
Este domingo los habitantes de la ciudad de Río Negro recordarán a Artémides Zatti, un laico consagrado a la religión católica que se dedicó a las acciones solidarias durante 40 años. Fue beatificado en 2002 y es objeto de devoción popular.
Por Carlos Espinosa (Télam)
Este domingo se cumplen 58 años de la muerte del enfermero Artémides Zatti, más conocido como Don Zatti y «el pariente de todos los pobres», un laico consagrado a la religión católica que durante 40 años realizó acciones solidarias en Viedma, Río Negro.
Su recuerdo sigue presente, a través del testimonio de personas mayores de 70 años que fueron sus pacientes, pero también en los relatos familiares, que lo pintan de cuerpo entero: grandote, dueño de un fuerte vozarrón, con una eterna sonrisa en el rostro y siempre montado en bicicleta.
Don Zatti fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 14 de abril de 2002, pero desde mucho antes era considerado un santo en la devoción popular de la capital rionegrina, donde llevan su nombre el hospital público de la ciudad, un barrio, una avenida y un colegio católico.
Susana Pazos, maestra jubilada y presidenta de la cooperadora de ese centro de salud, el de mayor complejidad en la zona este de Río Negro, activa integrante de la comisión ‘Amigos de Don Zatti’, dijo que el enfermero «fue un hombre bueno, pero sobre todo fue un militante de la vida».
«Cuando Viedma era un pueblo de calles de barro y luces mortecinas, Don Zatti lo recorría de punta a punta en su bicicleta, sobre todo por los barrios más pobres, para atender a los enfermos en sus casas, aplicando inyecciones, fomentos y haciendo curaciones» recordó.
En este sentido coincidió con el sacerdote Raúl Entraigas, conocido historiador religioso que lo llamó «el pariente de todos los pobres», y apuntó que «muchas veces acompañaba hasta sus últimos momentos a esos viejitos solos, abandonados por sus familias, que internaba en el hospital de los salesianos».
Artémides Zatti nació en Italia, en Boretto, el 12 de octubre de 1880 y llegó a la Argentina como inmigrante en 1897, donde se radicó en Bahía Blanca y se relacionó con la obra de Don Bosco e inició estudios sacerdotales.
Como aspirante, le tocó atender al cura Ernesto Giuliani, que agonizaba por la tuberculosis, y contrajo la misma enfermedad, por lo que sus superiores lo mandaron a Viedma para ponerlo al cuidado del médico religioso Evasio Garrone, en el hospital de la misma congregación salesiana.
Cuentan los estudiosos de su vida que su estado era delicado, pero hizo una solemne promesa ante la Virgen María Auxiliadora: si se curaba, aunque ya no pudiera recibir los óleos sacerdotales, se consagraría toda la vida a curar a los enfermos pobres.
En su convalecencia le tocó ser el tutor de otro joven, algunos años menor que él, que también había llegado a Viedma para curarse la tisis, el indiecito mapuche Ceferino Namuncurá, quien a pesar de todas las atenciones habría de morir, en Roma, en 1905.
Zatti, en cambio, curó sus pulmones y cumplió la palabra empeñada, por lo que durante 40 años asumió el rol de enfermero de tiempo completo, altruista, solidario, siempre dispuesto, a cualquier hora del día.
Tenía 80 años cumplidos, a fines de 1950, cuando una caída desde una escalera, en donde hacía un arreglo de un techo del hospital salesiano, le provocó un tumor hepático, del que no pudo reponerse y le ocasionó la muerte el 15 de marzo de 1951.
El afecto de los viedmenses, tanto católicos como agnósticos, hizo que se juntaran los fondos necesarios para encargarle al calificado escultor Luis Perlotti el monumento en su honor, descubierto al cumplirse el primer quinquenio de su desaparición.
La Santa Sede recibió las primeras peticiones para su consagración en los altares en los años 60, pero el juicio de beatificación se inició recién en marzo de 1980; y diez años después fue confirmada científicamente una curación milagrosa por su advocación.
Fue el caso del entonces seminarista Carlos Bosio, quien estuvo al borde de la muerte en 1980, afectado por una infección intestinal generalizada por peritonitis, y cuando los médicos del hospital Muñiz ya lo daban por desahuciado, mientras sus condiscípulos le rezaban a Zatti, tuvo una súbita e inexplicable mejoría.
Los venerados restos de Don Zatti se conservan en la capilla Don Bosco de Viedma, punto final de la solemne procesión que se realiza todos los años para esta fecha.
Fuente: Télam
