DEL´ OSSERVATORE ROMANO
¿Los cambios de la edad del Concilio han hecho mella o no en la esencia del catolicismo? «L’Osservatore Romano» informa que el gran pensador suizo está en alza. Y el arzobispo Agostino Marchetto destruye las tesis de sus adversarios: la «escuela de Bolonia», fundada por Dossetti y Alberigo

por Sandro Magister
ROMA, 15 de noviembre del 2007 – Entre las novedades de “L’Osservatore Romano” dirigido ahora por el profesor Giovanni Maria Vian hay un referida a un pensador de excepcional relevancia en la cultura católica del siglo XX: el suizo Romano Amerio, muerto en Lugano el 1997 a los 92 años de edad.
En el 1985, cuando Amerio publicó su obra maestra titulada “Iota unum. Estudio de las variaciones de la Iglesia católica en el siglo XX”, el diario de la Santa Sede descartó la reseña del libro que fue encargada al entonces prefecto de la Biblioteca Ambrosiana, monseñor Angelo Paredi. La reseña fue considerada demasiado favorable y “L’Osservatore” escogió quedarse callado. También las autoridades vaticanas se pusieron de acuerdo en el intolerante silencio sobre el libro y su autor.
Hoy “L’Osservatore Romano” ha tomado la opción contraria. Ha decidido no callar más sobre Amerio sino hablar de él. Y de hablar bien sobre él.
La ocasión ha sido un congreso sobre Amerio promovido el 9 de noviembre en Ancona por el Centro de Estudios Oriente Occidente, diez años después de la muerte del gran pensador suizo.
La interrogante de fondo puesta por Amerio en “Iota unum” – y en su continuación “Stat Veritas” publicado póstumamente en 1997 – es el siguiente:
“Toda la cuestión sobre el presente estado de la Iglesia se encierra en estos términos: ‘está preservada la esencia del catolicismo? ‘Las variaciones introducidas lo hacen perdurar en medio del variar de las circunstancias o lo hacen convertirse en otra cosa? […] Todo nuestro libro es una recolección de pruebas de tal cambio”.
Amerio fue proscrito como emblema de la “reacción anticonciliar”, pero en realidad la cuestión propuesta por él con rigor filológico y filosófico, con rara libertad de espíritu y al mismo tiempo con integra obediencia a la Iglesia es cuestión que no se deja aprisionar ni remover.
El punto de no retorno fue el discurso de Benedicto XVI a la curia romana, el 22 de diciembre del 2005, centrado precisamente sobre la correcta interpretación de las “variaciones” de la Iglesia antes y después del Concilio Vaticano II.
Después de ese importante discurso, ya no era perdonable seguir callando sobre Amerio. Una primera señal de la readmisión del pensador suizo en el “agorà” pública de la Iglesia fue, el pasado abril, una reseña positiva de “La Civiltà Cattolica” – la revista de los jesuitas de Roma impresa con la revisión previa de las autoridades vaticanas – a un libro de su discípulo Enrico Maria Radaellli: “Romano Amerio. De la verdad y del amor”.
Pero ahora es “L’Osservatore Romano” quien rompe definitivamente el silencio. El sábado 10 de noviembre el diario del Papa, aparte de informar del congreso de Ancona, publicó las conclusiones de uno de los relatores y admiradores de Amerio, el arzobispo Agostino Marchetto, con el título: “Para una recta interpretación del Concilio Vaticano II”.
No es lo único. En un comentario firmado por Raffaele Alessandrini, “L’Osservatore Romano” ha admirado en Amerio la crítica visionaria contra el “proceso de secularización en acto también dentro del mundo cristiano” y contra los “riesgos del relativismo que se difunde rápidamente”: critica motivada en nombre del “primado de la verdad sobre el amor”, un baluarte del pensamiento del pensamiento de Amerio cuyo trastorno – escribe Alessandrini – se revela cada vez más como un “sutil engaño”, una confusión que hace iguales a todas las religiones, peor, “un ataque a Cristo, Verbo de Dios hecho hombre, el Logos”. En fin: “sólo la verdad hace libres, no lo contrario”. Incluso un católico lejano a Amerio como don Lorenzo Milani – sigue Alessandrini – compartía con él el “primado de la verdad sobre el amor”, había entendido que sobre este “orden” se funda la fidelidad de la Iglesia a su esencia originaria.
En el congreso de Ancona discutieron sobre Amerio diferentes estudiosos, desde varios ángulos: su discípulo y editor de las obras Radaelli, los filósofos metafísicos Matteo D’Amico y Dario Sacchi, de la Universidad Católica de Milán, monseñor Antonio Livi de la Pontificia Universidad Lateranense, Pietro De Marco de la Universidad de Florencia, el Padre Pietro Cantoni ex miembro de la Fraternidad de San Pío X y docente en el Estudio Teológico de la diócesis de Toscana.
El único que en su ponencia no citó a Amerio por su nombre fue el arzobispo Agostino Marchetto, por treinta años en la diplomacia pontificia y hoy secretario del pontificio consejo para la pastoral de los inmigrantes e itinerantes. Pero como historiador de la Iglesia, Marchetto es autor de reseñas muy críticas de la exaltación del Concilio Vaticano II como “ruptura y nuevo inicio” hecha por la “escuela de Bolonia” fundada por Giuseppe Dossetti y Giuseppe Alberigo: exaltación a las antípodas del análisis de Amerio sobre la Iglesia católica del siglo XX.
A continuación se reproduce el texto completo de la ponencia de monseñor Marchetto en el congreso de Ancona sobre Romano Amerio, en gran parte dirigida a demoler la interpretación de Alberigo y sus seguidores.
Pero la polémica no terminará aquí. En el próximo número de “Cristianismo en la historia”, su revista oficial, los estudiosos de la “escuela de Bolonia” volverán a defender su propia interpretación del Concilio Vaticano II.
Por anticipaciones filtradas por Joseph A. Komonchak y Alberto Melloni, se adivina que buscarán jalar de su parte a Benedicto XVI, de quien recuerdan la promesa de dejar “su documentación conciliar al instituto de Bolonia”.
Optarán en cambio nuevos caminos contra Marchetto y el cardenal Camillo Ruini. A este último no le perdonan el haber apoyado en público las críticas del primero a la “Historia del Vaticano II” dirigida por Alberigo. Llegando a decir:
“La interpretación del Concilio como ruptura y nuevo inicio esta terminando. Hoy es una interpretación muy débil y sin asidero real en el cuerpo de la Iglesia. Es tiempo que la historiografía produzca una nueva reconstrucción del Vaticano II que sea también finalmente, una historia de verdad”
Aquella verdad a la cual el primado de Romano Amerio ha dedicado toda su vida de estudioso y de católico.
Fuente: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/176565?sp=y

No tengo ninguna duda de que el Vaticano II ha tergiversado el sentido prístino de la doctrina católica. Ha dado lugar a la aparición de los curas tercermundistas, progres, comunistas, defensores de terroristas (y terroritas muchos de ellos también. Recordar a los Palotinos, militaban en «montoneros») delincuentes e inmigrantes clandestinos Ha cambiado la forma y el sentido de la cristiana misa trentina y ha transformado a la vieja y querida Iglesia Católica en un aquelarre dominado por brujas y demonios que tocan la guitarra y bailan rock. Debemos apoyar denodadamente la acción y sacrifico del Papa Benedicto XVI para poner orden donde hay desorden y para ahuyentar al demonio donde se ha aposentado el demonio. Hay sacerdotes que están poseídos por el maldito, aquí en mi región, lo tenemos al demoníaco cura Capitanio, párroco de Centenario (Neuquén) y a quien lo apoya y apaña, el obispo Marcelo Melani. En otro orden, es imperdonable e inexcusable que la patética Iglesia argentina haya dejado abandonado al padre Christian von Wernich, injustamente acusado y condenado por la corrupta justicia de la dictadura kirchnerista. No sólo no hubo ningún obispo que alzara su voz en su defensa, sino que también algún judas como el mencionado Capitanio, se presentó voluntariamente ante el tribunal para declarar como testigo de cargo. Vergonzoso. Se van a cocinar en el infierno. Esta es la Iglesia que tenemos hoy en la Argentina. Mientras esta banda de curas tercermundistas, es decir, engendrados por el Concilio Vaticano II, estén a cargo de los templos y de la impartición de la misa, no habrá ninguna posibilidad de mi regreso al sagrado recinto, porque no podría soportar tener ante mi vista a estos hijos de Satanás elevando la hostia consagrada o con un misal en la mano.