
El obispo castrense monseñor Baseotto
presidió una misa, de la que participó una banda de Gendarmería que ahora puede ser sancionada por el gobierno, formó parte del «IX Encuentro de Formación Católica de Buenos Aires» que tuvo lugar este fin de semana en la Villa Marista de Luján y fue organizado por el ultraconservador Círculo de Formación San Bernardo de Claraval, bajo el lema «Verdad, belleza e ideología en arte y medios de comunicación».
Entre los convocantes y expositores de la polémica reunión había allegados a la revista Cabildo, identificada con sectores tradicionalistas y ultraconservadores.
Según una alta fuente del Gobierno conocedora del ámbito religioso, «es un grupo muy pequeño, marginal dentro de la Iglesia. Lo que es preocupante y extraño es que haya habido hombres de una fuerza de seguridad metidos en eso distraídamente», añadió.
También recordó que ese grupo estuvo muy activo a fines de 2004 en las protestas de sectores católicos contra la exposición del artista plástico León Ferrari en el Centro Cultural Recoleta.
El polémico encuentro había sido bastante difundido y el Gobierno, que desde la pelea que ya lleva más de un año no le pierde pisada a los movimientos del cuestionado obispo castrense —en especial en el Ministerio de Defensa—, estaba al tanto de la misa que daría Baseotto.
Un dato que no escapaba al Gobierno es que Baseotto no pudo hacer el oficio religioso en la Basílica de Luján, al parecer por no contar con el apoyo del arzobispo de Luján, Rubén Di Monte. Baseotto terminó por dar la misa a puertas cerradas en el Colegio Marista, sede del encuentro. Para una fuente oficial, fue un dato de la «marginalidad» de Baseotto dentro de la propia Iglesia.
Sin embargo, el cuestionado Obispo tuvo en los peores momentos de la disputa el aval de importantes sectores del Vaticano. La Santa Sede, por boca del entonces vocero del fallecido papa Juan Pablo II advirtió que, si se impidiese al religioso el ejercicio de su ministerio, se estaría frente a «una violación de la libertad religiosa».
El Gobierno negó que se violara la libertad religiosa y adujo que Baseotto había tenido «expresiones poco felices», por haber dicho que al ministro de Salud debía arrojárselo al mar, por sus posición en favor de la despenalización del aborto.
Como consecuencia de esos di chos, el Gobierno anuló el decreto de la designación de Baseotto, de 2002, y le quitó el rango de subsecretario y su sueldo. Para el Estado, Baseotto no es más el obispo castrense, aunque la polémica continúa y las relaciones con el Vaticano siguen frías, tras el fracaso de varias gestiones para alcanzar una solución.
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Baseotto es un grande, un Obispo de fuste, no de los vistosos, sino de los vigorosos. Marca hitos en la lucha por la vida y por la verdad católica, es un hombre de humilde sabiduría, amigo de Cristo y de los pobres, de buen humor y trato llano, en fin, es gloria del Episcopado de la Patria y paradigma de la lucha ProVida. «Ladran, Sancho, señal que cabalgamos».