La opinión del diario Le Monde sobre los Católicos Tradicionales


 

FRANCIA Y EL CISMA TRADICIONALISTA

Por Henri Tincq

LE MONDE | 07.07.07

Que Francia sea la tierra bendita de los católicos tradicionalistas no deja de asombrar más allá de las fronteras del Hexágono. Con la publicación, el sábado 7 de julio, del motu proprio (decreto) de Benedicto XVI restaurando bajo condiciones el antiguo rito de la Iglesia, los grupos a favor o en contra de la misa en latín –¡más de cuarenta años después del concilio Vaticano II!- corren el riesgo de rehacerse en Francia. Se haría mal en sonreír ante esta cuestión, aparentemente propia de un tiempo ya pasado. Un rito determina siempre una visión de la religión y del mundo. “De la misa en latín, van a hacer una bandera”, ya temían los consejeros del papa Pablo VI (1963-1978) hablando de los tradicionalistas.
Fue en Francia donde las batallas posteriores al concilio, en los años 1960-1970, fueron las más duras, las innovaciones litúrgicas las más inesperadas, las resistencias más fuertes. Fue en Francia donde se alzó el obispo disidente, Marcel Lefebvre (1905-1991), hombre del norte de carácter recio, portavoz de la minoría del concilio hostil a toda reforma, combatiendo, hasta la excomunión y el cisma (1988), contra una “Roma de tendencia neoprotestante y néomodernista” y contra los papas Pablo VI y Juan Pablo II a quienes consideraba sepultureros de la tradición católica. También es en Francia donde está más implantada la Fraternidad de San Pío X, fundada para agrupar a los sacerdotes rebeldes.
¿Por qué Francia? Porque en ella nunca acaban de dirimirse unas querellas que se remontan a lo lejos de su historia singular. La corriente tradicionalista agrupa nostálgicos del rito antiguo, que consideran como la vía más segura a lo sagrado, al misterio, la emoción, la belleza que dicen ya no encontrar en los oficios modernos. Pero son sobre todo los herederos de todas las resistencias de los últimos siglos contra la Reforma protestante del XVI, contra la Revolución, contra el “modernismo” teológico que sobre todo afectó a Francia.

La Contrarreforma continúa desde hace cuatro siglos para los tradicionalistas que no quieren reconocer otro rito que el tridentino, el del Concilio de Trento (1545-1563), instaurado por la Iglesia de Roma tras la secesión de Lutero y Calvino. Nunca han admitido la apertura de un diálogo con los protestantes, mantenidos como herejes. Para ellos, la Iglesia actual se ha “protestantizado” incluso, por su rito, su manera liberal de pensar y de reformarse, de primar la conciencia sobre la autoridad y los derechos del individuo sobre las normas impuestas por Dios.
Contra la Revolución francesa y el modernismo, nunca se han desviado de la enseñanza de los papas “intransigentes” del siglo XIX, que condenaban las “ideas del 89?, defendían la Revelación contra la Revolución y los deberes del hombre hacia Dios más bien que sus derechos. Su referencia doctrinal sigue siendo el Syllabus de Pío IX, en 1864, contra “el catálogo de todos los errores del mundo moderno”: libertad de pensamiento, prensa, la razón, la ciencia y el progreso, el derecho para cada uno de abrazar la religión de su elección. También la encíclica Pascendi del papa Pío X que, en 1907, condenó el “modernismo”, esta “cita de todas las herejías”, y que garantizó toda delación e intimidación contra los exegetas, biblistas, historiadores… influyentes en Francia (Alfred Loisy, Marie-Joseph Lagrange), acusados de poner en duda la historicidad de la Biblia y la autoridad de la Iglesia.
Con los tradicionalistas, el rito nunca está lejos de la política. Se encuentra en sus filas, en su prensa, en los huérfanos de la vieja Acción francesa de Charles Maurras (1868-1962), para quien el catolicismo romano era el único factor de defensa de la civilización. Luego en los herederos de los que sostuvieron a Franco, Salazar, Pinochet -que hacía desaparecer a sus opositores antes de ir cada mañana a misa-, del general argentino Videla -que censuraba en las iglesias el rezo del Magnificat, suprimiendo su versículo más subversivo: “(Dios) derroca los poderosos de su trono”. El núcleo duro de la corriente tradicionalista francés incluye los eternos reaparecidos de todos los combates de la extrema derecha, de Vichy hasta el Frente nacional.


UNA IGLESIA AL RITMO DE SU TIEMPO
Al contrario, también es Francia de donde partieron muchas de las iniciativas que, desde el XIX, han intentado poner el catolicismo al ritmo de su tiempo. En Francia nacieron los católicos liberales quienes, a la imagen de un Lamennais, se asustaban ante las derivas despóticas del poder pontificio. En Francia, tras la Adhesión a la República, el Sillon de Marc Sangnier hizo surgir generaciones de “católicos sociales”, a menudo aristócratas o burgueses adheridos a la doctrina social de la Iglesia, de donde nacerán los sindicatos cristianos. La condena de la Acción francesa por Pío XI, en 1926, tuvo como efecto liberar los militantes e intelectuales hacia un cristianismo más abierto, social y liberal: Jacques Maritain replica a Maurras en Humanisme íntégral (1936) y Emmanuel Mounier funda Esprit en 1932.
Posteriormente será la aparición de la Acción católica, de los movimientos de Juventud agrícola cristiana o de Juventud obrera quienes se formarán, ilustradamente, en los combates de la Resistencia. Citemos los nombres de Michelet, Bidault, Domenach, los teólogos de Lubac, Congar, de Moncheuil, Sommet, Chaillet, fundador de Témoignage chrétien, los que han identificado el Evangelio con la resistencia al totalitarismo. Estas personalidades, con de Gaulle o contra él, también participaron en los esfuerzos de la reconstrucción de Francia y de una Iglesia que había colaborado con Vichy y se abrió a la modernidad y a lo que se llamaba entonces la “reevangelización de las masas”.
Esta es la razón por la que la Iglesia de Francia, cuyos sacerdotes obreros y los teólogos de vanguardia fueron sometidos al silencio por Pío XII, estaba dispuesta a acoger la extraordinaria renovación del Vaticano II. Y los mismos que se había visto sancionados se convirtieron en los inspiradores de las reformas, cambiaron la mirada de los católicos sobre el mundo moderno, han permitido un funcionamiento más colegial de la Iglesia, admitido el derecho de cada persona a la libertad de religión y conciencia, abierto una era de diálogo con las otras confesiones cristianas, con los judíos y los musulmanes.

Nadie acusará al papa Benedicto XVI de intentar recuperar a sus “ovejas perdidas”, pero ¿cómo no temer que una fracción, incluso minoritaria, de tradicionalistas -la “Resistencia católica”- no intente reconquistar posiciones de poder en Roma, en la clerecía francesa y provocar la inflexión de la mejor de las opciones católicas de los cuarenta últimos años?

6 comentarios sobre “La opinión del diario Le Monde sobre los Católicos Tradicionales

  1. Buenos dias estimados amigos de Radio Cristiandad. Los felicito por su constante esfuerzo en defensa de nuestra Fe Católica

    Me llamo Alexander Martín Miranda Aguilar, abogado egresado de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Junto a un catedrático de la facultad de
    Derecho, amigo y también católico, estamos preparando la creación del Instituto de Derecho de Familia de nuestra universidad.

    Les escribo a fin de invitarlos a unir esfuerzos en defensa de la Familia Católica, de sus valores y principios, siguiendo las enseñanzas de nuestro
    Señor Jesucristo y de nuestra Santísima Madre Iglesia.

    Hay muchas cosas que hacer y el camino es largo. Sin embargo, esto no nos desanima cuando se trata de la defensa de nuestra Fe Catolica, de nuestro
    Señor Jesucristo, de nuestra Santísima Virgen María y nuestra Santa Iglesia Católica.

    Es necesario contrarestar los aires de «modernidad» que se viven en nuestros tiempos y en los que, lamentablemente, la Pontificia Universidad Católica del Perú no es ajena, abrogando por el laicismo, dejando de lado su carácter Católico y Pontificio. Como muestra enre los dias 18 y 20 de septiembre se realizó en la Universidad la III Feria de exposición de los Derechos Humanos. Lejos de defender los principios y valores Católicos, se dió cabida, entre
    otros a grupos afines a las ideas comunitas, así como a grupos defensores de la «diversidad sexual» y grupos feministas defensores del aborto.

    Agradezco su atención. Dios los bendiga por su labor.

    Saludos.

    Alexander Martín Miranda Aguilar.

  2. yo soy devoto de los Papas politicos de los que se indentificaron mas con el poder absoluto que con la fe, de que demonios sirve que el Papa que tiene tanto poder haga idioteces como lo son la JMJ jornada mundial de la Juventud yo creo que no ers digno de tan gran monarca el estar con esos mocosos ignorantes.

  3. Soy catolico apostolico romano y por lo tanto le debo obediencia a SU SANTIDAD sea quien sea el papa eso en primer lugar, y personalmente estoy muy contento de que su S.S. este volviendo a lo tradicional; por que se estaba perdiendo la liturgia ya casi no se respetaba con esto no quiero decir que S.S. JUAN PABLO ll haya actuado mal durante su pontificio al contrario yo creo que JUAN PABLO ll ya es SANTO aunque no lo hayan proclamado. Me despido saludando a todos mis hermanos catolicos CRISTO REY DEL MUNDO LOS BENDIGA A TODOS Y QUE NUESTRA MADRE LA VIRGEN MARIA LOS ACOMPAÑE SIEMPRE

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