FRAGMENTO DEL TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A MARÍA‏

De San Luis Mª Grignon de Monfort

Para comprender bien esta práctica es preciso recordar:

1º que la Sma. Virgen es el verdadero paraíso terrestre del nuevo Adán. El antiguo paraíso era solamente una figura de éste.
Hay en este paraíso riquezas, hermosuras, maravillas y dulzuras inexplicables, dejadas en él por el nuevo Adán, Jesucristo. Allí encontró El sus complacencias durante nueve meses, realizó maravillas e hizo alarde de sus riquezas con la magnificencia de un Dios;

Este lugar santísimo fue construido solamente con una tierra virginal e inmaculada, de la cual fue formado y alimentado el nuevo Adán, sin ninguna mancha de inmundicia, por obra del Espíritu Santo que en él habita;

En este paraíso terrestre se halla el verdadero árbol de vida, que produjo a Jesucristo, fruto de vida; el árbol de la ciencia del bien y del mal, que ha dado la luz al mundo;

Hay en este divino lugar árboles plantados por la mano de Dios, regados por su unción celestial y que han dado y siguen dando frutos de exquisito sabor;

Hay allí jardines esmaltados de bellas y diferentes flores de virtud, que exaltan un perfume que embalsama a los mismos ángeles;

Hay en este lugar verdes praderas de esperanza, torres inexpugnables de fortaleza, moradas llenas de encanto y seguridad, etc.

Sólo el Espíritu Santo puede dar a conocer la verdad que se oculta bajo estas figuras de cosas materiales.

Se respira en este lugar al aire puro e incontaminado de pureza sin imperfección, brilla el día hermoso y sin noche de la santa humanidad, irradia el sol hermoso y sin sombras de la divinidad, arde el horno encendido e inextinguible de la caridad en el que el hierro se inflama y transforma en oro, corre tranquilo el río de l a humildad, que brota de la tierra y, dividiéndose en cuatro brazos, riega todo este delicioso lugar: son las cuatro virtudes cardinales.

262. 2º El Espíritu Santo, por boca de los Santos Padres, llama también a María:

1. la puerta oriental, por donde entra al mundo y sale de él el Sumo Sacerdote, Jesucristo: por ella entró la primera vez y por ella volverá la segunda;

2. el santuario de la divinidad, la mansión de la Sma. Trinidad, el trono de Dios, el altar y el templo de Dios, el mundo de Dios.

Epítetos y alabanzas muy verdaderos, cuando se refieren a las diferentes maravillas y gracias que el Altísimo ha realizado en María.

¡Qué riqueza! ¡Qué gloria! ¡Qué placer! ¡Qué dicha! Poder entrar y permanecer en María en quien el Altísimo colocó el trono de su gloria suprema.

263. Pero, qué difícil es a pecadores como nosotros obtener el permiso, capacidad y luz suficientes para entrar en lugar tan excelso y santo, custodiado ya no por un querubín como el antiguo paraíso terrenal sino por el mismo Espíritu Santo, que ha tornado posesión de él y dice: «Un jardín cercado es mi hermana, mi esposa; huerto cerrado manantial bien guardado». ¡María es jardín cercado! ¡María es manantial sellado! Los miserables hijos de Adán y Eva, arrojados del paraíso terrenal no pueden entrar en este nuevo paraíso, sino por una gracia excepcional del Espíritu Santo, que ellos deben merecer.

264. Después de haber obtenido, mediante la fidelidad, esta gracia insigne, es necesario permanecer el hermoso interior de María con alegría, descansar allí en paz, apoyarse en él confiadamente, ocultarse allí con seguridad y perderse en él sin reserva, a fin de que, en este seno virginal:

1º te alimenten con la leche de la gracia y misericordia maternal de María;

2º te liberes de toda turbación, temor y escrúpulo;

3º te pongas a salvo de todos tus enemigos: demonio, mundo y pecado, que jamás pudieron entrar en María. Por esto dice Ella misma: «Los que trabajan en mí no pecarán», esto es, los que permanecen espiritualmente en la Sma. Virgen no cometerán pecado considerable;

4º te formes en Jesucristo y Jesucristo sea formado en ti. Porque, el seno de María dicen los Padres es la sala de los sacramentos divinos, donde se han formado Jesucristo y todos los elegidos: «Uno por uno, todos han nacido en Ella»

4. Obrar para María o al servicio de María

265. Finalmente, hay que hacerlo todo para María.

Estando totalmente consagrado a su servicio, es justo que lo realices todo para María, como lo harían el criado, el siervo y el esclavo, respecto a su patrón. No que la tomes por el fin último de tus patrón. No que la tomes por el fin último de tus servicios que lo es Jesucristo sino como fin próximo, ambiente misterioso y camino fácil para llegar a El.
Conviene, pues, que no te quedes ocioso, sino que actúes como el buen siervo y esclavo. Es decir, que apoyado en su protección, emprendas y realices grandes empresas por esta augusta Soberana.

En concreto, debes:

* defender sus privilegios, cuando se los disputan;
* defender su gloria, cuando se la ataca;
* atraer, a ser posible, a todo el mundo a su servicio y a esta verdadera y sólida devoción;
* hablar y levantar el grito contra quienes abusan de su devoción; y al mismo tiempo establecer en el mundo esta verdadera devoción;
* y no esperar en recompensa de este humilde servicio sino el honor de pertenecer a tan noble Princesa y la dicha de vivir unido por medio de Ella a Jesús, su hijo, con lazo indisoluble en el tiempo y la eternidad.

¡Gloria a Jesús en María!
¡Gloria a María en Jesús!
¡Gloria a solo Dios!

CAPITULO VI

Práctica de la Consagración Total en la Sagrada Comunión

A. Antes de la Comunión.

266. 1º Humíllate profundamente delante de Dios.
2º Renuncia a tus malas inclinaciones y a tus disposiciones, por buenas que te las haga ver el amor propio.
3º Renueva tu consagración diciendo «¡Soy todo tuyo, oh María, y cuanto tengo es tuyo!»
4º Suplica a esta bondadosa Madre que te preste tu corazón para recibir en él a su Hijo con sus propias disposiciones. Le harás notar cuanto importa a la gloria de su Hijo que no entre en un corazón tan manchado e inconstante como el tuyo, que no dejaría de menoscabar su gloria y hasta llegaría a apartarse de El. Pero que si Ella quiere venir a morar en ti para recibir a su Hijo, puede hacerlo, por el dominio que tiene sobre los corazones, y que su Hijo será bien recibido por Ella sin marcha ni peligro de que sea rechazado: «Teniendo a Dios en medio, no vacila».

Dile con absoluta confianza que todos los bienes que le has dado valen poco para honrarla. Pero que, por la Sda. Comunión, quieres hacerle el mismo obsequio que le hizo el Padre eterno: obsequio que la honrará más que si le dieses todos los bienes del mundo.

Dile, finalmente, que Jesús, que la ama en forma excepcional, desea todavía complacerse y descansar en Ella aunque sea en tu alma, más sucia y pobre que el estado en donde Jesús se dignó nacer porque allí estaba Ella.

Pídele su corazón con estas tiernas palabras: «¡Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón»!

B. En la Comunión

267. Dispuesto ya a recibir a Jesucristo, después del Padrenuestro, le dirás tres veces: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa…», como si dijeses, la primera vez al Padre eterno que no eres digno de recibir a su Hijo único, a causa de tus malos pensamientos e ingratitudes para con un Padre tan bueno, pero que ahí está María, su esclava, que ruega por ti y te da confianza y esperanza singulares ante su Majestad: Porque tú solo me das seguridad.

268. Al Hijo le dirás: «Señor, no soy digno, etc.» que no eres digno de recibirle a causa de tus palabras inútiles y malas y de tu infidelidad en su servicio, pero que no obstante, le suplicas tenga piedad de ti, que le introducirás en l a casa de su propia Madre que es también tuya y que no le dejarás partir hasta que venga a habitar en Ella: «Cuando encontré al amado de mi alma; lo abracé y no lo soltaré más hasta que lo haya hecho entrar en la casa de mi madre…» Ruégate que se levante y venga al lugar de su reposo y al arca de sus santificación: «Levántate, Señor, ven a tu mansión; ven con el arca de tu poder». Dile que no confías lo más mínimo en tus méritos, ni en tus fuerzas y preparaciones como Esaú sino en los de María, tu querida Madre como el humilde Jacob en los cuidados de Rebeca; que, por muy pecador y Esaú que seas, te atreves a acercarte a su santidad, apoyado y adornado con los méritos y virtudes de su Sma. Madre.

269. Al Espíritu Santo le dirás; «Señor, no soy digno…» que no eres digno de recibir la obra maestra de su amor a causa de la tibieza y maldad de tus acciones y de la resistencia de sus aspiraciones, pero que toda su confianza es María, su fiel Esposa. Dile con San Bernardo: «Ella es mi suprema confianza y la única razón de mi esperanza». Puedes también rogarle que venga a María, su indisoluble Esposa. Dile que su seno es tan puro y su corazón está tan inflamado como nunca y que si no desciende a tu alma, ni Jesús ni María podrán formarse en ella ni ser en ella dignamente hospedados.

C. Después de la Comunión.

270. Después de la Sda. Comunión, estando recogido interiormente y cerrados los ojos, introducirás a Jesucristo en el Corazón de María. Se lo entregarás a su Madre, quien lo recibirá amorosamente, lo colocará dignamente, lo amará perfectamente, lo abrazará estrechamente y le rendirá en espíritu y verdad muchos obsequios que desconocemos a causa de nuestras espesas tinieblas.

271. O te mantendrás profundamente humillado dentro de ti mismo, en presencia de Jesús que mora en María. O permanecerás como el esclavo a la puerta del palacio del Rey, quien dialoga con la Reina. Y mientras ellos habían entre sí, dado que no te necesitan, subirás en espíritu al cielo e irás por toda la tierra a rogar a las creaturas que den gracias, adoren y amen a Jesús y a María en nombre tuyo: Vengan, adoremos, etc.

272. O pedirás tú mismo a Jesús, en unión de María, la llegada de su reino a la tierra por medio de su Sma. Madre, o la divina Sabiduría, o el amor divino, o el perdón de tus pecados, o alguna otra gracia, pero siempre en María y por María, diciendo, mientras fijas los ojos en tus pecados, añadirás: «Algún enemigo lo ha sembrado». Yo, que soy mi mayor enemigo: yo cometí esos pecados. O también :»Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa contra gente sin piedad; sálvame del hombre traidor y malvado», que soy yo mismo. O bien: «Jesús mío, conviene que tú crezca en mi alma y que yo disminuya. María es necesario que tú crezcas en mí y que yo sea menos que nunca. ¡Oh Jesús! ¡Oh María! ¡Crezcan en mí! ¡Multiplíquense fuera, en los demás!

273. Haya mil pensamientos más que el Espíritu Santo sugiere y te sugerirá también a ti, si eres verdaderamente hombre interior, mortificado y fiel a la excelente y sublime devoción que acabo de enseñarte. Pero, acuérdate que cuanto más permitas a María a obrar en tu Comunión, tanto más será glorificado Jesucristo, y que tanto más dejarás obrar a María para Jesús y a Jesús para María, cuanto más profundamente te humildes y los escuches en paz y silencio, sin inquietarte por ver, gustar o sentir. Porque el justo vive en todo de la fe y particularmente en la Sagrada Comunión que es acto de fe: «El justo mío, si cree, vivirá».

Consagración

Consagración de sí mismo a Jesucristo, la Sabiduría encarnada,
por medio de María

(El Amor de la Sabiduría Eterna, 223-227)

¡Oh Sabiduría eterna y encarnada! ¡Oh amable y adorable Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo único del Padre Eterno y de María, siempre Virgen! Os adoro profundamente en el seno y en los esplendores de vuestro Padre, durante la eternidad, y en el seno virginal de María, vuestra dignísima Madre, en el tiempo de vuestra Encarnación.
Os doy las gracias porque os habéis anonadado tomando la forma de un esclavo para sacarme de la cruel esclavitud del demonio. Os alabo y glorifico porque os habéis sometido a María, vuestra Santa Madre, en todo, a fin de hacerme por Ella vuestro fiel esclavo. Pero ¡ay! ingrato e infiel como soy, no he cumplido las promesas que tan solemnemente os hice en el Bautismo; no he guardado mis deberes, no he merecido ser llamado vuestro hijo ni vuestro esclavo, y como nada hay en mí que no merezca vuestra repulsa y vuestra cólera, no me atrevo a aproximarme por mí mismo a vuestra Santísima y Augusta Majestad. Por esto he recurrido a la intercesión de vuestra Santísima Madre, que Vos me habéis dado como medianera para con Vos, y por este medio espero obtener de Vos la contricción y el perdón de mis pecados, la adquisición y la conservación de la Sabiduría.

Os saludo, pues, ioh María Inmaculada! tabernáculo viviente de la Divinidad, en donde la Sabiduría eterna escondida quiere ser adorada por los ángeles y los hombres. Os saludo, ioh Reina del cielo y de la tierra!, a cuyo imperio está todo sometido, todo lo que está debajo de Dios. Os saludo, ¡oh refugio seguro de los pecadores! cuya misericordia no falta a nadie; escuchad los deseos que tengo de la divina Sabiduría, y recibid para ello los votos y las ofertas que mi bajeza os presenta:

Yo, N…, pecador infiel, renuevo y ratifico en vuestras manos los votos de mi bautismo. Renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y me entrego enteramente a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, para llevar mi cruz tras El todos los días de mi vida. Y a fin de que le sea más fiel de lo que he sido hasta ahora, os escojo hoy, ¡oh María!, en presencia de toda la corte celestial, por mi Madre y mi Señora. Os entrego y consagro en calidad de esclavo mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores, y aun el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras, otorgándoos un entero y pleno derecho de disponer de mí y de todo lo que me pertenece, sin excepción, a vuestro agrado, a la mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad.

Recibid, ¡oh Virgen benignísima!, esta pequeña ofrenda de mi esclavitud en honor y unión de la sumisión que la Sabiduría encarnada quiso observar para con vuestra Maternidad; en homenaje del poder que ambos tenéis sobre este pequeño gusano y miserable pecador; y en acción de gracias por los privilegios con que os dotó la Santísima Trinidad.
Protesto que para en adelante quiero, como verdadero esclavo vuestro, procurar vuestra honra y obedeceros en todo.

¡Oh Madre admirable!, presentadme a vuestro querido Hijo en calidad de eterno esclavo, a fin de que como me rescató por Vos, me reciba de vuestras manos. ¡Oh Madre de misericordia!, hacedme la gracia de alcanzarme la verdadera sabiduría de Dios y de colocarme a este efecto en el número de los que amáis, enseñáis, guiáis, alimentáis y protegéis como hijos y esclavos vuestros. ¡Oh Virgen fiel!, hacedme en todo tan perfecto discípulo, imitador y esclavo de la Sabiduría encarnada, Jesucristo, vuestro Hijo, que por vuestra intercesión y a ejemplo vuestro, llegue, a imitación vuestra, a la plenitud de la perfección sobre la tierra y de la gloria en los cielos. Así sea.

5 comentarios sobre “FRAGMENTO DEL TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A MARÍA‏

  1. ESTO ES ORO PURO

    Una de las prácticas devocionales más fructuosas de nuestra Santa Madre Iglesia, y con mucho LA MAS NECESARIA EN ESTOS ULTIMOS TIEMPOS….

    San Luis Ma. Grignon de Monfort
    Ruega Por nosotros

    INMACULADO CORAZON DE MARIA
    SE LA SALVACION DEL ALMA MIA

  2. Amiga Adriana no me cabe la menor duda que tu y yo pertenecemos al mismo equipo.

    SI YO CONFIO EN TI ¡OH MADRE DE DIOS! ME SALVARE
    PROTEGIDO POR TI, A NADA TEMERÉ
    CON TU AUXILIO, COMBATIRÉ A MIS ENEMIGOS Y LOS PONDRE EN FUGA
    PORQUE EL SER DEVOTO TUYO
    ES UN ARMA DE SALVACIÓN
    QUE DIOS DA, A LOS QUE QUIERE SALVAR

    San Luis Ma. Grigñon de Monfort

  3. Me da mucho gusto saberlo, Andy y creo que sería muy bueno difundir esta devoción

    En Los Sagrados Corazones de Jesús y María
    Adriana

Los comentarios están cerrados.