Sería malo que la misa de San Pío V, se pusiese en tensión con la misa del Concilio Vaticano II

QUE TREMENDO RECONOCIMIENTO… DOS MISAS TOTALMENTE DISTINTAS… TOTAL CONTINUIDAD DOCTRINAL CON JUAN PABLO II… MAESTROS COMO RAHNER O CONGAR… HMMM … GRACIAS MONSEÑOR…

José Luis González Novalín, asturiano de Tresali (Nava) y rector de la Iglesia española de Santiago y Montserrat, en Roma, visitó días atrás el Principado coincidiendo con la entrada de Benedicto XVI en su tercer año de Pontificado. Novalín repasa las notas dominantes de este período.

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-Juan Pablo II y Benedicto XVI, ¿cuánta continuidad?
La hay doctrinal, muy clara. Benedicto XVI siempre dice «mi amado predecesor…». Puede sonar protocolario, pero en él es verdad. Tuvo una relación sumamente intensa con Juan Pablo II. Siempre me intrigó quién llevaba la iniciativa. Hoy creo que eran una mancomunidad: doctrinalmente estaban perfectamente de acuerdo. Probablemente Juan Pablo II proponía las cuestiones y Ratzinger les daba la forma.

¿Hay diferencias?

-Una muy grande, de metodología y de expresión. Juan Pablo II tenía un punto de partida en la filosofía. Había estudiado filosofía neoescolástica en Roma, en el Angelicum, de los Dominicos. Cuando volvió a Polonia se preocupó de la filosofía humanista centroeuropea. Ratzinger tiene menos de filosófico. Su estilo es netamente teológico. Tiene la suerte, o la circunstancia, de estar en el Concilio Vaticano II, donde se encuentra con los mayores teólogos del momento. Rahner o Congar hablan de él y le llaman «joven profesor», y él les consideraba maestros.
-¿Adónde le llevó esa formación?

-Su teología refleja la de los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Por eso a los que somos de esa época nos resulta una teología muy cercana e inteligible. A los que siguieron las teologías de Küng o de la Universidad de Tubinga les puede resultar más clásica o conservadora.

-En esa época, el tomismo iba desapareciendo.

-En sus estudios en el Seminario de Freising tuvo una orientación tomista, como en todos los seminarios. Pero él hace la tesis en la Universidad de Múnich sobre San Agustín y San Buenaventura. Su teología es menos escolástica, mucho más afectiva, de iniciativa del hombre…

-¿En qué ha hecho más hincapié durante estos dos años?

-En el primado de Dios en la Iglesia y en la vida cristiana. Se refleja en su encíclica «Deus caritas est», y en su libro «Jesús de Nazaret». Esta idea le viene de la época del Concilio. Acababa de pasar el Pontificado de Pío XII, que fue muy mal tratado. Se decía entonces que los papas se habían presentado como el punto central de la Iglesia, cuando en realidad ese centro es Dios. Esto lo está diciendo Ratzinger a todas horas y lo indica muy bien que el protagonismo de su persona en audiencias y en actos es mínimo. No tiene inconveniente en salir a una audiencia con abrigo, que no es un traje de ceremonia del Pontífice, sino de calle. Es un hombre sumamente sencillo y no quiere que su persona se imponga.

-La encíclica tuvo gran éxito.

-La leyó todo el mundo, pero no es un encíclica fácil. Cuando él aplica a Dios un cierto carácter de amor erótico, explicándolo teológicamente, como lo hace él, va muy bien. Pero si un catequista o un cura se pone a explicar al pueblo que el amor de Dios tiene también carácter erótico es de una dificultad muy grande.

-¿Y «Jesús de Nazaret»?

-Es mucho libro. Iba a ser la obra de su jubilación, a la que, decía, iba a dedicar todo el tiempo antes de su muerte. Cuando anunció la publicación, siendo ya Papa, dijo: «Voy a publicar lo que tengo, una primera parte; la segunda, Dios dirá». Él quiere hablar de la historicidad de Cristo. Frente a la idea de que Cristo, tal y como lo conocemos, es una creación pospascual -el Cristo de la fe-, él quiere rescatar la vida histórica de Jesús. Utiliza fundamentalmente los Evangelios de Marcos -que expresa con menos sofisticación los hechos de la vida de Jesús- y de San Juan, del que siempre se dijo que, al contrario del de Marcos, era una reflexión teológica del apóstol. Pero hoy, entre los biblistas, se considera a San Juan una mina de datos históricos sobre el Señor.

¿Qué repercusión tendrá?

-Recoge todas las novedades teológicas, pero, fundamentalmente es catequético. El Papa es muy oportuno en la catequesis, cosa que no se podía prever en un teólogo como él. Cuando hace una catequesis sobre temas doctrinales, no hay quien le gane. El libro comienza con el bautismo de Jesús y termina con la transfiguración. Por ejemplo, hay una explicación preciosa sobre las tentaciones. Va a ser un libro que para preparar homilías y explicaciones del Evangelio no tiene desperdicio y está al alcance de todo el mundo.

-¿No tocaba un libro más doctrinal sobre cristología, dado ese ambiente del «Código Da Vinci», el Evangelio de Judas, la tumba de Jesús, la familia de Jesús, la Magdalena…?

-El libro del Papa es doctrinal. Ahora, muchas cosas de ésas son elucubraciones que habrá que tratarlas de una manera científica. El libro no comienza por los Evangelios de la infancia y no habla de la familia de Jesús, pero tal vez se refiera a ello en el segundo volumen, y probablemente se ocupará también de la Magdalena o de Judas, cuando le toque tratar la Pasión.

-El Papa advierte en la introducción que quien tenga que rebatir ideas del libro lo haga. Pero, teóricamente, los papas nunca se equivocan…

-Eso es sorprendente y arriesgado, pero indica una libertad tremenda de este Papa. Si él escribe como teólogo, no pone en juego la infalibilidad pontificia. No se puede decir que vaya en contra de la infalibilidad quien rebata científicamente el libro del Papa. Ahora bien, teniendo en cuenta que infalibilidad pontificia y conocimiento doctrinal coinciden en Benedicto XVI, es muy difícil hacer brecha entre las dos cosas.

-Es intensísimo el runrún sobre la autorización por parte del Papa de la misa tridentina, en latín.

-El rumor es tan insistente que yo creo que es fundado. No se sabe cuándo procederá el Papa. Yo, como cualquier sacerdote de mi época, dije la misa de San Pío V por lo menos durante diez años. No tengo ningún inconveniente en que, si se da la oportunidad, diga una misa de San Pío V para una comunidad que esté preparada o que quiera tenerla. Lo que me parecería malo es que la misa de Pío V se ponga en tensión con la misa del Concilio Vaticano II.

Por J. Morán para La Nueva España