
«Con el mismo argumento alguno podría prohibir los ravioles a un hipertenso porque se le puede reventar una arteria, o el dulce de leche a un diabético», dijo el ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. El letrado, sostuvo que «la política prohibicionista tiene que ver con que se deben acatar los tratados internacionales firmados». ¡TODO UN SEÑOR JUEZ! El ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Raúl Eugenio Zaffaroni afirmó que «sancionar al consumidor de drogas, desde el punto de vista constitucional, es aberrante».
Irónicamente, el integrante del máximo tribunal de justicia nacional también advirtió que «con el mismo argumento alguno podría prohibir los ravioles a un hipertenso porque se le puede reventar una arteria, o el dulce de leche a un diabético».
La definición del magistrado fue realizada durante una conferencia que ofreció en la Cámara de Diputados bonaerense, en el marco de una jornada sobre «Drogas y Democracia: Políticas Públicas».
En la visión de Zaffaroni, aplaudido varias veces durante su exposición en el recinto de la Cámara de Diputados, «si pretendemos prohibir determinados tóxicos, cuando todos son nocivos, es porque buscamos la ilusión penal erradicadora. Y el consumo de tóxicos, que como se sabe en nuestra sociedad es abusivo, es un problema de salud. La prohibición no eliminó ni disminuyó su uso».
Además de Zaffaroni, del cierre de la jornada participaron el especialista canadiense Donald McPhearson, coordinador de las políticas de drogas en Vancouver; el Defensor de Casación bonaerense, Mario Coriolano; y el presidente del bloque kirchnerista de diputados del Frente para la Victoria (FpV), Fernando Navarro.
El juez de la Corte sostuvo que «la política prohibicionista tiene que ver con que se deben acatar los tratados internacionales firmados» y consideró que «a veces es mejor atarles las manos a los funcionarios de la Cancillería».
También agregó que «hay que volver sobre lo andado: una política de disminución de daños».
Irónicamente, el integrante del máximo tribunal de justicia nacional advirtió que «con el mismo argumento (que el de las drogas) alguno podría prohibir los ravioles a un hipertenso porque se le puede reventar una arteria, o el dulce de leche a un diabético».
«Los penalistas -concluyó Zaffaroni- debemos controlar nuestra omnipotencia y entender que la droga es un problema de salud y los médicos deben tratarlo».
Por su parte, McPhearson destacó que «sin decisiones políticas, nada puede cambiar» y remarcó que «además, el problema de las drogas debe tener en cuenta la salud pública y mental, el trabajo, la vivienda, etcétera. En Vancouver pusimos centros de inyección en las calles para que se droguen».
«Si la prohibición y la legalización no funcionan -señaló el canadiense- hay que moverse en una zona media, para no caer en los extremos».
