
Luiz Flavio Cappio afirmó que llegara a ese punto si el gobierno no suspende los trabajos de desvío del río San Francisco, que según él traerá sequías y daños ambientales. En el 2005 hizo lo mismo durante 11 días, pero el reclamo no fue escuchado.
Por MICHAEL ASTOR (AP)
Un Obispo católico en su segundo día de huelga de hambre dijo el miércoles estar preparado para morir a menos que el gobierno suspenda los trabajos en un controvertido proyecto que desviará un río.
El obispo Luiz Flavio Cappio dijo en una entrevista telefónica desde el pequeño poblado de Sobradinho en el estado de Bahía que no suspenderá su huelga de hambre a menos que el gobierno retire a los ingenieros militares de las obras y acceda a suspender el proyecto.
«De ser necesario (moriré). Sólo le pido a Dios el valor y la fortaleza si termina así», indicó Cappio.
Es la segunda huelga de hambre que inicia el prelado para frenar el enorme proyecto que busca desviar el río San Francisco, el cuarto más grande del país, como parte de un plan para irrigar el árido sector del noreste brasileño con el fin de beneficiar a 12 millones de personas en esa región desesperadamente pobre del país.
Cappio y otros opositores al proyecto afirman que el plan provocará daños ambientales irreversibles al río, de 3.160 kilómetros, y beneficiará principalmente a los grandes intereses agroempresariales y a los constructores.
En el 2005, Cappio suspendió su primera huelga de hambre después de 11 días, cuando el gobierno prometió llevar a cabo debates públicos y discusiones en torno al proyecto.
«Sólo suspendimos nuestra huelga de hambre porque había un acuerdo y ese acuerdo no fue respetado. No creo que haya más espacio para las negociaciones, pues ese tiempo para conversar se ha agotado», indicó el Obispo.
En junio, ingenieros militares comenzaron las labores preliminares para la elaboración del proyecto, de 2.000 millones de dólares, el cual será subastado a empresas privadas en una fecha posterior.
Durante su huelga de hambre anterior, Cappio recibió una visita de un enviado especial del Vaticano poco antes de que la suspendiera.
En ese entonces, Cappio describió sus conversaciones con el enviado del Vaticano como «amistosas», pero muchos especularon que la Iglesia le había ordenado poner fin a la medida de protesta, algo que Cappio ha rechazado.
«Ellos tienen su opinión, que se opone a esto, pero eso no interferirá», agregó.
Fuente: AP

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