La Iglesia es una institución basada en la jerarquía, cuyos miembros, deben obediencia a los Pastores sagrados en su correcta enseñanza de la Fe y de la Moral y en sus actos de gobierno, — máxime cuando se trata de la enseñanza y del gobierno del Sumo Pontífice. Sin embargo, a los dirigentes de la Iglesia no les es permitido que abusen de su autoridad, ni que perjudiquen el bien común, en mayor grado que el permitido a los gobernantes de simples comunidades civiles. En verdad, el deber de los Pastores sagrados es aún más elevado que el de los gobernantes seculares, cuando se trata de administrar con justicia y de aceptar una correción, siempre que ésta se justifique.
Por eso, los Grandes Santos y los Doctores de la Iglesia no han dudado en afirmar el derecho y el deber de los fieles — incluso de los miembros del Clero — de amonestar, aun públicamente, si necesario, y de pedir la retractación de un superior jerárquico, cuyos actos representen un escándalo público, que pongan la Fe en peligro o que perjudiquen el bien común de la Iglesia. Por ejemplo, en la Summa Theologica, sobre la cuestión “Si un hombre tiene el deber de censurar a su Prelado”, Santo Tomás nos enseña:
“Sin embargo, es preciso observar que si la Fe corre peligro, un subordinado debería censurar a su Prelado aunque sea en público. Por eso Pablo, que era subordinado de Pedro, lo censuró públicamente, a causa del inminente peligro de un escándalo concerniente a la Fe. (…)”1
Conforme relata la Sagrada Escritura (Gal. 2:11-14), Pedro, al negarse a comer con los gentiles bautizados en Antioquia, había escandalizado a los potenciales conversos y ponía en riesgo la misión de la Iglesia, por mostrar que guardaba algunos de los preceptos mosaicos relativos a la alimentación.
En este punto Santo Tomás observa que la justa censura pública de un Prelado por su subordinado no es insolente sino, en verdad, un acto de caridad, puesto que “no hay insolencia cuando uno piensa de sí mismo que es mejor en algún aspecto, porque en esta vida no hay nadie que no tenga algún defecto. Debemos recordar, además, que, cuando un hombre censura a su Prelado en espíritu de caridad, de ahí no se concluye que se considere mejor que él, si no más bien que ofrece su ayuda a alguien que, ‘por estar en una elevada posición entre vosotros, por eso mismo corre mayor riesgo’, según observa Agustín en su Regla mencionada más arriba.”2
San Roberto Belarmino, en respuesta a la espuria afirmación de los protestantes, de que los católicos ven al Papa como un monarca absoluto, que no tiene que someterse a ninguna ley ni restricción, escribió lo siguiente:
Así como es lícito oponerse al Pontífice que decide agredir el cuerpo, es igualmente lícito oponerse al que decide agredir las almas o al que perturba el orden civil, o sobre todo, al que pretende destruir la Iglesia. Afirmo que es lícito oponérsele, negándose a hacer lo que ordena y evitando que se cumpla su voluntad; sin embargo, no es lícito juzgarlo, aplicarl castigos ni deponerlo, puesto que estos actos son de competencia de un superior.3
De igual modo, el eminente teólogo del siglo XVI, Francisco Suárez, a quien el Papa Pablo V honró con el título de Doctor Eximius et Pius (Doctor Eximio y Piadoso), nos enseñó que
Si [el Papa] emite una orden contraria a las buenas costumbres (moral), no deberá ser obedecido; si pretende hacer algo manifiestamente opuesto a la justicia y al bien común, será legítimo oponérsele (…)4
Podrían enumerarse otros ejemplos de esta misma doctrina, enseñada por los Doctores y Santos de la Iglesia; sin embargo, ésta es la cuestión: los súbditos leales a la Iglesia tienen el derecho y el deber de expresar su leal oposición a los prelados obstinados, cuyas acciones u omisiones perjudiquen a la Iglesia, y de procurar corregir el daño ocasionado.
En conclusión: El Código de Derecho Canónico, promulgado en 1983 por el Papa Juan Pablo II reconoce los derechos otorgados por Dios a los fieles, tanto a los clérigos como a los seglares, con relación a lo siguiente:
Todos los católicos bautizados (naturalmente, se incluyen los clérigos), “tienen la libertad de comunicar a los Pastores de la Iglesia sus carencias, especialmente las espirituales, y sus anhelos.”5
Con “el respeto a la integridad de la Fe y de la Moral” y con “la reverencia debida a los Pastores”, todos los católicos bautizados “tienen el derecho — y, por cierto, a veces el deber —, en la medida de sus conocimientos, de su competencia y de su posición, de manifestarle a los Pastores sagrados sus aprehensiones, respecto a asuntos que afecten al bien de la Iglesia. Tienen, además, el derecho de que otros fieles en Cristo conozcan sus aprehensiones (…)”6
Todos los católicos bautizados tienen el derecho de recurrir al Sumo Pontífice, de forma directa e inmediata, acerca de asuntos concernientes a la jurisdicción eclesiástica, sin ninguna interferencia de los procedimientos canónicos.7
Notas
1. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Parte II-II, Cuestión 33, Artículo IV, Ad. 2.
2. Summa Theologica, Parte II-II, C. 33, Art. V.
3. San Roberto Belarmino, De Romano Pontífice, Libro II, Capítulo 29.
4. Francisco Suárez, De Fide, Disp. X, Secc. VI, Nº 16.
5. Código de Derecho Canónico, Canon 212, para. 2.
6. Código de Derecho Canónico, Canon 212, para 3.
7. Primer Concilio Vaticano (1870), Dz. 1830, D.S. 3063: Segundo Concilio de Lyon (1274), Dz. 466 Código de Derecho Canónico, Cânones 212 y 1417 para. 1.

He vivido una situación muy difícil en mi ciudad, Bahía Blanca. Es un arma de doble filo tratar de defender la fe, sobretodo cuando no hay apoyo de los obispos. Les transcribo la nota que escribí a nuestro obispo auxi liar para informarle la situación que me tocó vivir. Como respuesta tuve silencio de su parte y una persecución feroz por parte de algunos sacerdotes, especialmente Jorge Wagner y Javier Martinez, este último está hoy separado por problemas psiquiátricos.
Estimado Monseñor Pedro M Laxague:
Recurro a usted porque creo que es la persona indicada para dar un poco de claridad a esta tristeza que vivo por comprobar irregularidades consideradas graves por el documento Redemptionis Sacramentum.
Trataré de ser breve y le pido disculpas por comunicarme con usted por este medio pero estamos viviendo un tiempo litúrgico especial y ustedes los sacerdotes están muy ocupados como para robarles su tiempo.
Fui catequista en la capilla Nuestra Señora de la Misericordia durante el año pasado y por mi voluntad no acepté continuar este año, en realidad la palabra exacta es no “soporté” porque contradecía mis principios.
La Santa Misa en esa capilla se celebra de una manera diferente, me cuesta llamarla poco digna. En el momento de la Consagración, el sacerdote parte la Hostia consagrada y la muestra partida, una mitad en cada mano o tomando los semicírculos por la base formando una V. Cambia las palabras, no usa jamás casulla ni los colores que corresponden al Tiempo Litúrgico, aunque suele usar a veces una estola dorada. Durante la homilía se caracteriza por su desprecio al Santo Padre, y en una oportunidad me dijo que no pidiera más por él en la Oración de los Fieles. A la gente le dice que no hay que seguirlo, -“Total si se vuelve testigo de Jehová no vamos a ir detrás de él” – Siempre hay un mensaje escondido entre sus palabras contra su Santidad. Al dar la comunión toma con una mano el Copón y el Cáliz, entrega la Hostia Consagrada y dice:- “mojala”.
Traté dentro de mis posibilidades de explicar lo que correspondía según el documento Redemptionis Sacramentum pero fui insultada por el Diácono, no sólo yo sino también el actual Santo Padre justo tres semanas antes de ser elegido Papa. Me dijo que me dejara de defender a ese inquisidor y me preguntó si lo conocía bien, cuando le conté que desde hace mas o menos veinte años que leo algo de lo que escribe, me volvió a insultar y tiró el documento, diciendo que hizo lo mismo con Ecclesia de Eucharistía ya que no tenía nada que ver con “nuestra iglesia”, además de agregar algunas groserías.
A la Celebración de la Palabra le dicen misa, “para que la gente no falte” Es muy difícil y doloroso enseñar tratando de que no se filtre ninguna crítica, lo que explico, se ve desmentido en la práctica.
Después de cada Misa al subir al auto termino llorando y con una profunda tristeza por la forma en que es tratado Cristo, la Misa se celebra sin dignidad, huelo la desacralización y me siento impotente ante esa ofensa y a veces con ganas de bajar los brazos. No los bajé durante ese año y seguí, me daba fuerzas con la oración. Tenía veinticuatros matrimonios a mi cargo y aunque parezca mentira no faltaban a los encuentros.
Este año asistí a la primera misa. El Padre Juan D’Amico, que acostumbra vestirse en el altar mientras charla, llevó un copón sucio, realmente con una suciedad de “casa de antigüedades barata” y nuevamente al darme el Cuerpo de Cristo me dijo :-“mojalo”- refiriéndose a la Sangre de Cristo que hacía equilibrio en su mano dentro del cáliz que también pedía urgente limpieza. No lo hice.
Durante toda mi vida me enseñaron a ser fiel, no puedo traicionar lo que la Iglesia manda. Según el Diácono, Beto Migliorissi, al despedirme me dijo que los cardenales en Roma se ………. en lo que quería el Episcopado Argentino, le contesté con las palabras del cardenal Bergoglio, que así están dando un tinte político a esa elección ( de obispos) y que el Papa siempre elige bien. Que la Iglesia no es democrática sino Teocrática. Me dijo que nunca aceptaría hacer algo que le indiquen si él no está de acuerdo, que para eso renuncia. Esto me recuerda que el P. Juan me dijo que ningún cardenalucho del Vaticano le va a decir como celebrar Misa.
Padre Pedro, ¿Qué pasa con la querida Iglesia de Cristo en Bahía? Esta Capilla, el Inmaculado Corazón de María y el Colegio Claret con tantas cosas contrarias y sus confesiones colectivas, según me contaron papás asombrados porque les dije que los nenes iban a confesarse individualmente. Sacerdotes y diáconos como aquellos de quienes hablé antes y que llaman a recibir la Eucaristía aunque no se hayan confesado, “total pueden hacerlo mas adelante”. Como yo estaba con los papás les preguntaba si lo hacían y por supuesto que no, ninguno se confesaba.
Nada tiene el valor real, el valor de lo sagrado. La dignidad de la celebración no cuenta. Y son muchísimas mas las tristezas que viví en esa capilla, insisto, no por mi, sí por ver como se trata a Nuestro Señor.
Se que Él todo lo perdona, se que no debo juzgar y no lo hago sólo cuento lo ocurrido que me duele y escandaliza, no sólo a mí me afecta sino a aquellos que por primera vez fueron llamados por el Señor de la Vida y se encuentran confundidos y realmente no entienden nada. Este año el 98% asisten a otras parroquias o capillas, lo se porque los llamé.
Hoy se sigue dictando catequesis, probablemente quede una catequista, las demás personas no tienen ninguna formación, son mamás que tienen buena voluntad pero eso no es suficiente. Es como si me dieran un libro de francés y me pusieran a enseñar a un grupo de chicos el idioma. Algo del secundario recuerdo, pero con eso solo llegaré a sembrar en la piedra, luego unas raíces pequeñas y la planta se muere.
Le ruego que me perdone por contarle esto que viví y que me quita la paz. Callándome, otorgo la oportunidad de seguir deformando nuestra doctrina, nuestra liturgia y apagando nuestra Fe. No se si hablando algo cambie, pero al menos no me siento yo la responsable. Padre Pedro, esto que le he contado no es todo, hay mucho más, pero creo que es suficiente.
Gracias, muchas gracias por escucharme, que Nuestro Padre lo bendiga, lo lleve siempre de su mano y nos regale muchas, muchísimas vocaciones de sacerdotes santos. Un día hablando sobre vocaciones, el Padre Rubén Revello me dijo, – mejor que sean sabios – pero yo realmente no conozco ningún santo que carezca de sabiduría. Nuevamente gracias.