
Camaiore, 17 noviembre 2007. El 16 de noviembre de 1906, Roberto I de Borbón, último Duque reinante de Parma, moría en la villa que mandó construir –una vez desposeído del Ducado por el falso e impío «Risorgimento»–, conocida hasta el día de hoy como «Villa Borbone», en Le Pianore de Camaiore. Cercana a la Tenuta Reale de Viareggio, propiedad de la Reina Doña Margarita, esposa de Carlos VII y hermana del Duque Roberto, en cuya capilla yacen sus restos, así como los de su sobrino nuestro Rey Don Jaime, en Le Pianore nació en 1889 el que había de ser Rey legítimo de las Españas, Don Javier, hijo del Duque Don Roberto y de la Infanta Doña María Antonia de Portugal.
Ahora, al terminar el centenario de la muerte de Don Roberto I, su nieto Don Sixto Enrique de Borbón ha presidido una misa por su eterno descanso en la capilla del palacio, hoy regentada por los padres de Cabanis, celebrada por monseñor Giovanni Scarabelli, de la cofradía de la Misericordia de Viareggio y capellán de la Orden de Malta. Don Sixto Enrique fue recibido a la puerta de la capilla por el Teniente de Alcalde de Camaiore, y ocupó la presidencia.
Terminada la misa, el Abanderado de la Tradición recibió el homenaje de los asistentes, entre los que se encontraban descendientes de antiguos servidores de su familia, en uno de los salones del que fuera palacio de su abuelo y donde naciera y viviera su padre. Para terminar con una cena en una «trattoria» típica, en compañía del Teniente de Alcalde de Camaiore y de algunas de las personas de su séquito, como el profesor Miguel Ayuso, el doctor Maurizio Di Giovine (delegado de la Comunión Tradicionalista en la Península italiana) y la profesora de la Universidad de Perusa Dianella Gambini.
S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, que honra la memoria de su familia, ejemplo extraordinario del legitimismo hasta tristes y recientes defecciones de algunos de sus miembros, ha vuelto a demostrar que es el gran Príncipe del tradicionalismo actual. Nieto del Duque Roberto de Parma, que combatió en la tercera guerra carlista a las órdenes de su cuñado el Rey Don Carlos VII; e hijo del Rey Don Javier, el Duque de Aranjuez ha vuelto a dar una nueva prueba, por si falta hiciera, de su adhesión al tradicionalismo integral que la Comunión Tradicionalista Carlista custodia celosamente desde hace casi dos siglos. Ayer en Roma, en la beatificación de los mártires de la República y de la Cruzada de Liberación española; hoy en Le Pianore, donde las voces del legitimismo carlista se mezclan con las del miguelismo y el chambordismo, Don Sixto Enrique ha vuelto a ser aclamado por el pueblo tradicional, mientras encarna una herencia riquísima de la que el Carlismo es su joya más preciosa.
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Agencia FARO

Apruebo este movimiento carlista por su carácter monárquico en pie de igualdad, con representación del pueblo español en las Cortes reales, relígión cristiana como soporte social y moral, Leyes o Fueros para cada provincia, Cruz de San Andrés por bandera, etc. Tiene los inconvenientes de que no aceptan las banderas regionales ni tampoco admiten en el Ejército a las mujeres.