Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús -Día 9

Padre Juan del Corazón de Jesús Dehon: Coronas de amor al Sagrado Corazón

Extraídas del libro

“CORONAS DE AMOR AL SAGRADO CORAZÓN”

del Reverendo Padre Juan del Corazón de Jesús (León Gustavo Dehon),

Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.

Día 9

SEGUNDO MISTERIO: VIDA DE SILENCIO Y DE ORACIÓN

TERCERA MEDITACIÓN: De la vida escondida del Corazón Eucarístico De Jesús

¡Cómo ama la vida escondida el Sagrado Corazón de Jesús! La practicó en Nazaret durante cerca de treinta años. Hoy, la prolonga en la santa Eucaristía hasta la consumación de los siglos.

1. La vida escondida de Jesús en la Eucaristía

En Nazaret, su divinidad se escondía bajo la naturaleza de un encantador, pero pobre niño, llevando la vida de un artesano, obediente a todos los que tenían autoridad sobre Él, sobre todo a María y a José, lleno de dulzura, de humildad y de simplicidad.

Aquí, no solo la divinidad, sino también la humanidad santa y gloriosa desaparecen bajo los velos frágiles de pan y de vino; para esconderse, multiplica los milagros para aniquilarse tanto como es posible hacerlo. No produce, por lo tanto, nada de grande, nada de glorioso en apariencia. Se esconde bajo un átomo, parece inmóvil y absolutamente dependiente del sacerdote. ¡Oh prodigio! La palabra sacramental hace descender del cielo al Rey de la gloria; obedece a la voz de su criatura; se deja llevar por donde se quiera, no rehúsa ni siquiera descender a los corazones impuros; no quiere que públicamente sea rehusada la comunión al pecador mal dispuesto que la pide; su Corazón tierno y delicado temería comprometer la reputación de este miserable. Para Él, todo lo que sea gloria exterior y honra no cuenta para nada. Consiente que las especies sacramentales sean muchas veces tratadas sin respeto por sacerdotes tibios o indiferentes, o que sean pisadas por los pies de los impíos o de los animales. No sufre, es verdad; su estado glorioso lo preserva de ello. Pero, en fin, estas culpables irreverencias no son, por eso, un crimen horroroso que Él antes no las haya llorado con lágrimas de sangre. En una palabra, la vida escondida eucarística puede resumirse así: aniquilamiento absoluto y dependencia total de los hombres en todo lo que toca al Sacramento.

Pero, como dice S. Tomás, bajo estas apariencias frágiles, se esconde todo lo que hay de más bello, de mayor y de más excelente: “Latent res eximiae”. Bajo esta apariencia de un pedazo de pan o de una gota de vino, está el Corazón Sagrado de Jesús, está el propio Dios, está la humanidad santa del Salvador.

Y el Corazón eucarístico de Jesús acepta con alegría esta vida escondida; hace de él sus delicias: raramente, muy raramente incluso, glorifica las especies sacramentales con prodigios. El prodigio, por excelencia, es este Dios que, así, se esconde. También el profeta exclama: “¡Sí, verdaderamente, eres un Dios escondido! Vere tu es Deus absconditus!”. El Sagrado Corazón de Jesús gobierna la Iglesia desde el fondo de su Tabernáculo, pero gobierna de un modo escondido; quiere también gobernar y atraer nuestros corazones por los dulces encantos de su vida eucarística.

II. Imitemos esta vida escondida

Seamos, también nosotros, especies. Nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra vida exterior, nuestra vida espiritual, todo esto debe ser recubierto por el Corazón de Jesús.

Nuestra vida debe ser, como la suya, enteramente dependiente de la voluntad de nuestros superiores. Debemos dejarnos manejar como la Hostia Santa por sus manos y por su voluntad. El despego, la humildad, la pobreza, la simplicidad, la huida de todo lo que sabe a esplendor, o la preocupación de sí mismo, la abstención de todas estas manifestaciones en las cuales se deleita el amor propio, tales deben ser los velos que deben esconder nuestro corazón a los hombres para solo revelar al Sagrado Corazón de Jesús.

Cuanto más el Corazón eucarístico se esconde al mundo, más se aproxima a Dios; se pierde en el seno de la divinidad y por eso se oculta a todo lo que es creado. Así también debemos hacer nosotros; perdidos en el Sagrado Corazón de Jesús, no nos debemos dejar distraer por aquello que nos envuelve.

III. Las obras eucarísticas

Al terminar esta contemplación sobre la vida escondida del Sagrado Corazón de Jesús en la Eucaristía, digamos una palabra sobre las obras eucarísticas. Unas son puramente interiores, imitan el estado solitario y escondido de este Divino Corazón; otras son exteriores, hablan del respeto al culto que debemos al Santísimo Sacramento, las observancias litúrgicas, la pompa con que rodeamos el Corazón de nuestro Maestro y Hermano. En esto, la regla es hacer todo lo que se puede: “Nunca haremos bastante”, dice Sto. Tomás.

Debemos, por otra parte, destacar por nuestras adoraciones profundas el estado tan humilde en el cual el Sagrado Corazón de Jesús se quiere sepultar por nosotros; fue para proporcionarle este triunfo para lo que fueron instituidas las procesiones. Pero hay aquí un peligro que podemos correr, el de olvidar al Sagrado Corazón de Jesús para no pensar sino en nosotros mismos y en nuestro amor propio. Es lo que Catalina Emmerich señala muy a propósito: “En muchas Iglesias, dice, substituían la incomparable belleza de la arquitectura y de las ceremonias por una pompa teatral”.

¿Será, de hecho, por el Sagrado Corazón de Jesús que se dan, a veces, en el santo templo conciertos absolutamente profanos?

Pero lo que agrada a este Dios escondido en su tabernáculo es que estemos vigilantes respecto a la limpieza de las vestiduras sagradas y los manteles del altar; lo que toca el Cuerpo del Señor debería ser brillante de blancura; es que la lámpara esté siempre encendida y alimentada con aceite puro de oliva; es que el santuario sea mantenido en una gran limpieza y que inspire devoción. Todas las negligencias en esta materia confinan con el sacrilegio.

En fin, están las obras eucarísticas apostólicas. Son todas aquellas por las cuales se procura inspirar en los fieles un gran amor por este divino Sacramento. En primera línea, nosotros colocamos la devoción a la comunión frecuente. El Infierno hace todo por destruirla entre nosotros; debemos restablecerla y volverla tan fervorosa en cuanto sea posible.

Después, vienen las adoraciones públicas del divino Sacramento; son, al mismo tiempo, un homenaje prestado al Sagrado Corazón eucarístico de Jesús y un acto de reparación solemne. Es una de las prácticas más consoladoras de la devoción al Sagrado Corazón.

La obra del Santo Viático es también preciosa y debe ser animada fuertemente por los misioneros.

Los maestros deben ejercer sobre los niños que dirigen, una acción incesante a fin de llevar al Corazón de Jesús en la Eucaristía sa us pequeños corazones simples e inocentes.

Son tales almas las que este divino Corazón gusta ver reunidas en torno suyo.

En cuanto a los discursos pomposos que hacen olvidar al Sagrado Corazón de Jesús para hacer honrar al orador, lo mismo que los libros desprovistos de espíritu interior que hacen de la augusta Eucaristía una ocasión de publicidad, lo mismo que las reuniones mundanas, a un título o a otro, en la santa Iglesia de Jesús, eso no son obras eucarísticas, sino, antes, obras diabólicas de las cuales debemos tener cautela y contra las cuales es preciso prevenir a los fieles. Tristemente, sería necesario llorarlas y no ultrajar con nuestro orgullo el Corazón de un Dios escondido.

Resolución.- Buen Maestro, te tengo demasiado olvidado y también agitado. Quiero cambiar mi vida interior, calmada y bien unida contigo.