NADA NUEVO BAJO EL SOL…

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Con más de lo mismo Benedicto XVI solo sorprende a los grupos bajo ECCLESIA DEI.

Apareció la exhortación Apostólica «Sacramentum Caristatis». 

Algunos creyeron que saldría la aprobación para liberar la Santa Misa Católica. Tal como lo sospechábamos esto no ocurrió y además si ocurrió un espaldarazo a toda la «teología» y a la «liturgia» del Vaticano II.

Nada de Tradición Católica. Nada de quitar los tremendos abusos litúrgicos… ni una frase para con la «Comunión en la mano»… Todo sigue igual.

O peor…

Se sigue disolviendo a los que resisten al nuevo rito de la Misa.  Promesas… Prelaturas… Acomodos… Trampas… Hemos visto que todo es válido a fin de hechar agua a los reclamos de los TRADICIONALES, verdaderos indeseables de la Roma modernista.

Que los que no aguanten esta batalla por defender la fe firmen, hagan componendas, transen.

Una vez mas recordamos a nuestros hermanos en la Tradicion que solo hay una posición válida en esta batalla. Y que toda especie de componenda no es mas que haberse cansado, que querer salir del terreno de la incomprension y la calumnia en la que siempre mantuvo la Roma modernista a la Fraternidad San Pio X, a Monseñor Marcel Lefebvre…

¿Cuando vuelva el Hijo del Hombre, encontrará la fe sobre la tierra?

5 comentarios sobre “NADA NUEVO BAJO EL SOL…

  1. Sí, y no es nada más que una EXHORTACIÓN pero NO OBLIGACIÓN, con lo cual se queda en la actitud del gatopardismo habitual en los «conservadores» (de lo mismo!).Por eso Romano Amerio en su profundísimo estudio «IOTA UNUM» prefirió subtitularlo acertadísimamente NO CRISIS sino «TRANSFORMACIONES (de la Iglesia Católica en el sigloXX») que es «la VARIACIÓN ACCIDENTAL dentro DE UNA MISMA COSA». Así que, como canta el tango, «ilusiones del VIEJO y de la VIEJA van quedando DESECHAS en la arena por las patas de un tungo …CONCILIADOR. ¡Que le voy a hacer SI SOY … REFORMADOR»! (Disculpe el poeta por esta paráfrasis de su obra).

  2. La verdad yo lo habia visto como un salto a la misa tridentina solo que hay reconocerlo no es que tenga muchos adeptos apesar de que muchos laicos la añoremos con mucho gusto bueno pero es un salto por que por lo menos esperaríamos que se fueran preparando los seminaristas aprendiendo latin por que vamos para aya ese si es de anotar tal vez no puede volverse por que no habría el medio ni los padres que pudieran hacerlo.

  3. Esto era de esperarse, pues era iluso confiar que los liberales, liberaran algo.
    Esto no es mas que una dosis del mismo veneno que se le viene aplicando a los Catolicos desde del Fatidico Conc. Vat II
    Ahora en lo personal: me alegra un poco, porque asi los «traidores» que tanto confian en la Jeraquia Liberal de la Iglesia, quedaron viendo un chispero, ante semejante fiasco.
    Tambien, mantiene a los verdaderos batalladores al margen del modernismo y todas las demas herejias de de alli emanan.
    Asi que hay que seguir en la batalla , frente al cañon , sin bajar la guardia. Y si para esto hemos de morir, vayamos seguros y confiados de nunca traicionar a N.S.J.C. y a su Santa Esposa la Iglesia !

  4. El 10 de octubre de 2005, en el transcurso de la XI Congregación General del Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía, el P. Peter-Hans Kolvenbach, S.I., Prepósito General de la Compañía de Jesús, afirmó que “el instante en el que se realiza la transustanciación (o “metabolé”) no es el de nuestro cronómetro sino, más bien, es el instante de Dios, que es “tiempo sacramental”. El magisterio de la “lex orandi” enseña que este instante, al estar por su misma naturaleza «más allá de las cosas físicas», admite dos momentos importantes, y ambos provistos de eficacia consagratoria absoluta: el “relato institucional y la epíclesis”. Referida a las palabras de la consagración y a la epíclesis consagratoria, la noción de “eficacia consagratoria absoluta” no admite conflictos ni exclusivismos. Lejos del presentarse como un obstáculo, la cuestión de la “epíclesis” demuestra ser un auténtico puente ecuménico para el diálogo entre Católicos y Ortodoxos”.
    La doctrina, sostenida por algunos ortodoxos, de que la epíclesis (invocación para que el Espíritu Santo convierta el pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo) es consecratoria, ha sido condenada por la Iglesia católica en varias ocasiones. La última de ellas, por San Pío X, en la Carta Ex quo acerca de algunos errores de los orientales, de 26 de diciembre de 1910: “Mas ni siquiera… queda intacta la doctrina católica sobre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, al enseñarse audazmente poderse aceptar la sentencia que defiende que entre los griegos las palabras de la consagración no surten efecto sino después de pronunciada la oración que llaman epiclesis, cuando, por lo contrario, es cosa averiguada que a la Iglesia no le compete derecho alguno de innovar nada acerca de la sustancia misma de los sacramentos…” (Denzinger 2147).
    “Que la epiclesis no se requiere para la consagración, lo enseñaron antes de Pío X, Benedicto XII en el Memorial Iam dudum del año 1341, condenando entre los errores de los armenios el error 66 [cf. supra 532 ss], Clemente VI en la Carta Super quibusdam a Consolador, Catol. de Armenia [Bar(Th) 1351, 11] Benedicto XIII, Instr. de 31 mayo 1729, enviada al Patriarca melquita de Antioquía [CL, 2, 439], Benedicto XIV por el breve Singularis Romanorum, de 1.º sept. 1741, en que confirma el Sínodo, de la provincia maronita [CL 2, 439], Pío VII por el Breve Adorabile Eucharistiae, de 8 mayo 1822 al Patriarca greco-melquita de Antioquía [CL 2551]” (Nota del D. Daniel Ruiz Bueno en su traducción del Denzinger).
    Tampoco se puede sostener que la fuerza consecratoria corresponda a la anáfora o plegaria eucarística en su conjunto.
    La Exhortación Apostólica Postsinodal “Sacramentum Charitatis” no sostiene explícitamente ninguno de ambos errores, pero al no aclarar que la transustanciación se produce única y exclusivamente en el preciso momento en que se pronuncian las palabras de la última cena, que constituyen la forma del sacramento, (esto es mi cuerpo, este es el cáliz de mi sangre…) puede inducir al equívoco cuando afirma: “48 …En particular, la espiritualidad eucarística y la reflexión teológica se iluminan al contemplar la profunda unidad de la anáfora, entre la invocación del Espíritu Santo y el relato de la institución, en la que «se realiza el sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena». En efecto, «la Iglesia, por medio de determinadas invocaciones, implora la fuerza del Espíritu Santo para que los dones que han presentado los hombres queden consagrados, es decir, se conviertan en el Cuerpo y Sangre de Cristo, y para que la víctima inmaculada que se va a recibir en la Comunión sea para la salvación de quienes la reciben»”. “13 …Es muy necesario para la vida espiritual de los fieles que tomen conciencia más claramente de la riqueza de la anáfora: junto con las palabras pronunciadas por Cristo en la última Cena, contiene la epíclesis, como invocación al Padre para que haga descender el don del Espíritu a fin de que el pan y el vino se conviertan en el cuerpo y la sangre de Jesucristo…”
    Teniendo en cuenta que el error sostenido por el P. Kolvenbach durante el Sínodo no fue corregido por ninguno de los Padres Sinodales, ¿no es razonable preocuparse por tan importante omisión?

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