigo; tanto que digo: ¡que tal republicanismo prospere y se multiplique! Ah, pero entonces vuelvo a la fría realidad y veo que, salvo en ciudades-estado y similares, y bajo condiciones muy especiales, este nunca ha sido el caso. Enfrentado a la realidad, no se puede rechazar el hecho de que las monarquías, a pesar de algunos fracasos, a veces abismales, han constituido “el mejor de todos los gobiernos”[1] cuando se trató de proporcionar una base concreta sobre la cual la dulce doctrina de Cristo, —en el ámbito socio-político— ha descansado. ¿Significa que esto sólo puede hacerlo la monarquía? No, pero la inestabilidad de los otros regímenes requiere mucho más esfuerzo para construir una base sólida. Este hecho, y el hecho de que todos los hombres, por inclinación natural son monárquicos (ya que es la forma más natural de gobierno, que refleja lo que sabe el hombre en términos terrenales —lo familiar— y lo que sabe por la gracia y la fe que descansan en lo celestial), son las razones por las que soy un católico monárquico.
Su Excelencia hace una observación sobre las artes que florecieron merced a los reyes en la era de la revolución, y estoy de acuerdo en que ese fue el factor, ya que la mafia de las pasiones fue el arma para, o bien mantenerse en el reino, o desgarrarse en ruinas sangrientas. Tanto los monarcas y los revolucionarios trataron de influir sobre las artes, aunque los revolucionarios se comprometieron más y mejor, mientras que en tiempo de los católicos se trataba de una cuestión corriente. Podría escribir mucho más sobre esto, pero será para otra ocasión, quizás.
Lo que más me interesa, es su declaración sobre la nostalgia. Si un sentimiento se somete a la razón por la voluntad, que es iluminada por la gracia, entonces el sentimiento es servidor y nos ayuda a hacer lo correcto. La nostalgia es sólo una distracción si nos impide seguir adelante, pero estoy convencido, como dije cuando fundé Durendal, que sólo mirando a los buenos ejemplos del pasado, podemos saber lo que hay que avanzar en el futuro. Tomemos ejemplos de la edad de la fe, pero sin limitarnos sólo a los modelos relacionados directamente con las materias eclesiásticas, sino tomando como paradigma lo que era bueno en todas las esferas de la vida y la sociedad. Yo anhelo conservarme en ese pasado sin ningún reparo, como caminando por él, de modo de no caer en la posibilidades de ser engañado por los charlatanes del modernismo, y contando con más probabilidades de saber cómo proceder.
Artículo del 16 de Mayo de 2009
Objeción floja
Un amigo me acaba de recordar la clásica objeción a la enseñanza de la verdadera Iglesia Católica sobre la libertad religiosa, aquí, la semana pasada. He aquí el razonamiento: Premisa Mayor: Forzar a alguien a creer es absurdo, porque la creencia no es algo que pueda ser obligado. Premisa Menor: Rechazar la libertad religiosa de las personas, es forzar sus creencias. Conclusión: Por lo tanto, denegar la libertad religiosa es absurdo.
La premisa mayor es cierta. Lo que alguien cree o no en materia de religión es elección interna de su libre voluntad, que o bien no puede nacer desde fuera de él, y/o —especialmente en el caso de la fe católica— no debe ser impuesto desde el exterior, porque “Nemo nolens credit” (San Agustín), es decir, nadie puede creer en contra de su voluntad. Por lo tanto, obligar a la creencia católica desde lo exterior, es imposible o incorrecto.
El problema reside en la premisa menor de la objeción. La doctrina tradicional de la Iglesia Católica, de que un Estado no debe conceder a sus ciudadanos la libertad religiosa, no significa que el Estado debe obligar a alguien en sus creencias privadas, ni tampoco significa que el Estado puede obligar a cualquiera a actuar en público de conformidad con la creencia católica. Lo que sí significa es que un Estado católico tiene derecho a impedir la práctica pública de cualquier religión contraria a la creencia católica, y si la prohibición conlleva más bien que mal, el Estado tiene el deber de prohibir esa práctica. Esto se debe a que todo Estado formado por los seres humanos, proviene de Dios como provienen ellos, y de este origen divino nace el deber correspondiente de proveer lo temporal (es decir, hacerse lo que se pueda en el tiempo, en lo terrenal) para el eterno bienestar de sus ciudadanos (es decir, su salvación en el cielo). Los ciudadanos están influenciados por todo lo que normalmente pasa en el Estado alrededor de ellos, por lo que su salvación eterna comúnmente se ve obstaculizada por la práctica pública de las religiones falsas.
Así pues, la Iglesia Católica enseña que la libertad religiosa se debe negar 1) sólo en el caso de las religiones falsas, 2) sólo en su práctica pública, y 3) sólo cuando prohibir tal práctica conlleve más bien que mal. Esto se puede decir sólo de los Estados católicos, porque cuando hay poca o ninguna fe católica, una prohibición de esta especie no tiene sentido. Hoy en día, esto se aplica a todos los Estados, porque los ciudadanos de todos los Estados modernos se encuentran tan hundidos en el liberalismo (la cuasi-religión de la libertad) que incluso en los Estados católicos, insinuar la aplicación de tal prohibición significaría un ultraje a la libertad de culto del pueblo, y así podría hacer más mal que bien.
Sin embargo, de estas tres condiciones, la primera es la clave. Si no entiendo que el catolicismo es la única e íntegramente verdadera religión, nunca voy a concebir por qué todas las otras religiones siempre deben ser obstruidas en su presencia pública. Por el contrario, si yo entiendo que el catolicismo es la única religión (al menos aceptándolo implícitamente) que puede enviar las almas al Cielo, y que todas las otras religiones, como tales, repito, como tales, envían las almas al infierno, se deduce automáticamente que su práctica pública, donde sea razonable, debe obstaculizarse. Todo se reduce a una cuestión de fe. “¡Creo! ¡Ven en ayuda de mi falta de fe!” (Mc. IX, 23). Kyrie eleison.
Artículo del 23 de Mayo de 2009
Reclamaciones enfermizas
Otro amigo mío me dice que con motivo de algún aniversario de Shakespeare (1564-1616), cierto número de personas que, sin duda, combaten a la “homofobia”, sostienen una vez más que él fue uno de “ellos”. Para la prueba de que el bardo pertenecía a lo que se podría llamar la Brigada de la Lavanda, recurren como de costumbre a los sonetos, muchos de los cuales eran de hecho dirigidos con amor a una joven. Vamos a tratar de desentrañar el caos.
En primer lugar, el uso indebido de varones con varones, o de mujeres con mujeres, de ese mecanismo que Dios le dio a ambos para utilizarlo correctamente el uno con el otro para la reproducción y la continuación de la raza humana, es tan grave pecado contra Dios y la sociedad humana, que la Iglesia Católica lo denomina como uno de los cuatro pecados que “claman venganza del cielo”. Para asegurarse la continuidad de la raza humana, Dios puso en cada uno de nosotros una profunda repugnancia natural para la relación de varón con varón o de mujer con mujer. Blanquear el pecado por el ennegrecimiento de esa repugnancia natural, tildándola como “homofobia”, es mental y moralmente enfermizo.
Sin embargo, “para los contaminados e incrédulos, nada hay limpio” (Tito I, 15). Para las mentes enfermas, no puede existir un amor limpio entre varón y varón. Por lo tanto, cuando la Escritura (II Reyes I, 26) nos presenta una historia de amor tan extremadamente noble como el llanto de David por su amigo Jonathan muerto —“La angustia me oprime por ti, ¡oh, hermano mío Jonathan! Tú eras toda mi delicia; tu amor era para mí más precioso que el amor de las mujeres; como una madre ama a su hijo único, así te amé”— estas mentes enfermas declararán que este amor debe ser aprobado, ya que no podría ser nulo de pecado, pero sólo debido a que condenan como pecado la “homofobia”.
En el caso de Shakespeare, el amor por el joven que hizo famoso en sus Sonetos, es seguramente similar. Muchas de esas piezas literarias nos dicen cómo este joven estaba adornado con una belleza comparable a la de las mujeres, o incluso más bello, dice Shakespeare. Y, aparentemente, los que ahora tratan de reclutar al bardo para sus filas, invocan en particular el soneto 20 para probar su perversión. Pero yo me pregunto: ¿saben ellos leer? Las primeras ocho líneas de este soneto parecen elogios a la belleza femenina de ese joven, pero en los siguientes cuatro versos pasa a relatar cómo la Naturaleza lo había dotado también con características masculinas (L.12), no para el goce de Shakespeare, sino para deleite de las mujeres ( L.13). ¿Conclusión? “Mío es tu amor, y de ellas el uso de su tesoro” (L.14).
Si las personas que permanecen atrapadas en el vicio contra la naturaleza, hacen todo lo posible para salir de él, se merecen la simpatía de todas las almas sanas. Pero si se revuelcan en su perversión como para pretender que héroes cuerdos del pasado son como ellos, tienen que ser denunciados con energía y claridad… ¡en tanto no sea ilegal hacerlo! Kyrie eleison.
Artículo del 30 de Mayo de 2009
Simples reclamaciones
Asumiendo que el Concilio Vaticano II estableció dentro de la Iglesia Católica una seria división entre la Verdad Católica y la Autoridad, dijimos en nuestro “Comentario eleison” de hace tres semanas (“Nota de Radio Cristiandad: Ver nuestra entrada del 10 de Mayo, traducida por nosotros como “Contradicción llana”), que se ha dividido a los católicos entre los que se aferran a la Verdad Católica y tienen problemas con la Autoridad, y los que se aferran a la Autoridad Católica y tienen problemas con la Verdad o sus doctrinas; por ejemplo, en lo relativo a la libertad religiosa.
Crear un paralelo entre los “conciliaristas” que siguen el Concilio Vaticano II y los “tradicionalistas” que obedecen a la antigua doctrina y su liturgia, puede significar un gran choque para muchos de entre ambos, por las razones evocadas más arriba; pero vamos a apelar a la realidad de la Iglesia que nos rodea. ¿Acaso no vemos que los tradicionalistas que rechazan a las actuales autoridades de la Iglesia Católica se arriesgan a perder su sentido católico, así como los conciliaristas que hoy desprecian a los tradicionalistas (como sucede con la mayoría de los obispos alemanes) corren el riesgo de dejar de ser católicos por falta de sentido de la Verdad doctrinal?
Sin embargo, el paralelo no va muy lejos. Aunque el puro y simple “sedevacantismo” y el Neomodernismo simple y puro son comparables en ese aspecto lógico, por lo demás no son equivalentes, porque la Verdad es superior a la Autoridad, que sólo existe para servir a la Verdad. Si toda Autoridad desaparece, la Verdad permanece allí (“Mis palabras no pasarán”, dice el Señor; Mc., XIII, 31). Pero si toda la Verdad se sepulta bajo una parva de mentiras, como está sucediendo hoy, habremos de ver —como estamos viendo— el descrédito de toda autoridad, que es suplantada por la fuerza bruta. La Verdad y su consecuente Justicia son la sangre vital de la Autoridad; la Autoridad no es más que servidora y protectora de la Verdad y la Justicia.
Esto explica por qué los tradicionalistas que se aferran a la Verdad son, como tales —repito, como tales— mejores católicos que los conciliaristas que se aferran a la Autoridad; ¡juzguemos por los frutos! Y mientras la Verdad —por su naturaleza de correspondencia con el objeto y no con el sujeto— no puede inclinarse ante la Autoridad, por el contrario, las autoridades de la Iglesia, los Papas, Cardenales y Obispos, un día deberán inclinarse de nuevo ante la Verdad; y cuanto antes lo hagan, mejor . Tampoco se está planteando, ni de forma remota, una arrogante reclamación por parte de los tradicionalistas, como el Cardenal Ratzinger opinó una vez, porque los tradicionalistas nunca inventaron la Tradición, La Tradición fue un don, dado por los que fueron fieles, a aquellos que simplemente asumen su denominación. El Arzobispo Lefebvre hizo grabar en su lápida las palabras de San Pablo “Tradidi quod et accepi” (I Cor. XI, 23) porque él fue el primero en sostener que no había hecho más que transmitir lo que le había sido dado.
Esta primacía fundamental de la Verdad sobre la Autoridad se aplica dentro y fuera de la Iglesia Católica, dentro y fuera de cualquier parte de la Iglesia. Pero las almas modernas han perdido casi todo asidero en la Verdad. Ahí está el drama. Kyrie eleison.
[1] Papa Pío VI, “Por qué nuestra voz”,

“Ave Maria Purissima”
-Sine Labe Originali Concepta-
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Sr. Director, Caros hermanos, en la ünica fe verdadrera, saludos en los sagrados corazones de Nuestro Señor JesuCristo y la Santisima Virgen Maria.
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Aqui, ni Jodelito aparece, (sera que no le conviene?
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SEA PARA GLORIA DE DIOS
Alberto he visto que apareces mucho en esta pagina comentando,y al ver tu posicion a travez de tus comentarios me intriga la pregunta de saber donde vas a misa los domingos a la fraternidad? ¿de donde sos?.se ve que estas muy formado… aunque no quiera decir que estoy de acuerdo en todo ( ni siquiera un poco). he visto que aca muchos comentarios tuyos y de otros subidos un poco de tono en especial contra las autoridades la fraternidad… me pregunto si esa formacion tan alta que tenes esta acompañada de una vida espiritual todavia mas alta, (ir a misa entre semana, rosario diario, primeros sabados y viernes, comunion frecuente, etc.) o sea lo minimo que un «catolico» como vos con esa formacion deberia tener, porque de que sirve saber tanto y criticar tanto( aunque lo puedas hacer de buena intencion) si no va acompañado de esa practica espiritual…. no digo que no la tengas, solo me da esa impresion.. espero equivocarme
“Ave Maria Purissima”
-Sine Labe Originali Concepta-
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Sr. Director, Caros hermanos, en la ünica fe verdadrera, saludos en los sagrados corazones de Nuestro Señor JesuCristo y la Santisima Virgen Maria.
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Ignacio:
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La proclama del error, al ser enemigo der la VERDAD, y esta parte del Mismo DIOS por quien se vive, No me autoriza, Me obliga, a intervenir, denunciandole y combatiendole, DIOS no nos da talentos para que los guardemos, so pena de ser lamados siervos inútiles, y perros mudos; por otra parte, de poco bueno, me serviria recomendarme a mi mismo, en cuanto al conjunto de menesteres imperiosos para todo aquel que quiere estar adozado a los Divinos preceptos, por lo que en obvio, omitere responderte acerca de las practicas que mencionas cuestionando a este émulo de siervo, solo te puedo contestar con un principio lógico, «La nada es nada Y nada produce» las gratias gratis datas, son dadas gratuitamente, pero si dejas que sequen, no retoñan, que estes bien.
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SEA PARA GLORIA DE DIOS