LOS ERRORES QUE IMPUTAMOS AL CONCILIO VATICANO II (2)

1. ERRORES CONCERNIENTES A LA NOCION DE TRADICION Y DE VERDAD CATOLICA

1.0 Un concepto erróneo de la sagrada tradición, entendida como conjunto de enseñanzas gracias a las cuales la Iglesia

«tiende constantemente, en el decurso de los siglos, a la plenitud de la verdad divina [ad plenitudinem divinae veritatis iugiter tendit], hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios» (Dei Verbum § 8).

¡Como si la tradición, que custodia el depósito de la fe desde el tiempo de la predicación apostólica, no poseyera ya “la plenitud de la verdad divina”! ¡Como si pudiera haber algo que añadirle o que modificar en ella!.

Esta noción de una “tensión incesante” de la Iglesia hacia la “plenitud de la verdad” contradice abiertamente a la del “depósito de la fe” (I Tim 6, 20), y se vincula al subjetivismo característico del pensamiento moderno, profesado por la “Nouvelle Théologie”, para el cual todo está siempre en movimiento, en progreso continuo, y no existe una verdad absoluta, sino tan solo la tensión incesante del sujeto hacia una verdad que, a lo último, es él mismo quien se la da.

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1.1 La increíble afirmación, contraria al sentido común además de a toda la tradición, según la cual…

«Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una reforma perenne, de la cual tiene siempre necesidad la propia Iglesia, en cuanto institución humana y terrena»; reforma que debe comprender también «la manera de exponer la doctrina, que debe distinguirse cuidadosamente del mismo depósito de la fe» (Unitatis Redintegratio § 6; también Gaudium et Spes § 62):

… se trata de un principio ya proclamado en las versiones en lengua vernácula del discurso inaugural de Juan XXIII del 11/10/1962, y ratificado después al pie de la letra por dicho Papa (un principio, empero, que ya condenaron San Pío X (Pascendi, § 11, c; Lamentabili, §§ 63 y 64: Denzinger §§ 2064-5) y Pío XII (Humani Generis, AAS 1950, §§ 565-566) (cf. supra).

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1.2 La proposición…

«la verdad no se impone de otra manera sino por la fuerza de la misma verdad [nisi vi ipsius veritatis], que penetra suave y fuertemente en las almas» (Dignitatis Humanae 1),

… profesada por el concilio para justificar la libertad religiosa, es absolutamente falsa en relación con las verdades del catolicismo, puesto que ellas, en cuanto verdades divinitus reveladas, sobrepujan la capacidad de nuestra inteligencia y no puede creerse en ellas sin la ayuda de la gracia (por eso se he enseñado siempre que “la fe es un don de Dios”).

Además, dicha aserción niega de hecho las consecuencias del pecado original sobre la inteligencia y la voluntad, heridas y debilitadas por aquél y, por ende, propensas al error y fascinadas por el engaño.

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2. ERRORES CONCERNIENTES A LA SANTA IGLESIA Y A LA BEATÍSIMA VIRGEN

2.0 Una idea equivocada sobre la santa Iglesia (conocida como el error del subsistit in): a la Iglesia no se la concibe ya como la Iglesia única y verdadera de Cristo (conforme se ha enseñado siempre), puesto que se osa escribir que

… la “Iglesia de Cristo” (…) «subsiste en la Iglesia católica», igual que subsisten «fuera de ella muchos elementos de santificación y de verdad», a título de «dones propios de la Iglesia de Cristo» (Lumen Gentium § 8; también: Dignitatis Humanae § 1; Unitatis Redintegratio § 3);

lo que equivale a sostener, contra el dogma de la fe, que las almas se salvan también fuera de la Iglesia católica –la cual, pues, no constituye ya el único “medio de salvación”– y que también las comunidades heréticas y cismáticas son “medios de salvación” (UR § 3), a despecho de sus “defectos”, porque «el Espíritu de Cristo no rehuyó servirse de ellas como de medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de gracia y de verdad que se confió a la Iglesia católica» (UR § 3 cit.).

A la Iglesia católica se le deja aún “la plenitud total de los medios salvíficos”, puesto que es «auxilio general de la salvación [generale auxilium salutis]» (ivi). Pero al proceder así se la rebaja de medio único de salvación, a mero “auxilio general” (expresión oscura), que posee la plenitud total de los medios salvíficos” (aunque sólo la “plenitud” de ellos, no la unicidad de los mismos, como antes). Lo que significa que, in mente Concilii, hay medios menos plenos de salvación, por decirlo así, pero que, con eso y todo, la confieren (salvación que no puede ser menos plena de suyo, dado que es imposible concebir una salvación a medias); medios que se hallan también, según parece, en los denominados “hermanos separados”, visto que éstos gozan asimismo de la asistencia del Espíritu Santo, no a título de individuos, sino cabalmente en cuanto comunidades herejes y cismáticas.

Tenemos que habérnoslas con un error teológico manifiesto, puesto que las comunidades “separadas” son tales precisamente porque rechazaron la asistencia del Espíritu Santo a fin de correr tras los propios errores que las condujeron a la separación. Esta nueva doctrina del concilio resulta ser, además, inconsistente en el plano lógico, porque no se comprende cómo unos medios de salvación “defectuosos” y, por ende, menos plenos que los de la Iglesia católica, pueden conferir la misma salvación brindada por esta última: a medios desiguales deberían corresponder resultados desiguales, no idéntico resultado.

Nota sobre la Dominus Iesus

Muchos católicos se alegraron de la Declaratio Dominus Iesus (A.D. 2001), que repitió el subsistit de la Iglesia de Cristo en la Iglesia católica, así como el principio según el cual la Iglesia católica es la única que goza de la “plenitud” de los medios de salvación. Sin embargo, para ser conforme con el depósito de la fe, la Declaratio habría debido decir que la Iglesia de Cristo subsiste sólo en la Iglesia católica, en lugar de decir –en sintonía perfecta con Lumen Gentium y Unitatis Redintegratio– que la «Iglesia de Cristo, a pesar de las divisiones de los cristianos, continúa existiendo plenamente sólo en la Iglesia católica» (DI § 16).

El adverbio “plenamente” es el que no cuadra bien, puesto que se quiere significar con él que la Iglesia de Cristo continuó y continúa existiendo, bien que no plenamente, en “elementos” que, pese a hallarse fuera de la Iglesia católica, con todo, confieren salvación.

Precisamente tal concepto es el que contradice al dogma bimilenario Extra Ecclesiam nulla salus. En efecto, la verdad proclamada en este dogma (nulla salus: ninguna salvación) es la siguiente: fuera de la Iglesia católica, Iglesia única y legítima de Cristo por los siglos de los siglos, no hay ni puede haber “medios de salvación”, sean más plenos o menos, es decir, “medios” que pueden procurar la salvación porque existen gracias a “iglesias” o “comunidades” heréticas y cismáticas en cuanto tales.

Fuera de la Iglesia no hay otra cosa más que la posibilidad de una salvación individual del hereje o cismático material, esto es, del hereje de buena fe, que comparte las doctrinas de su secta por ignorancia inculpable de la doctrina católica, y que busca sinceramente cumplir en todo la voluntad de Dios.

Ésta es la doctrina del bautismo de deseo implícito, que se aplica también a los acristianos: si el infiel o el hereje de ánimo pío y devoto hubiese conocido a la Iglesia o la auténtica doctrina de ésta, se habría adherido a ellas. Extra Ecclesiam (visible) no existe, pues, nada más que la posibilidad de una salvación individual, que puede tener lugar por obra del Espíritu Santo, no obstante la pertenencia material del hereje, del cismático, del infiel, a su secta, comunidad o religión, y no porque tal secta o comunidad represente un elemento de la Iglesia de Cristo en el que obre, aunque resida en él de manera imperfecta, la «misma plenitud de gracia y de verdad que se confió a la Iglesia católica» (Unitatis Redintegratio cit.).

Hay más. Tanto el Vaticano II cuanto la Dominus Iesus tienden a aplicar este gravísimo error doctrinal incluso a todas las religiones acristianas, las paganas inclusive, porque ambos llevan el sello de la falsa doctrina según la cual «las semillas del Verbo [semina Verbi]» (de la Verdad Revelada) aparecieron de algún modo en tales religiones y allí siguen.

Cotéjese Lumen Gentium § 17, Gaudium et Spes § 36, Ad Gentes §§11 y 18, y Nostra Aetate § 2 con DI §§ 12, 13 y 14.

Los “elementos” de verdad y santificación supuestamente existentes en las comunidades de los herejes y cismáticos tienen, pues, su paralelo en las “semillas del Verbo” que se quiere imaginar presentes en el paganismo antiguo y moderno y en las religiones que se autoproclaman reveladas.

La falsa doctrina de los semina Verbi deriva de una manipulación del pensamiento de los Padres de la Iglesia (San Justino y Clemente de Alejandría), quienes habían visto «una como simiente del Verbo divino» en las intuiciones de ciertas verdades especulativas y éticas, próximas al orden establecido por el Dios verdadero en el mundo y en el hombre, que alcanzaron algunos filósofos (Platón y Aristóteles) y poetas griegos; dicho reconocimiento se limitaba nada más que a las justas intuiciones de tales filósofos y poetas, y, por ende, no se extendía a la religión pagana, a la que nunca dejaron de considerar, en armonía con la Escritura, «culto al demonio» (Salmo 95; I Cor 10, 20). Fue la neoteología la que incluyó arbitrariamente a la religión pagana en el testimonio de los Padres (cf. sì sì no no, ed. italiana, 1997 (XXIII) 9, págs. 1-4; Le sel de la Terre nº 38, otoño del 2001, págs. 1 a 4).

Así, pues, el error del Vaticano II ha pasado a la Dominus Iesus. Se continúa enseñando que las comunidades heréticas y cismáticas forman parte de la “Iglesia de Cristo”, aunque gocen ex sese de (presuntos) medios de salvación “defectuosos” y, por ende, menos plenos, y aunque se hallen por tal motivo en una posición de inferioridad en comparación con la Iglesia católica; inferioridad, por otra parte, carente de influencia tocante a la consecución de la salvación, lo que la convierte en algo puramente académico.

Todo lo anterior es absurdo e incoherente, y constituye la negación de la verdad de fe divina y católica según la cual sólo la Iglesia católica es la única y verdadera Iglesia de Cristo, inmutable y fiel en los siglos, y tal, que fuera de ella no hay salvación (Denz. § 802, §§ 3866-3872).

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2.1 La oscura noción de la “Iglesia de Cristo” como “misterio trinitario”; la no menos oscura eclesiología trinitaria, según la cual a la Iglesia del Padre le sucede la del Hijo, y a ésta, la del Espíritu Santo (Lumen Gentium §§ 2-4): idea desconocida para el depósito de la fe, y gracias a la cual, tergiversando un texto de san Ireneo (Adversus Haereses III, 24, 1), se profesa a cara descubierta un rejuvenecimiento y una renovación de la Iglesia por obra del Espíritu Santo, como si estuviéramos en la edad tercera y final de la propia Iglesia (LG 4); tal perspectiva parece ser un eco de los errores de Joaquín de Floris, condenados en el IV concilio de Letrán (año 1215) (el duodécimo en la serie de los concilios ecuménicos) (Denz. 431-3/ §§ 803-807).

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2.2 Una idea equivocada de la colegialidad, jurídicamente anormal puesto que, en contra de la tradición y de la constitución de la Iglesia, comporta dos sujetos titulares del poder supremo de jurisdicción: el Sumo Pontífice y el colegio episcopal (con el Papa como cabeza del mismo), aunque sólo el primero puede ejercerlo libremente (Lumen Gentium § 22 y la nota praevia).

Además, tal idea de la colegialidad entraña la desaparición «de hecho» de la responsabilidad personal de cada obispo en el gobierno de su diócesis al sustituirla por la colectiva de las conferencias episcopales (cuyas decisiones se toman por mayoría de votos) (Christus Dominus § 37), las cuales gozan ahora también de poderes legislativos (CD § 38, 4º), y a las que se reconoce una amplia autonomía en muchos sectores reservados tradicionalmente a la competencia exclusiva de la Santa Sede (v. infra, 3.4, 13.6, 14.0, 15.9).

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2.3 Una interpretación gravemente errónea y ambigua de la definición tradicional de la Iglesia cual “cuerpo místico de Cristo” en el art. 7 de la Lumen Gentium, que está consagrado a ella. En efecto, se lee en él, en su mismísimo comienzo, que

«el Hijo de Dios, encarnado en la naturaleza humana, redimió al hombre y lo transformó en una nueva criatura [hominem redemit et in novam creaturam transformavit] (cf. Gal 6, 15; II Cor 5, 17), superando la muerte con su muerte y resurrección» (Lumen Gentium § 7).

Aquí parece pensarse que la redención ya se verificó para el hombre, visto que se declara que éste se transformó “en una nueva criatura”, no porque creyera en Cristo, o se convirtiera, o se hiciera cristiano con la ayuda del Espíritu Santo, ni tampoco debido a su fe y sus obras, sostenidas por la gracia (según se desprende claramente de Gal 6, 15 y de II Cor 5, 17, citados impropiamente por el concilio), sino por el hecho mismo de verificarse la encarnación de Cristo, su sacrificio y, desde luego, su redención. El “cuerpo místico” lo constituyen, pues, estas “nuevas criaturas”, a las que se considera redimidas de tal modo: es el error de la denominada redención objetiva o anónima, auténtico caballo de batalla de la “Nouvelle Thélogie” (cf. nn. 5.0, 5.1 de la presente sinopsis), que prescinde por completo, con vistas a la salvación, del aporte del libre albedrío, de la fe y de las obras.

Salta a los ojos que al “cuerpo místico de Cristo” se le quiso hacer coincidir, sic et simpliciter, con el género humano (cf. Lumen Gentium § 1).

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2.4 Otra idea sobre la Iglesia, también errónea, es la que concibe a ésta como «pueblo de Dios», en vez de como “cuerpo místico de Cristo” (Lumen Gentium §§ 9-13); constituye una definición que, por una lado, toma la parte por el todo, es decir, toma al “pueblo de Dios” (mencionado en I Pedro 2, 10) por la totalidad de la Iglesia (mientras que dicha expresión no pasaba de ser una alabanza tributada por san Pedro a los conversos procedentes del paganismo: «Vosotros, que un tiempo no erais pueblo, ahora sois pueblo de Dios»), y determina una visión “democrática”, “comunitaria”, de la propia Iglesia, ajena por completo a la tradición católica, pero próxima, en cambio, al modo de sentir de los herejes protestantes; por otro lado, incluye a la jerarquía también en la noción de “pueblo” (y, por ende, en una perspectiva “comunitaria” inusitada e insostenible) al considerar a sus integrantes como “miembros” del “pueblo de Dios” (Lumen Gentium § 13), que parece que participan en el cuerpo místico de Cristo sólo a título de tales, en compañía del resto del “pueblo”.

Esta noción bastarda del “pueblo de Dios” se superpone a la ortodoxa del “cuerpo místico”, en el cual se participa ahora, a lo que parece, en virtud de la pertenencia al colectivo representado por el “pueblo de Dios”. En esta óptica, el sacerdote pierde su significado auténtico porque se convierte en mera función del “pueblo de Dios”, la cual se desempeña en las dos formas del “sacerdocio común de los fieles” y del sacerdocio “ministerial” o “jerárquico” (que es el sacerdocio verdadero y propio, el de los curas; cf. al respecto: infra, nn. 4.1 y 4.3).

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2.5 El oscurecimiento de la noción de la santidad de la Iglesia, que pertenece al depósito de la fe.

En efecto, se escribe que

«la Iglesia [de Cristo; n. de la r.], recibiendo en su propio seno a los pecadores, santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación» (Lumen Gentium § 8, cit.);

… lo cual constituye un error teológico evidente. Porque quien necesita purificarse es el pecador, no la Iglesia ciertamente, dado que el pecador obtiene la purificación gracias a ella.

La santidad y la perfección pertenecen a la Iglesia (católica) en cuanto cuerpo místico de Cristo, fundado por Él y gobernado por el Espíritu Santo: son las mismas del depósito de la fe y de los sacramentos, cuyo custodio es la Iglesia.

Tienen para nosotros una valencia religiosa, metafísica y teológica en la que no pueden hacer mella, ex definitione, las culpas de los eclesiásticos o de los fieles. De ahí que sea desacertado de todo punto escribir, perseverando en el error, que cuantos se confiesan «se reconcilian con la Iglesia, a la que, pecando, infligieron una herida [quam peccando vulneraverunt]» (Lumen Gentium § 11), o que la Iglesia «se reviste de una verdadera santidad, si bien imperfecta» a causa del pecado (Lumen Gentium § 48), que la hiere de continuo: es desacertado porque el pecado ofende a Dios, pero hiere y daña únicamente a quien lo comete (tan es así, que la pena debida por el pecado se aplica solo en lo que respecta al pecador: el juicio es individual). La Iglesia católica, en cuanto tal, no puede ser herida por el pecado de uno de sus miembros más de cuanto puede serlo el depósito de la fe.

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2.6 Una desviación antropocéntrica en la noción de pecado, puesto que al final del art. 13 de la Gaudium et Spes, que está consagrado a ella, se escribe que «el pecado merma al hombre, impidiéndole lograr su propia plenitud [a plenitude consequenda eum repeines]», en lugar de escribir que le impide alcanzar su propia salvación; como si la plenitud del hombre, la ausencia de contradicción consigo mismo, fuese el valor principal (y el constitutivo, por añadidura) de la noción de pecado, el cual es, por el contrario, una ofensa inferida a Dios por la que merecemos se nos castigue (incluso con la condenación eterna: verdad de fe, esta última, nunca recordada por el concilio en ninguno de sus textos).

La atribución a la santa Iglesia de una misión nueva, que no corresponde a nada de cuanto se ha enseñado siempre: realizar la unidad del género humano (cf. supra, sobre el discurso de inauguración de Juan XXIII). Escribe la Lumen Gentium que la «Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Lumen Gentium § 1).

Según esto, a la Iglesia le corre el deber de contribuir al proceso de unificación del mundo –en fase de ejecución por aquel entonces, se pensaba– haciendo que éste alcance «la plena unidad en Cristo» (ivi); lo cual nada tiene de sorprendente, por cierto, visto que «la promoción de la unidad (del género humano) concuerda con la misión íntima de la Iglesia» (Gaudium et Spes § 42).

Pero está claro, pese a lo que algún ingenuo podría seguir pensando a estas alturas, que no se trata de una unidad en función de la salvación de las almas (que habría de conseguirse, como es natural, mediante la conversión al catolicismo): basta considerar que parece resultar de “la unión íntima con Dios” de todo el género humano en cuanto tal.

Y esta idea se introduce en los textos del concilio merced a una reinterpretación heterodoxa, característica de la “nouvelle théologie”, de los dogmas de la encarnación y de la redención, a los que se tuerce con tanta violencia, que se saca de ellos una noción de la redención –denominada “objetiva”– según la cual ésta se verifica en todos los hombres gracias a la encarnación, con independencia de su conciencia y voluntad, como si fueran cristianos “anónimos” (v. supra, sobre el discurso de inauguración de Juan XXIII, y también infra, sec. 5).

La “misión íntima de la Iglesia”, empero, es la indicada por Nuestro Señor resucitado: «Id, pues; enseñad a todas las gentes, bautizándolas…» (Mt 28, 19): no es otra, pues, que la de convertir a Cristo el mayor número posible de almas antes de la parusía, sin dársele una higa por la realización de la unidad del género humano, ideal este importado de la filosofía iluminista y profesado con devoción particular por la francmasonería, quimérico, anticristiano hasta la médula, porque constituye una forma de divinización del hombre, que se enaltece a sí propio y se contempla en la unidad.

El concepto según el cual «también la Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe» (Lumen Gentium § 58), como si ella no hubiese sabido desde la Anunciación que Jesús era el Hijo de Dios, de la misma sustancia que el Padre, el Mesías profetizado.

Otra idea más sobre la Iglesia, gravemente deficitaria porque la reduce a sola su dimensión sociológica, descriptiva, de mera

«sociedad de hombres [societas hominum] que tienen derecho a vivir en la sociedad civil según las normas de la fe cristiana» (Dignitatis Humanae § 13),

 

…echando en olvido su naturaleza de societas genere et iure perfecta en razón se su institución divina y del fin supremo a que tiende, «de suerte que su potestas es muy superior a todas las demás, y no se la puede considerar inferior al poder civil, ni puede estar sometida a él en modo alguno» (León XIII, Immortale Dei, año 1885, Denz. §§ 1865 y 3167).

Esta doctrina tradicional del primado y de la consiguiente potestas indirecta de la Iglesia sobre la sociedad civil y el Estado se guardó muy mucho de ratificarla el Vaticano II.

 

Continuará….

8 comentarios sobre “LOS ERRORES QUE IMPUTAMOS AL CONCILIO VATICANO II (2)

  1. 40 AÑOS DESPUES DEL CONCILIO DE LA APOSTASIA, CON UNA IGLESIA QUE «HA COLGADO LOS HABITOS». MIENTRAS LOS FALSOS PASTORES SE DAN «BAÑOS DE MASAS» CON EL MISMO PUEBLO QUE LES VA A ENTERRAR, CABE PREGUNTARSE ¿CUAL ES LA SITUACION DE LA RELIGION? LA RELIGION SE ACABO. Y LA SANTIDAD SE ACABO.
    EL ESPIRITU SANTO NO ESTA OBLIGADO A SOPLAR EN ESTA IGLESIA.
    SACERDOTES, SACRAMENTOS, VAN A DESAPARECER, SI NO HAN DESAPARECIDO YA (SEGUN LA GRACIA).
    EL HOMBRE MODERNO NO TIENE QUE SALVARSE DE NADA. PARA EL HOMBRE MODERNO LA RELIGION ES YA INCOMPRENSIBLE. LA REVELACION BIBLICA ES PARA EL INCOMPRENSIBLE.
    PARA LA SOCIEDAD MODERNA LA RELIGION TRADICIONAL (CIELO-INFIERNO) HOY ES INASUMIBLE E INACEPTABLE.
    EL HOMBRE MODERNO ES ICONOCLASTA. NO ACEPTA CULTOS NI LITURGIAS DE NINGUN TIPO. EN LAS PROXIMAS DECADAS (QUE NO SIGLOS) LOS TEMPLOS CATOLICOS SE LLENARAN, PERO EXCLUSIVAMENTE DE TURISTAS, CAMARA EN MANO. LO SAGRADO Y ETERNO HA DESAPARECIDO PARA ELLOS.
    EL ESPACIO QUE ANTES OCUPABA LA RELIGION, HOY LO HA ASUMIDO, SIN DUDA, LA ECONOMIA. EL PENSAMIENTO, LA PALABRA, LA VIDA, SIEMPRE Y EN TODO REINA, LA ECONOMIA.
    EL HOMBRE MODERNO NO TIENE TIEMPO PARA LA RELIGION. LOS NUEVOS IDOLOS SON, EL DEPORTE, LOS VIAJES, LAS PLAYAS ETC.
    EL «HOMBRE GLOBALIZADO» ES ANDROGINO, EN «BLUE JEMS» LA SEPARACION ENTRE SEXOS, SE ACABO.
    EN UNA «HUMANIDAD MAGNIFICA» LOS CEMENTERIOS NO TIENEN SENTIDO: VAN A DESAPARECER. SERAN SUSTITUIDOS POR PLANTAR ARBOLES, LOS «BOSQUES CIVICOS».
    LA REVOLUCION DE 1789, CAMBIO LA VIDA PARA SIEMPRE. EN 1789, LA VERDAD DEJO DE SER LA VERDAD. EN 1789, DIOS DEJO DE SER DIOS. LA SALVACION DEJO DE SER LA SALVACION.
    EN 1789, «EL HOMBRE» PASO DE CRIATURA A CREADOR.
    NO POR CASUALIDAD, EL VATICANO II FUE UN CONCILIO «CENTRADO EN EL HOMBRE» DE UN HOMBRE IMPIO, NO NECESITADO DE GRACIA.
    PERO SOBRE TODO, 1789 FUE LA REVOLUCION DEL NATURALISMO. INCOMPATIBLE CON LO SOBRENATURAL: RUPTURA TOTAL CON EL CIELO.
    EN EL NATURALISMO TODO ES «DECISIONES DE VOLUNTAD».
    TODO ESTO YA LO RECONOCIO EL PROPIO JUAN PABLO II CUANDO DIJO QUE HOY CRISTO «ESTA OCULTO» (EN SEGUNDO LUGAR).
    LA «RELIGION GLOBAL» YA ESTA FIRMADA. COMENZARA EN 2030 EN LA JERUSALEN MASONICA. SUS PROTOCOLOS SE HARAN PUBLICOS EN 2020. TAL VEZ, ANTES.
    EL PANORAMA ES SOMBRIO. PERO DE UNA SOMBRA QUE TODAVIA NO HA ENTRADO EN LA ESTANCIA, PARA ENSEÑAR SU FIGURA SINIESTRA.

  2. sois unos hijos de puta so cabrones, puta secta. que no, que es broma queria confesaros que voy a poner una bomba suicida en mi collegio de cai san vicente de paul el 24 de enero de 2008

  3. hola soy Lefreve, les hablo desde el mas alla, hijitos mios, y tambien hijatas mias, oren por mi, que estoy padeciendo en este valle de lagrimas, oren por favor, es que caso donde estoy dando vueltas como un pollo en la rosticeria, me mata, ay ay ay ..`por cierto un detalle oren por el hereje de Amando Martinez Fuerte que Dios lo perdone por que Yo y ustedes hijitos mios creo que tampoco..ay ay ay ..esos ultimos ay ay ay son solo para que vean mi dolor,
    hasta la proxima intercesion del mas alla, espero que satanas me de permiso de volver a utilizar su Lap top.

  4. SIMPLEMENTE QUISIERA COMUNICARME CON USTEDES PARA HACERLES UNA PREGUNTA ¿PARA USTEDES EL PAPA ES CATOLICO? ¿JUAN PABLO II FUE UN GRAN PAPA Y CATOLICO?
    SALUDA ATTE.
    MARIO

    Nota del Editor:
    Un Papa que entra en la sinagoga, que acuña el término hermanos mayores para desginar a los judios, que recibe a la Bnaith Braith, masoneria para judios, que fomenta los graves errores del Concilio Pastoral Vaticano II, que besa el Corán, que hace el actor idolátrico de Asís, que pide perdón por todo lo que él pidió perdón, consiguiendo así postrar de rodillas la Iglesia de Cristo ante sus enemigos de toda la vida, y podría seguir con mil cosas más… No puede ser considerado un Papa Católico y mucho menos un Gran Papa. Fue un Papa de la revolución liberal. Un modernista. No sólo no fue un Gran Papa sino que ha sido un pésimo Papa.
    Gracias a su carisma y simpatía la gente no lo puede ver así. Porque la inmensa mayoría se guía por los sentimientos y no por la razón.
    Pero para aquellos que logren ser pensantes con mentalidad católica, la cosa es más que evidente.
    Espero que Ud se encuentre entre estos últimos.

    Fabian Vazquez

  5. Asombroso… cualquiera diría que algunos se ven como niño que dice «si no hacen lo que yo digo, me llevo la pelota»

    Parecen olvidar o por lo menos ignorar que la tolerancia de la intolerancia causa MUCHA más intolerancia:

    Se supone que en lo que respecta al prójimo, los creyentes existen para informar a los NO creyentes. Los principios existen PARA ser practicados a título personal, NO PARA SER DEFENDIDOS, MUCHO MENOS IMPUESTOS A OTROS, si acaso informarles, pues Dios no está muerto ni ausente ni indefenso, digo. Si me equivoco, corríjanme…

    «Donde no hay coexistencia, hay codestrucción» Rabindranath Tagoré

    «No estoy de acuerdo contigo, pero daré mi vida para que tengas donde expresarlo» Voltaire

    saludos para todos.

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