JOSE MARÍA MORCILLO: MEDICINA Y TEOLOGÍA EN SEFARAD

Misterios de iniquidad

LA MEDICINA EN LA ERA MESIÁNICA

El advenimiento de la era mesiánica se ha caracterizado por la elevación de los “sanitarios” al panteón de los héroes, y por la unción de este colectivo como nueva clase sacerdotal, que ejerce de mediadora entre los dioses y los hombres, revelando los oscuros decretos y arcanos de la cábala racionalista en forma de nuevos mandamientos, para que sean observados por el ciudadano sumiso y reverente con este nuevo orden mundial. La vida eterna se administra por parte de esta nueva clase sacerdotal a través del nuevo viático contenido en las dosis que suministran las diversas escuelas de esta floreciente teología.

Recordemos que en la vieja ley mosaica, el sacerdote era el designado para declarar a una persona como impura, decretar su confinamiento o extrañamiento, así como su sanación. Como si de nuevos leprosos se tratase, los afectados por esta nueva impureza ritual, deberán proclamar su estado para alertar a las masas creyentes: “El afectado por la lepra, llevará sus vestidos rasgados, dejará descubierta su cabeza, se tapará la boca y caminará gritando: ¡Impuro, impuro! Todo el tiempo que durare la plaga, quedará impuro; impuro es; habitará solo; fuera del campamento será su morada” (Levítico 13: 45-46).

MEDICINA Y TEOLOGÍA EN SEFARAD

Si hay un pueblo en el que la medicina y la teología se dan la mano, ese es el pueblo de la alianza del Sinaí. En Sefarad encontramos ejemplos como Maimónides, Abrahám Ibn Ezra, Najmánides, etc., que combinan las enseñanzas talmúdicas o cabalistas con el ejercicio y el estudio de la medicina.

El supremacismo mosaico hacía peligroso que el ejercicio de la medicina recayese en individuos que profesaban un odio fanático a Cristo y a los cristianos, y en general un desprecio indisimulado hacia las naciones. La Cristiandad Hispánica, por mor del bien común, buscó proteger a los débiles de las maquinaciones y experimentos de médicos sin escrúpulos guiados por ese intenso desdén hacia los gentiles. Fue ese el motivo y no otro, como preconiza la leyenda negra, de que se dictasen leyes y edictos que restringían el uso de la medicina, que el sentido común dictaba que, así como podía usarse para salvar vidas, del mismo modo y por las motivaciones antedichas, podía convertirse en un instrumento para perpetrar un genocidio.

Las archiconocidas leyes de Ayllón, dictadas por la reina castellana Catalina de Lancaster sentenciaban que: “que ningunos judíos ni judías ni moro ni mora sean especieros ni boticarios, ni cirujanos, ni médicos”.

Adolfo de Castro, por su parte, en su “Historia de los judíos de España”, cita una interesante carta apócrifa del rabinato de Constantinopla, en respuesta a otra de queja de los judíos de Sefarad, en la que se justificaría la infiltración del pueblo elegido en la profesión médica como instrumento de lucha contra el pueblo cristiano: “…. porque si os han profanado vuestras sinagogas, haced vuestros hijos clérigos y profanareis sus iglesias; si os han matado vuestros padres, haced vuestros hijos médicos y matareis los padres suyos…”

Como se ve, en la tan denostada Cristiandad tanto los gobernantes como el “sensus fidelium” entendían que no se podía confiar el cuidado de la salud física a cualquiera, y menos a alguien que no tenía ningún reparo en matar el alma, puesto que si era capaz de ello, destruir el cuerpo resultaba mucho menos complicado. En nuestras queridas democracias, en cambio, el pueblo está desprotegido ante los abusos de quien, habiendo envenenado el espíritu de las naciones, no se detendrá ahora en su destrucción física.

Un episodio curioso en el que tuvo que intervenir la Inquisición española, dos siglos después de la expulsión de los judíos, fue el de los médicos judaizantes de Llerena (Badajoz). Según lo que los historiadores adictos a la leyenda negra califican como fábulas, los médicos judíos mataban al pueblo cristiano usando una “uña envenenada” o “quintaban”, es decir, exterminaban a una quinta parte de los pacientes cristianos.

Monumento a Maimónides en Córdoba

EL UTILITARISMO JUDÍO EN LA HALAJÁ

La ética judía, que sustituyó a la doctrina tradicional de la Cristiandad, consiste fundamentalmente en el utilitarismo racionalista. Prácticas como la usura, prohibidas por la ley del Evangelio, son hoy en día consideradas normales y beneficiosas para la comunidad en base a ese postulado ético utilitarista.

Con arreglo a esa consideración ética, que trata de proporcionar el mayor bienestar al mayor número de personas con la máxima utilidad material, la halajá admite que se privilegie el salvar a una persona que tiene más posibilidades de sobrevivir, no malgastando los recursos en otra cuyo final natural se presume cercano. Todo esto encaja perfectamente con los “protocolos” aplicados durante esta supuesta “emergencia sanitaria”.

El Talmud recoge las disquisiciones de los rabinos sobre el tema de quién tiene prioridad en el uso de un pozo de agua del desierto en el caso de que la vida de dos poblaciones cercanas dependan de esa única fuente. Y llega a concluirse que el derecho al uso del agua recae sobre los propietarios, cuya higiene por medio de esa agua está por encima incluso de la vida de los otros pobladores. Asimismo, en el caso de dos personas sedientas, cuya vida depende del agua de una única cantimplora, el dueño de ésta está facultado para beberla en exclusiva, aunque sin el deber de hacerlo y pudiendo renunciar a ello por propia iniciativa para salvar a su “prójimo”.

En el contexto actual está claro que se trata imponer a la población mundial, por parte del sanedrín de médicos, los siguientes postulados derivados de esa ética utilitarista y maltusiana:

– vivimos una situación de emergencia y excepcionalidad por un supuesto virus.

– los recursos médicos y sanitarios para hacer frente a esa emergencia son limitados y hay que asignarlos y distribuirlos correctamente.

– ello exige clasificar a los seres humanos según aspectos cualitativos (qué vidas son mejores) y cuantitativos (cuánto tiempo se presume que vivirán). La respuesta halájica a esta situación es que los recursos escasos han de ser asignados a los pacientes con mayor probabilidad de sobrevivir.

SUPERVIVIENTES DE HOLOCAUSTOS Y EPIDEMIAS

Egregios representantes de la intelectualidad hebrea han proclamado que la “pandemia” del coronavirus cambiará irreversiblemente el mundo. De hecho, con frecuencia citan el ejemplo de la peste negra, preludio de la caída de Constantinopla y la modernidad, catalizador que precipitó el ocaso de la Cristiandad Europea desatando guerras de religión, y motor de un giro copernicano de la mentalidad tradicional hacia el mercantilismo y la usura, es decir, un nuevo paradigma en el que era posible la emancipación social del judío.

Los conspicuos voceros del supremacismo del pueblo elegido se jactan de que todas las medidas implementadas para contener el coronavirus ya habían sido puestas en práctica por los judíos en respuesta a otras epidemias y ello les habría permitido sobrevivir.

La estricta doctrina rabínica sobre la impureza dispone que las manos han de ser consideradas impuras, aunque uno no sea consciente de haber tocado algo impuro, y por ello se hace necesario el lavarlas permanentemente.

Las impurezas o la orden de mantener cuarentena eran declaradas por los sacerdotes, como queda consignado en el talmud (Tratado de Megila 8b): “La diferencia entre un leproso en cuarentena, es decir, uno examinado por un sacerdote que encontró que sus síntomas no son concluyentes y que, por lo tanto, debe permanecer aislado durante un período de hasta dos semanas de espera para ver si se desarrollan síntomas concluyentes; y un leproso confirmado, es decir , uno cuyos síntomas fueron concluyentes y el sacerdote lo declaró leproso absoluto, es solo con respecto a dejar el cabello en la cabeza de uno crecer salvaje y desgarrador la ropa de uno.” El libro del Levítico también habla sobre los casos en los que el sacerdote examina casos de infecciones y decreta su aislamiento: “Mas si hay en la piel de su carne una mancha blanca sin que parezca más hundida que la piel, y sin que el pelo se haya vuelto blanco, el sacerdote recluirá al hombre afectado durante siete días. Al día séptimo lo revisará el sacerdote, y si a su parecer la llaga no ha cundido y no ha hecho progreso en la piel, lo recluirá otros siete días.”

RABINOS Y VACUNAS

Cuando la necesidad y la eficacia de las “vacunas” contra el covid, aplicando el sentido común, es más que dudosa, sorprende el respaldo que tiene la vacunación por parte de las autoridades rabínicas.

Un edicto religioso que lleva el respaldo del rabino Dr. Avraham Steinberg, experto de renombre mundial en Halajá y Medicina, miembro de la Asesoría Científica Comité de Eretz Hemdah, reconocido como autoridad en los temas de la Ética Médica, además de neurólogo pediátrico, rabino y editor de literatura talmúdica, establece que la acción de vacunar tiene privilegio de rango incluso para violar el shabbat, ya que con ello se salvarían vidas de acuerdo al mandamiento «No atentarás contra la vida de tu prójimo» enunciado en el Levítico 19: 16.

Entre sus funciones, el Dr. Steinberg es Director de la Unidad de Ética Médica del Centro Médico Shaarey Tzedek, en Jerusalén, y copresidente del Consejo Nacional de Bioética de Israel. En 1999 ganó el Premio Israel de literatura rabínica original por su Enciclopedia Hiljatit Refuit, la Enciclopedia de la Ética Médica Judía, en hebreo, de 7 volúmenes, el libro de texto más completo jamás compilado sobre este tema.

Entre las comunidades jaredíes de Estados Unidos, también los más reputados rabinos respaldan la vacunación obligatoria, como, por ejemplo, el Rabino Dr. Aharón Glatt, jefe de enfermedades infecciosas y epidemiólogo del hospital Monte Sinaí en Long Island y rabino asistente de Young Israel de Woodmere, quien lo expresó del siguiente modo: “Imaginen que los padres insistieran en que sus hijos fueran a la escuela armados con revólveres. ¿Acaso el más ardiente defensor del derecho a portar armas los defendería? ¡Por supuesto que no! Entonces, ¿por qué deberíamos permitir que asistan niños a nuestras escuelas, sinagogas y campamentos y propaguen enfermedades potencialmente letales que pueden prevenirse con la vacunación?”

La ley judía ordena seguir la opinión mayoritaria y sobre todo “no separarse de la comunidad”. Así lo expresó el Rebe de la secta jasídica de Jabad, Menajem Mendel Schneerson, en respuesta a unas cartas en las que padres expresaban dudas sobre la vacunación de sus hijos: Es con respecto a temas como este que se aplica el axioma “No te apartes de la comunidad”. Usted debería actuar de acuerdo a lo que hacen (los padres) de la mayoría de los niños que están en la clase de sus hijos…

Quizás lo más interesante sea recabar la opinión del doctor Fishel Szlajen, miembro titular de la Pontificia Academia para la Vida, y seleccionado por Bergoglio para ser el primer rabino para formar parte de este prestigioso organismo. En un artículo publicado por Infobae, este rabino diserta sobre la obligatoriedad de la vacuna y llega a las siguientes conclusiones, invocando la autoridad de Maimónides y las doctrinas contenidas en la literatura talmúdica:

– no es suficiente ocuparse de los problemas de salud a medida que surgen, sino el deber de tomar precauciones evitando el peligro.

– el Talmud permite que un individuo enfermo con un pronóstico de vida muy limitado, arriesgue el tiempo que le queda recibiendo un tratamiento que podría salvarle la vida, pero eventualmente también matarlo.

– dado que vacunarse cuando existe un alto riesgo de contraer una enfermedad es conceptualmente similar a huir de una pandemia, resulta entonces desde la Halajá la obligación de vacunarse.

Conclusiones similares pueden hallarse consultando otras publicaciones judaicas, en las que fervorosamente se preconiza la vacunación obligatoria y se ensalza a los héroes de este hito de la ciencia, en particular al sefardita Albert Burla, lamentándose de que muchos otros genios en potencia se malograran en el Holocausto.

EXPERTOS EN PLAGAS: QUÉDATE EN CASA PARA QUE LA RUINA SEA MAYOR

Otra cuestión que ha conmocionado a las poblaciones habituadas a los excesos de libertad que ofrecen las democracias, ha sido el afán por encerrar a la gente en sus casas, convertidas en prisiones por presuntos motivos sanitarios, con las consecuencias que todo ello ha tenido en las economías nacionales, hundiendo negocios, aumentando el desempleo y postrando a las naciones con la necesidad del endeudamiento.

La prensa propagandista del judaísmo se jacta de la aplicación de estas medidas como confirmación del supremacismo talmudista, dado que estas cuarentenas y confinamientos ya han sido aplicados en la historia del pueblo elegido.

Sin duda, el episodio más célebre de un confinamiento lo tenemos en el relato del éxodo sobre la plaga de los primogénitos en el que Moisés ordena a los judíos: “… y nadie de vosotros salga de la puerta de su casa hasta la mañana.”

Al respecto de este versículo del Éxodo, el Talmud propone la siguiente reflexión: “Si la plaga no fue decretada sobre el pueblo judío, ¿por qué no se les permitió abandonar sus hogares? Una vez que se le otorga al destructor permiso para matar, no distingue entre el justo y el malvado. Y no solo eso, sino que comienza con los justos primero, como se indica en el versículo: «Y cortará de ti al justo y al malvado» (Ezequiel 21: 4), donde la mención de los justos precede a los malvados”.

Esto podría explicar las aparentes tribulaciones que están aconteciendo en el estado sionista con la vacunación y la muerte de insignes rabinos, supuestamente por coronavirus: «Los justos son quitados a causa del mal que está por venir» (Isaías 57: 1), para que no tenga que soportar el sufrimiento que sufrirá la gente.

Asimismo, queda clara la intención de perjudicar a los gentiles con la orden de no salir de casa porque el propio libro del Zohar recoge la enseñanza de que la décima plaga tuvo lugar de noche, cuando los egipcios se encontraban en sus casas, porque de esa forma el daño fue mayor y así “…. no había casa donde no hubiese un muerto.” Lo que fue muerte para unos resultó la salvación para los otros, y el destructor saltó sobre las casas de los judíos. Los paganos, estando en sus casas perecieron, mientras que los judíos sólo tuvieron que esperar a que aquel terminara su trabajo como lo explican estos versículos de Isaías: “Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tus puertas tras de ti; escóndete por un breve instante hasta que pase la ira.”

El lema “quédate en casa”, repetido machaconamente por la propaganda mundialista, y asumido gregariamente como un acto de solidaridad, ha supuesto el suicidio colectivo de una sociedad que ya vivía en el mundo de las mentiras, un mundo nominalista e idealista en el que el mero hecho de dictar leyes parecía convertir en realidad las ideas que aquellas escondían tras de sí.

EL ABORTO Y LA HALAJÁ

Al igual que esta “pandemia” se hace pasar por un asunto estrictamente sanitario, el infanticidio perpetrado a manos de los matasanos, se presenta a las masas hambrientas de progresismo como una cuestión de “salud sexual y reproductiva” y “derechos de la mujer”.

Veamos, pues, lo que dice la halajá en torno a esta cuestión. Como siempre ocurre, la ley oral o talmud, recoge las opiniones de diversas autoridades rabínicas a este respecto. Empero, la conclusión general es que el embrión o feto no es considerado persona, y que el aborto “terapéutico”, encaminado a salvaguardar la vida de la madre está absolutamente permitido.

Nadie como el rabino de cabecera de Bergoglio para aclarar esta cuestión. En efecto, el doctor Fishel Szlajen, al abordar el tema, especifica que, según la halajá, hasta el cuadragésimo día de la gestación ni siquiera se reconoce el hecho del embarazo. Desde ese momento, el feto o embrión continúa su desarrollo como no persona y sólo alcanza la condición de tal cuando la cabeza del bebé emerge en un parto natural o bien la mayor parte del cuerpo si se practica cesárea. No obstante, sólo el hecho de ser un nacimiento saludable le otorga el rango de persona de pleno derecho, puesto que de lo contrario habría que esperar treinta días más para considerarlo ser humano viable.

La rabina y legisladora en la cámara de diputados de Argentina, Graciela Grynberg, henchida de feminismo judaico y responsable de la despenalización del aborto en este país, insiste en que: “de acuerdo con el Talmud, el feto es un muslo dentro de la madre, es una extremidad, no es autónomo, es parte del cuerpo de la madre”. Asimismo, esta rabina destaca el carácter casuístico y relativista de la ética judaica puesto que “el judaísmo no representa una sola voz, sino muchas a lo largo de la historia, y que la postura fue cambiando de acuerdo con las circunstancias, con los rabinos y las necesidades, y por ello, no hay una única respuesta”.

Bergoglio saluda al rabino Szlaje, en presencia del homosexualista Paglia

CONCLUSIÓN

Comenzamos esta serie de artículos sobre la era mesiánica haciendo referencia a la corona de la Torá adornada con las 620 piedras preciosas que son los 620 decretos del pentateuco, de los cuales 7 son los preceptos de Noé.

En hebreo, la palabra que se utiliza para designar el arca que Noé construyó para salvarse del diluvio es la misma que se aplica al canasto en el que la madre de Moisés lo depositó cuando era un bebé, antes de abandonarlo en las aguas del Nilo.

Noé prefigura al legislador Moisés y opera por orden de Yahveh la primera corrección del mundo en la que el ángel de la muerte, en forma de inundación, barrió el mal de la tierra mientras Noé y su familia se confinaban en el interior del arca. La palabra hebrea para arca es también la misma que significa palabra.

La era mesiánica como predominio de la ley mosaica se inaugura con una serie de rectificaciones en las que los malvados serán exterminados mientras los observantes de la palabra se encuentran a salvo del mal, escondidos en el arca en tanto el destructor realiza su trabajo.

La medicina como instrumento bajo control del pueblo elegido, y sometida a las prescripciones mosaicas y talmúdicas, se revela muy útil para controlar a las naciones invocando su propio bien.

De todo lo expuesto, el lector puede colegir que todas las orientaciones de la medicina actual tienden a alinearse con lo que prescriben las deliberaciones rabínicas, y esto no es casual. Habiendo judaizado la teología, la más eminente de las ciencias, habiendo inficionado el alma, no resulta extraño que la judaización penetre hasta el tuétano en las demás disciplinas humanas. Ya ocurrió en la economía con la aceptación de la usura, que tanta ruina ha sembrado en los pueblos, esclavizados por deudas impagables.

El esclarecedor libro de Ploncard D’Assac, “La Iglesia ocupada”, explica esto magistralmente al referirse al sistema marxista como una teología invertida: “Así como en la Edad Media no se concebía más que una filosofía cristiana, unas matemáticas cristianas, una medicina cristiana y un amor cristiano, allí donde son aplicadas las reglas de la nueva sociedad, en la mitad del planeta, no existe exclusivamente más que una filosofía marxista, una literatura marxista, una moral marxista y un ejército marxista (…) Así como antes no existía rama de la actividad humana sin la opinión y la aprobación de la religión, no existe en la sociedad marxista ninguna especie de actividad que no esté controlada y dirigida por la idea central marxista. La sociedad que ha surgido en octubre de 1917 es una continuación de la Edad Media en la que Dios falta y el equipo técnico sobra. El resto es exactamente igual, idéntico”.

En realidad, el equipo técnico de toda esta farsa no hace más que de pantalla para que tras ella puedan tener lugar las deliberaciones rabínicas de las que emanen las consignas e instrucciones que luego se harán obligatorias, justificadas como decisiones técnicas.

La jurisdicción universal del Sanedrín de la era mesiánica ya emite la nueva luz que ilumina a las naciones y de la que Lucifer es el portador.